La clave está en el mapa.

Muro que separa Estados Unidos de México. JEROME SESSINI MAGNUM PHOTOS

Autor: TIM MARSHALL, 

Fuente: El País.

Existen muchos factores que influyen de manera decisiva en las decisiones que toman los dirigentes de cada país. Y el factor más olvidado es la geografía. Tratar de entender los conflictos sin un mapa y una explicación geográfica es casi imposible.

Las palabras pueden decirnos qué ha pasado; el mapa nos ayuda a comprender por qué. Los ríos, montañas, desiertos, islas y mares son factores determinantes en la historia… Los líderes, las ideas y la economía son cruciales. Pero son temporales, y el macizo del Hindú Kush los sobrevivirá a todos. Esta teoría no es nueva, pero pocas veces se explica con el detalle que merece.

Empecé a reflexionar sobre este tema cuando trabajé como periodista en la guerra de Bosnia, en los años noventa. Una vez estaba en una colina observando un pueblo en llamas, y pregunté a quienes habían provocado el incendio por qué lo habían hecho. Los pistoleros respondieron que, si quemaban el pueblo, sus habitantes huirían al siguiente, y luego a la población de más allá, y eso les permitiría a ellos avanzar por el valle hacia la carretera a la que querían llegar por razones estratégicas. A partir de entonces, traté de no emplear el término “violencia sin sentido”. En esas situaciones tan terribles, la violencia suele guiarse por una lógica fría, dura y brutal.

Un ejemplo más reciente es el de Siria. La historia nos dice que la tribu alauí, la minoría a la que pertenece el presidente El Asad, procede de la región montañosa sobre la costa. Pues bien, si miramos el mapa y ciertos lugares en los que se han producido combates, es evidente que el bando de El Asad ha querido asegurarse la ruta que une Damasco con la costa por si tenía que refugiarse en la zona en la que se encuentran sus raíces históricas.

El Asad ha querido asegurarse la ruta que une Damasco con la costa por si tenía que refugiarse

Los otomanos dividieron lo que hoy es Irak en tres áreas administrativas: Mosul, Bagdad y Basora. Después, los británicos unieron las tres en una sola, una imposibilidad lógica que los cristianos quizá resuelven recurriendo a la Santísima Trinidad, pero que, en Irak, ha desembocado en un caos muy poco santo y más bien nefasto, porque hoy los kurdos, los suníes y los chiíes se disputan el control de las regiones.

Dos osos polares sobre una placa de hielo en Spitsbergen (Noruega).
Dos osos polares sobre una placa de hielo en Spitsbergen (Noruega). ALAMY STOCK PHOTO

  

Rusia ofrece dos buenos ejemplos de la influencia de la geografía. Ha sufrido numerosas invasiones llegadas de las llanuras del norte de Europa, y por eso sus gobernantes han tratado de dominar la región para que les sirva de parachoques frente a nuevas incursiones.

En Rusia, la mayoría de los puertos se congelan en invierno. Por consiguiente, Sebastopol, en el mar Negro, tiene una importancia crucial. Cuando Ucrania “se pasó” a la esfera de influencia de la OTAN, Putin pensó que la geografía no le dejaba otra opción que invadir el país. Si dejamos aparte el aspecto moral, suele ser más fácil comprender un acontecimiento. No defiendo que haya que olvidar la ética en los asuntos humanos, solo subrayo que, como dijo el escritor especializado en geopolítica Nicholas Spykman, “la geografía no discute; se limita a ser”.

La realidad geográfica del continente norteamericano explica los vínculos comerciales

Lo que quería decir Spykman era que, para comprender mejor el mundo, debemos verlo, no como queremos que sea, sino tal y como es. La geografía nos ayuda a ello, y, una vez que lo hemos logrado, podemos saber mejor cómo cambiarlo. Por eso debemos empezar con un mapa; todo lo demás viene después.

Cientos de emigrantes procedentes de Libia son rescatados en el Mediterráneo por la ONG Proactiva Open Arms.
Cientos de emigrantes procedentes de Libia son rescatados en el Mediterráneo por la ONG Proactiva Open Arms. AFP

¿Cuál es el tamaño de un país concreto? ¿Qué recursos naturales tiene? ¿Cuántos habitantes tiene? ¿Hay defensas naturales, por ejemplo montañas, o es vulnerable porque su frontera está en terreno llano?

Una vez que hemos averiguado todo esto, debemos añadir la historia para comprender mejor la psicología del país, y de ahí pasamos a la política. Y después llegamos a las personas.

Como sostuvo el experto en geopolítica Nicholas Skypman, hay que ver el mundo no como queremos, sino tal como es

En las relaciones internacionales existe un dicho: “Estados Unidos tiene unos intereses y unos presidentes. Los presidentes cambian; los intereses, no”. En el fondo, esta frase está hablando de la geopolítica y la geografía. Un ejemplo actual es Donald Trump. El presidente, como muchos otros de sus predecesores, llegó al poder diciendo que iba a mantener a EE UU al margen de los líos en el extranjero, pero las realidades de la geografía ya le han arrastrado a todo lo contrario. EE UU no quiere que Rusia domine Europa; por eso Trump ya ha empezado a enfrentarse a Moscú. La geografía del continente norteamericano explica cómo y por qué los vínculos comerciales entre Moscú, Canadá y EE UU son los que son; Trump ha descubierto que no puede cambiar esa geografía y ya está suavizando su postura sobre el Tratado de Libre Comercio.

Un niño recorre en bicicleta las ruinas de la ciudad de Douma en Siria. 
Un niño recorre en bicicleta las ruinas de la ciudad de Douma en Siria.  BASSAN KABIEH REUTERS

 

La geografía y la historia son también las que hacen que EE UU se implique en la situación de Corea del Norte. Los estadounidenses tienen en Corea del Sur unas estructuras que albergan a 28.000 soldados norteamericanos, todos ellos al alcance del ejército del Norte. La tecnología puede doblar los barrotes de la prisión de la geografía, pero no romperlos. La tecnología ha permitido a Corea del Norte desarrollar unas armas de artillería convencional y situarlas en las colinas que dominan la zona desmilitarizada, desde donde podrían llegar a Seúl. Esa distancia, 56 kilómetros, es un factor relevante para cualquier decisión política y militar que tomen Corea del Norte, Corea del Sur y EE UU.

Las personas son fundamentales, sin duda. Da la impresión de que el presidente Trump está más dispuesto a emplear la fuerza militar que su predecesor, y ese es un dato que todo el mundo tiene en cuenta, pero que no resta importancia a los factores geográficos, también necesarios a la hora de tomar decisiones.

A veces me preguntan si los misiles balísticos intercontinentales (ICBM, por sus siglas en inglés) han roto los barrotes de la prisión geográfica. Yo respondo que no, lo único que han hecho es cambiar las ecuaciones. Lo que tienen que hacer ahora los vecinos de Corea del Norte y los estadounidenses es descubrir el alcance de los ICBM y buscar en el mapa hasta dónde pueden llegar. Las decisiones siguen dependiendo, en parte, de la geografía.

No es que los infinitos artículos sobre el carácter de Trump, Putin, Duterte y otros carezcan de sentido; de hecho, forman parte de nuestro discurso público. Pero, si no estudiamos el mapa, no podremos comprender por completo el entorno estructural en el que actúan esos personajes.

En definitiva, para entender como es debido los motivos de una situación, es necesario interpretar la política, conocer la historia, examinar las estadísticas y mirar el mapa. Sin esto último, es posible que se nos escapen las obviedades. Ya lo dijo el gran escritor británico George Orwell: “Para ver lo que tenemos delante de nuestros ojos hay que hacer un esfuerzo permanente”.

Tim Marshall, veterano corresponsal de guerra británico, es autor de ‘Prisioneros de la geografía’ (Península) y fundador de la web informativa TheWhatAndTheWhy.com

¿Cuáles son los 3 principales desafíos de la UE para la próxima década?

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Foto vía enhacke.com
Autora: Estefanía Anticone.
Fuente: UnitedExplanations, 19/04/2018
La Unión Europea tiene muchos desafíos que enfrentar, y algunos de ellos salieron a la luz durante la conmemoración del 60º aniversario de los Tratados de Roma. La reunión de jefes de Estado de la UE puso sobre la mesa los problemas más graves e inmediatos: ciberseguridad, crisis de refugiados, y brecha digital.

El pasado 25 de marzo del 2017, los jefes de Estado de la Unión Europea se reunieron en conmemoración de la celebración del 60º aniversario de los Tratados de Roma.Este encuentro representó una ventana de oportunidad para el ejercicio de reflexión sobre el estado de la Unión Europea y, con ello, la construcción de una visión conjunta para los años venideros, contemplando los principales desafíos que se despliegan para el periodo 2020.

El desarrollo de un evento de esta naturaleza fue relevante para identificar que conforme la Unión Europea se posiciona como actor global, es indispensable la toma en cuenta de retos y oportunidades que ofrecen el contexto internacional, el contexto interno y los valores que condicionan el proyecto de integración en el horizonte de 2020 (Arteaga y Palomares 2010:54). Ante ello, es conveniente observar el panorama político global actual, conformado por una miscelánea de acontecimientos, tales como el despliegue de conflictos interestatales y, de forma paralela, aquellos relacionados con la proliferación nuclear, ciberseguridad, migraciones masivas, cambio climático y desastres naturales. A todos ellos se le suma la responsabilidad de la Unión Europea sobre la ocupación de problemáticas globales como la pobreza, desigualdad, inseguridad ciudadana y crisis alimentaria acontecidas en la sociedad internacional. Bajo este panorama, la continuación de una cooperación comunitaria singular resultará imprescindible (2010:55).

En el presente artículo analizamos tres de los principales desafíos de la Unión Europea en el periodo post 2020: Los ciberataques como factor crítico en la seguridad de la UE, la crisis de refugiados, y los desequilibrios entre las zonas rurales y urbanas. El afrontar retos de tal magnitud no solo representará una clara afectación en el presupuesto previsto para el periodo 2020 sino que conllevará de forma simultánea la elaboración de estrategias de los Estados miembros de la UE para contrarrestar sus impactos.

La ciberseguridad

Desde finales del siglo XX, la sociedad se ha visto expuesta a una transformación única en la historia de la humanidad debido a la irrupción de Internet; ésta ha supuesto una revolución que ha transformado las relaciones entre los individuos, actores estatales y comerciales, facilitando la interacción e intercambio de ideas con una libertad y rapidez como jamás había sido posible (Gazapo y Machin 2016:10). Ante ello, es innegable reconocer los múltiples beneficios que el desarrollo de la actividad cibernética ha tenido sobre nuestra sociedad; sin embargo, es claro afirmar que un fenómeno como este conduciría de forma paralela a lo que quizás representa para el día de hoy el talón de Aquiles de la UE: los ciberataques (Machín y Gazapo 2010:16).

Una mirada a los datos estadísticos provenientes de la Comisión Europea da cuenta del acelerado ascenso de los problemas de ciberseguridad a los que se ha visto abocada la Unión Europea. Bajo esta línea se distingue un aumento del 38% de los incidentes de seguridad en todos los sectores desde el año 2015 y, junto a ello, un 86% de ciudadanos europeos que perciben que la ciberdelincuencia va en ascenso. Asimismo, el crecimiento de un fenómeno como este ha estado ejemplificado en casos como Wikileaks y Anonymous, quienes han ejecutado recientemente ciberataques dirigidos a la consecución de una denegación de servicio, la destrucción de datos, o la publicación de información confidencial a modo de protesta o en contra de determinados gobiernos (Consejo de la Unión Europea 2017:3)  Con el desarrollo de acciones como estas se calcula que los ataques informáticos cuestan a la economía mundial unos 400.000 millones de euros cada año (2017:3)

Bajo esta coyuntura, el Consejo Europeo solicitó la adopción inmediata de un planteamiento común de la ciberseguridad en la UE tras el conjunto de las medidas de reforma propuesto por la Comisión Europea en septiembre de 2017. Esta reforma tiene como propósito la aplicación de medidas de la Estrategia de Ciberseguridad y su pilar fundamental, la Directiva sobre Seguridad de las Redes y Sistemas de Información. Entre las principales iniciativas de la misma se despliegan la creación de una agencia de ciberseguridad de la Unión Europea, la introducción de un régimen de certificación de la ciberseguridad a escala de la UE y la rápida aplicación de la Directiva Seguridad de las Redes e Información (2017:4). Asimismo, en aras de desarrollar capacidades de ciberdefensa más sólidas, la UE y la OTAN fomentarán de forma conjunta la cooperación en materia de investigación e innovación con el objetivo de crear una plataforma de formación y educación en esta materia (Comisión Europea 2017:1).

La implementación de medidas como estas resultará relevante para la reducción del nivel de afectación de los sistemas informáticos, los cuales tienen el riesgo de verse gravemente afectados por incidentes de seguridad como fallos técnicos y virus, los cuales resultan un tipo de incidentes que cada vez más son difíciles de atajar. Finalmente, con declaraciones como las de Andrus Ansip, vicepresidente responsable del Mercado Único Digital, será posible percibir que la unión de fuerzas entre los Estados miembros de la UE representa la mejor estrategia ante un combate contra los ciberataques mediante la adopción de medidas que logren erradicarlos:

Ningún país puede hacer frente, por sí solo, a los retos de la seguridad. Nuestras iniciativas refuerzan la cooperación de forma que los Estados miembros de la UE puedan acometer juntos estos desafíos. Proponemos también nuevas medidas que potencien la innovación y fomenten la «ciberhigiene” (2017:2)

La crisis de los refugiados

En los últimos dos años, el continente europeo ha experimentado el mayor número de desplazamientos masivo de personas desde la Segunda Guerra Mundial. Mas de un millón de refugiados han llegado a la Unión Europea, la gran parte de ellos escapando de conflictos bélicos efectuados en su país, los cuales ponían en riesgo su vida (Dirección General de Migración y Asuntos del Exterior 2016: 1). Bajo este contexto, la UE implementó una serie de medidas para hacer frente la crisis, entre las cuales se incluyen el tratar de resolver las causas profundas de las mismas al igual que brindar ayuda a aquellas personas necesitadas de asistencia humanitaria.

Un acontecimiento de esta naturaleza ha dado inicio a una serie de debates entre jefes de Estado que discuten la apertura o restricción de inmigrantes dentro de sus fronteras, las políticas que rigen dentro de su jurisdicción y las condiciones que proveen a la gran mayoría de los refugiados conforme a que estos logren una integración multidimensional dentro de su Estado receptor.

Las respuestas de la Unión Europea ante crisis de una magnitud tan alta se han dado de manera veloz y han tenido un enfoque cortoplacista, orientado a la satisfacción de las necesidades básicas de los inmigrantes. En ese sentido, la UE ha destinado más de 10.000 millones de euros del presupuesto de la UE para hacer frente a las crisis de los refugiados.

Refugiados atrapados en la frontera greco-turca [Foto vía National Geographic].

De este modo, desde mayo del 2016 vemos a una UE dedicada a financiar proyectos para hacer frente las necesidades humanitarias más urgentes (2016:2). A pesar de ello, vemos que el esfuerzo por parte de gran cantidad de países de la Unión Europea, haciendo énfasis en el papel de los Estados de Bienestar, no ha sido del todo favorable, pues en muchos casos ha derivado en un sistema asistencialista de los refugiados, en el que la supervivencia de los mismos va a estar condicionada por el accionar del Estado europeo.

Bajo estas circunstancias resulta pertinente considerar la afirmación del filósofo Will Kymlicka, quien señala que los Estados multinacionales no podrán sobrevivir a menos que sus diversos grupos nacionales mantengan su lealtad a la comunidad política más amplia en la que están integrados y en la que cohabitan (1996:53). Tomando en cuenta ello, será necesario el replanteamiento de una política migratoria orientada a la integración multidimensional del migrante, que contemple la dimensión cultural y laboral del mismo frente al Estado receptor, lo que permitiría más tarde la coexistencia pacífica entre ciudadanos natales del país receptor y los ciudadanos inmigrantes.

La brecha digital en las zonas rurales

Durante las últimas décadas, los centros urbanos de los países europeos se han convertido en centros tecnológicos; ciudades donde la red de Internet es gratuita y donde además de ello las líneas de fibra óptica son ubicuas (Vanguardia 2017: 1). La presentación de un contexto como este va a contrastarse con los vecindarios de bajos recursos ubicados en el interior de los Estados junto con las comunidades rurales, siendo estos espacios en los que aún se perciben a grandes poblaciones que luchan una mejor calidad de vida. Ante la observación de una brecha existente entre las zonas rurales y urbanas de la región europea, la respuesta de la UE no se hizo esperar. De este modo, el Comité Europeo de las Regiones instó el 1 de diciembre del 2017 a que el futuro presupuesto para el periodo 2021-2027 aborde mejor los retos que enfrentan las Comunidades Europeas, resaltando entre ellos la brecha digital de las poblaciones rurales.

Los desequilibrios digitales a los que se han visto expuestos ciudadanos rurales fueron abordados el año pasado por el representante del condado ritual de Leitrim, quien señalo los desequilibrios locales a los que afrontan los habitantes de ese territorio:

“Nueve de cada diez hogares sin banda ancha fija están en zonas rurales y ese es solo un elemento en el desequilibrio de los servicios digitales para la gente que, como yo, vive en zonas rurales” (La Vanguardia 2017:3).

La situación de urgencia por parte de un accionar estatal frente a las condiciones de vida de las poblaciones rurales es clara cuando se ahonda igualmente en las consecuencias al largo plazo del desarrollo de un fenómeno como este, entre las cuales están el envejecimiento, la despoblación, la pérdida de empleos y la sobrepoblación dentro de las zonas urbanas. Para la prevención de acontecimientos como estos será necesario la introducción de iniciativas como el financiamiento de la UE de cursos de alfabetización digital destinados especialmente a las personas mayores, impulsando así iniciativas para fomentar el nivel de emprendimiento en estas zonas.

Iniciativas como estas llegaron a calar dentro de la agenda de la UE mediante la irrupción de las declaraciones de actores políticos como el Comisario Europeo de Agricultura y Desarrollo Rural, Phil Hogan, quien afirmo que las áreas rurales en Europa están peor atendidas que las urbanas cuando se trata de acceso a la banda ancha, siendo únicamente un 40% de los hogares rurales que gozan de acceso a Internet en comparación al 76% total de los hogares. Ante un contexto como este se implementó un paquete de medidas con acciones específicas que ha anunciado la Comisión Europea para fomentar el desarrollo en los territorios rurales. Entre las medidas más significativas estuvieron la configuración de oficinas de Competencia de Banda Ancha y el despliegue de misiones de banda ancha a los Estados Miembros. (Red Española de Desarrollo Rural 2017:1)

Finalmente, el reconocimiento de los principales retos de la Unión Europea permite darnos cuenta del rol relevante que mantiene la permanencia de la alianza y el trabajo en cooperación de países europeos conforme al logro de metas conjuntas diseñadas para el enfrentamiento de desafíos de una alta envergadura. Asimismo, vemos que el visualizar a una miscelánea de problemáticas confluyen rápidamente en la agenda de la UE podría dar paso a una futura fragmentación en el presupuesto de la misma, lo que posibilitaría más tarde recortes financieros para la resolución o tratamiento de ciertas problemáticas de la UE. En base a ello, resultara vital que dentro de la negociación de las próximas perspectivas financieras en 2019 se incremente el presupuesto de la UE conforme a que se pueda aportar mayor financiación para combatir sus problemas y desafíos actuales.

 A partir de todo ello, queda claro que los esfuerzos de los jefes de Estado de la UE deberán estar sumidos en aplicar el Programa de Roma, procurando entonces hacer de la Unión Europea una entidad segura, protegida, social, próspera y más fuerte dentro de la escena mundial.

Kim Jong-un lanza la “guerra de la reforestación”.

Norcoreanos participan en las tareas de reforestación ordenadas por Kim Jong-un. JAVIER ESPINOSA

AUTOR: JAVIER ESPINOSA

FUENTE: El Mundo. 26/05/2018

La norcoreana Ri Yu Kwang eligió un melocotonero. Según explica la joven, la opción de decidir el tipo de árbol es una decisión personal pero -como todo lo que pasa en Corea del Norte- “tenemos que ser asesorados por los especialistas del Partido, para ver si esa tipología se adapta al terreno”.

La muchacha eligió una pequeña colina al lado de su vivienda en Pyongyang y fue allí donde plantó el brote, del que se ocupa ahora cada viernes.

“Cada ciudadano de la DPRK (el nombre oficial de Corea del Norte) tiene laobligación de plantar un árbol y de cuidarlo para que no le pase nada. Le colocamos una etiqueta con el nombre de la familia para que todo el mundo sepa quién se encarga de él”, argumenta la guía turística.

“El medio ambiente es un asunto muy importante en este país”, añade.

La conversación con la funcionaria norcoreana se produjo hace algunas semanas durante el viaje de este periodista a Corea del Norte, en el cual pudo constatar cómo los recorridos por las carreteras que conectan la capital norcoreana, Pyongyang, con Kaesong, Nampo o Pyonsong están dominados por una imagen recurrente. La de tropeles interminables de aldeanos enfrascados en los laterales del camino replantando árboles, que acotan con círculos de piedras blanqueadas.

El magno esfuerzo forma parte de las órdenes dictadas por el propio líder del país,Kim Jong Un, para revertir el significativo daño que sufrió el medio ambiente norcoreano bajo la hambruna que enfrentó el país en la década de los 90, donde murieron cientos de miles de personas.

El contraste entre las montañas repletas de foresta que se observan del lado surcoreano y las colinas con apariencia de páramos que se aprecian en muchas área de la Zona Desmilitarizada que separa a las dos naciones han sido desde hace años un elemento de contraste evidente entre el desarrollo de los dos estados.

Bajo la dinámica de tono militarista que inspira la mayoría de las acciones norcoreanas, el propio líder Kim Jong Un lanzó en marzo de 2015 lo que llamó “guerra contra la deforestación” decretando “la movilización de todo el partido, el ejército y la ciudadanía en la batalla por la restauración de los bosques”, y ordenando la restauración de la foresta nacional en un periodo de 10 años.

El dirigente pronunció un discurso que fue recogido de forma prominente por los medios de difusión oficiales en el que acusaba a la “gente” de aprovechar las carencias generadas por la hambruna de los 90 para “dañar de forma temeraria nuestros bosques, que se han reducido en gran medida”, y decía que esa circunstancia era el origen de las habituales inundaciones que sufre el país.

Aunque Corea del Norte no ha proporcionado datos oficiales sobre el alcance de esta problemática, el Ministerio de Unificación de Corea del Sur estima que su vecino ha perdido en los últimos años el 32 por ciento de su superficie forestal y su deforestación es la tercera más grave entre 180 países del mundo.

“Morir o ser restaurados”

“En la actualidad se puede decir que los bosques del país han llegado a una encrucijada: perecer para siempre o ser restaurados”, reconoció el máximo referente político norcoreano.

A partir de ese instante expresiones utilizadas por el dirigente como la obligación de reconvertir a los montes desprovistos de vegetación en “montañas doradas” o “tesoros montañosos” pasaron a engrosar el largo listado de mensajes que se repiten de forma recurrente en los medios de propaganda.

“La reforestación se ha convertido en un asunto importante en la política del Partido y un objetivo estratégico nacional”, escribía la revista Korea en su edición de marzo pasado, donde dedicaba un amplio reportaje fotográfico a la campaña del propio ejército en este sentido.

La agencia oficial KCNA tampoco ahorraba loas en abril para describir los “vigorosos esfuerzos” realizados por la población norcoreana en la campaña anual de reforestación, que dijo sólo en la capital, Pyongyang, ha supuesto plantar 2,5 millones de árboles.

Al mismo tiempo, el mismo Kim Jong Un especificó que a partir del momento en el que se expresó la tala de árboles o vegetación sin permiso pasaba a ser considerada como un acto de “traición”. Pocos meses después, la página especializada NK News publicó un supuesto comunicado del Ministerio de la Seguridad Popular en el que se advertía que aquellos que “provoquen incendios forestales o corten árboles de forma indiscriminada e ilegal, especialmente en zonas forestales protegidas” serían castigados “con una pena máxima de pena de muerte”.

Tras la reciente cumbre entre el presidente surcoreano, Moon Jae In, y Kim Jong Un, Seúl parece decidida a convertir la reforestación de Corea del Norte en una de las plataformas más simbólicas de la posible colaboración entre los dos países si continúa el proceso de distensión bilateral que se inició en enero, amenazado ahora por la nueva escalada de tensión a la que asisten los contactos entre Pyongyang y Washington que han desembocado en la cancelación de la cumbre entre Donald Trump y Kim g Jong Un en Singapur.

El primer ministro surcoreano, Lee Nak-yon, explicó a principios de mayo que tal prioridad viene determinada en parte porque este tipo de asistencia no está “afectada por las sanciones de Naciones Unidas”.

Así, el gobierno surcoreano ha decidido establecer un vivero de árboles en la población de Goseong, en la costa este del país, justo en la línea de demarcación con Corea del Norte, como parte de este plan.

Se sumaría así a los esfuerzos en el mismo sentido que han realizado instituciones privadas surcoreanas durante los últimos años y la colaboración oficial que se instituyó en el mismo sector incluso antes de la primera cumbre intercoreana del año 2000.

“El daño social, económico y medioambiental en Corea del Norte y sus montañas y campos no se debe descuidar más. Corea del Norte no tiene la capacidad para abordar el problema por sí misma. Se necesita un gran impulso por parte de la comunidad internacional”, escribió hace días el investigador del Instituto Económico Rural de Corea del Sur, Kim Young-hoon, en el diario JoongAng.

El Indo-Pacífico: lo que hay detrás del concepto.

El Indo-Pacífico: lo que hay detrás del concepto. Buques de la Armada de la India, Australia, Japón, Singapur y los Estados Unidos durante el Ejercicio Malabar en la bahía de Bengala (5/9/2007). Foto: U.S. Navy (Mass Communication Specialist Seaman Stephen W. Rowe) vía Wikimedia Commons (Dominio Público).

Autor:    9/05/2018

Fuente: Real Instituto Elcano.

 

En “La venganza de la geografía” Robert Kaplan advierte que la geografía no cambia. Lo que cambia es la manera en la que la concebimos. Y yo añadiría que las maneras de concebir la geografía nunca son neutras.

Hay motivos geográficos para defender el concepto de Indo-Pacífico. De alguna manera el Índico y el Pacífico son océanos complementarios. El tráfico marítimo que transita por el Estrecho de Malaca debe pasar primero por el Índico. El componente marítimo del proyecto OBOR de China requiere del Índico para su realización. En cuanto a biodiversidad marina el Índico y el Pacífico forman una unidad. Pero la introducción de nuevas concepciones geográficas no depende tanto del marco geográfico subyacente como de los intereses geopolíticos. Y hoy en día esos intereses geopolíticos existen en el contexto de la rivalidad entre EEUU y China.

Desde un punto geopolítico, hay ganadores y perdedores con la introducción del concepto.

El más obvio ganador es India. El concepto de Indo-pacífico le otorga una posición centralfrente a la marginación geográfica en que le deja la concepción habitual de Asia-Pacífico. El concepto de Indo-pacífico es un acicate para desarrollar su Armada y convertirse en una potencia naval. Precisamente la Estrategia de Seguridad Marítima que la Armada india elaboró en 2015 ya menciona el Indo-pacífico e incluye áreas del Pacífico Occidental como zonas de interés marítimo secundario para el país. Entre las zonas de interés marítimo primario incluye los cuellos de botella entre los dos océanos: los estrechos de Malaca, Sunda y Lombok.

El concepto de Indo-pacífico asimismo otorga una nueva importancia a Australia e Indonesia, dos potencias que están a caballo entre los dos océanos y que vienen a convertirse en sus nexos de unión. El Libro Blanco de la Defensa australiano de 2016 hace del Indo-pacífico el eje de su reflexión estratégica y señala que de su estabilidad dependen la seguridad y prosperidad nacionales. El Libro Blanco destaca a EEUU como a uno de los socios con quienes debe colaborar para asegurar la estabilidad del Indo-pacífico.

El Libro Blanco de la Defensa indonesio de 2015, en cambio, se atiene al concepto tradicional de Asia-Pacífico. El deseo de hacer valer su condición de potencia marítima que está a caballo entre dos océanos, que ya aparece en dicho Libro Blanco, y su protagonismo en la Asociación de la Cuenca del Océano Índico (IORA, según sus siglas en inglés) hacen previsible que en futuras ediciones Indonesia acabe abrazando el concepto de Indo-pacífico.

La perdedora es evidentemente China. El Índico tiene una importancia geoestratégica clave para China. Es por él que transita una parte importante del petróleo y gas que consume. También es la vía de comunicación más rápida hacia los mercados del África Subsahariana, cada vez más importantes para China.

La importancia que tiene el Índico para China puede apreciarse al analizar sus actividades en este océano, clave para la Iniciativa de la Franja y de la Ruta, en los últimos años. En relación con la Iniciativa señalada, aunque no exclusivamente, conectará Xinjiang con el puerto de Gwadar; la Zona Económica Especial del puerto Kyaukpyu en Myanmar, más el gasoducto que irá de esta Zona a China; la conexión viaria entre Kunming y el puerto bangladeshí de Chittagong, que atravesará Myanmar; el puerto de Hambantota en Sri Lanka. A los proyectos de conectividad, hay que sumar que en el Índico, por primera vez China ha proyectado su poder naval fuera de su vecindario más inmediato: participación de la marina china en operaciones de anti-piratería en el Golfo de Adén y la construcción de una base de apoyo naval en Yibuti.

Si hasta ahora China había podido operar en el Índico sin casi oposición, la situación cambiará probablemente en breve. El pasado noviembre, en los márgenes de la Cumbre de Asia Oriental, EEUU, Australia, India y Japón retomaron el Diálogo de Seguridad Cuatripartito(Quadrilateral Security Dialogue), que incluyó temas tales como la libertad de navegación, la seguridad marítima y el respeto al Derecho Internacional. La primera impresión es que en su aproximación al Indo-pacífico los aspectos de la seguridad y la libertad de navegación son los que van a primar.

Tal vez, para ver lo que hay detrás del concepto y lo que se persigue con él, convenga hacer referencia a la sesión informativa que el subsecretario de Estado Adjunto para Asuntos de Asia del Este y el Pacífico, Alex N. Wong, dio el pasado 2 de abril en Washington para explicar la estrategia de la Administración Trump para una región Indo-Pacífica libre y abierta.

Wong dijo que por “libre” quiere decir que los países de la región se vean libres de coerción y que puedan seguir las vías que soberanamente decidan. “Libre” también significa sociedades más libres en términos de anticorrupción, derechos fundamentales, transparencia y buen gobierno. “Abierta” alude a líneas de comunicación marítima y abierta, a logística e infraestructuras, que favorezcan realmente la integración regional y el crecimiento económico y que se desarrollen en un ambiente favorable a la inversión.

Las potencias del Diálogo de Seguridad Cuatripartito acaso sientan que las batallas de la vigencia de la Convención de NNUU sobre Derecho del Mar y de la libre navegación están perdidas en el mar del Sur de China y deseen que este escenario no se repita en el Océano Indico.

Finalmente, en lo que se refiere a la UE, la impresión es que la reflexión sobre el Indo-Pacífico y sus implicaciones geoestratégicas apenas ha comenzado. En la Estrategia Global de la UE, publicada en junio de 2016, el término “Indo-pacífico” sólo aparece una vez y de una manera muy marginal en la frase: “En todas las regiones del Indo-Pacífico y del este asiático, la UE promoverá los derechos humanos y apoyará las transiciones democráticas, como la de Myanmar/Birmania”. Irónicamente, en las líneas precedentes la Estrategia menciona varios objetivos en Asia, que habrían sido perfectamente aplicables al Indo-Pacífico: defensa de la libertad de navegación, defensa del respeto al Derecho Internacional, incluido el Derecho del Mar, apoyo a la formación de capacidades marítimas de ASEAN… Tal vez estos últimos años la UE haya estado tan preocupada por insertarse en la arquitectura de seguridad en Asia-Pacífico y por la situación en el mar del Sur de China que haya pasado por alto que el Pacífico entretanto había crecido y se había convertido en el Indo-Pacífico.

La hora de la metamorfosis africana.

DAUD

Autor: JOSÉ NARANJO

Fuente: El País, 25/05/2018

“Soy la hora roja, la hora roja desatada”. La elección de esta frase como lema para la Bienal de Arte Contemporáneo que se está celebrando este mes de mayo en Dakar es todo menos casual. Extraída de la obra teatral Et les chiens se taisaient (1958) del ideólogo de la negritud, el poeta martiniqués Aimé Cesaire, hace referencia a la emancipación, la libertad conquistada, la metamorfosis. África, así lo ha entendido el comisario de Dak’art 2018, Simon Njami, está en ese momento de cambio, de nacimiento de algo nuevo. En el arte, pero también en la filosofía, en la sociedad, en la gestión pública, en la economía, en la manera de relacionarse los africanos entre ellos y con el mundo.

Este viernes se conmemora el 55 aniversario de la creación de la Organización para la Unidad Africana (OUA), el organismo continental que luego alumbró la actual Unión Africana (UA). Aquel sueño de unidad, frustrado desde sus inicios por inquinas fronterizas, ambiciones de poder de ciertas élites africanas y el permanente aliento en el cogote de las expotencias travestidas al neocolonialismo parece empezar a tomar cuerpo medio siglo después. El pasado 21 de marzo, 44 de los 55 países africanos aprobaron crear una Zona de Libre Comercio Continental, el primer paso hacia un mercado común de 1.200 millones de personas.

En la foto de la cumbre de jefes de Estado celebrada en Kigali (Ruanda) que validó dicho acuerdo, —por cierto, ninguna mujer en la imagen cuando la representación paritaria en las más altas instancias del poder es otro desafío continental en este siglo XXI—, aparece el presidente de Ghana, Nana Akufo-Addo, en un discreto segundo plano que no se corresponde con el papel de referente que se ha ido labrando en su poco más de un año en el cargo.

La adopción de medidas como el nombramiento de un fiscal especial contra la corrupción, una de las lacras que lastran el desarrollo africano, la gratuidad de la Educación Secundaria, el proyecto de construir una fábrica para la transformación de cacao (industrialización frente a exportación de materias primas) y, sobre todo, la renuncia a las ayudas del FMI proyectan al nuevo presidente ghanés como un ejemplo a seguir de políticas autónomas del dictado occidental mientras su economía crece más que ninguna en el mundo (8,3% este año).

África está en ese momento de cambio, de nacimiento de algo nuevo

La forma en que Akufo-Addo llegó al poder, una alternancia pacífica, se está convirtiendo en la norma en África y no en la excepción, ahí están los ejemplos de Nigeria, Benín y el más reciente de Liberia, donde el exfutbolista George Weah supo leer en las necesidades de los más humildes. Los autócratas también están en retroceso. Siguiendo la estela de las revueltas en Senegal y la revolución burkinesa, el año pasado comenzaba con la caída de Jammeh en Gambia y terminaba con la defenestración de Mugabe en Zimbabue y la retirada de Dos Santos en Angola. Si bien es cierto que países como Uganda, Camerún y Guinea Ecuatorial aún son trincheras de viejos dinosaurios y que en Egipto y Burundi campan tiranos de nuevo cuño, la democracia, al menos formal, avanza por el continente y los golpes de estado son cada vez menos tolerados.

Este avance político está íntimamente ligado a la emergencia de una clase media que necesita de la paz y la estabilidad y a la extensión de la educación, a trompicones pero con paso firme, por todos los países del continente. Aunque los desafíos son enormes y hay unos 33 millones de niños sin escolarizar en Primaria en África subsahariana, la reunión de la Alianza Mundial por la Educación el pasado febrero en Dakar sirvió de estímulo a los Gobiernos para incrementar los presupuestos en la materia (hasta el 20%). La escuela, reconocen todos los líderes africanos, es la piedra angular para combatir el radicalismo que se ha enquistado en lugares como el norte de Malí, Somalia o el noreste de Nigeria. Pero la educación también engendra una población crítica e informada.

En el corazón de todos estos cambios está el incremento de la conciencia ciudadana y la emergencia de movimientos sociales que articulan el enfado y la frustración de amplios sectores de la población marginados de un crecimiento económico importante pero no inclusivo. Si África se encuentra en algo parecido a “la hora roja” cesairiana no es tanto porque sus dirigentes hayan vivido una revelación, sino porque desde abajo están empujando. Plataformas como Y,en a marre en Senegal, Balai Citoyen en Burkina Faso, Trop c’est trop en Malí, Filimbi y Lucha en la República Democrática del Congo o Ça suffit en Chad han representado, ante todo, un ejercicio de reapropiación de la política y recuperación del espacio público por parte de los ciudadanos.

Ese trajín callejero liderado por raperos y cantantes de hip hop se apoya, en su parte más dinámica, en dos elementos exógenos: el brutal crecimiento de las nuevas tecnologías y el potente mensaje llegado desde Túnez y la egipcia plaza Tahrir durante el cénit de la Primavera Árabe. Sin embargo, sus raíces profundas son negroafricanas hasta la médula, desde la ruptura sankarista hasta el delirante rechazo a morir del rebelde Marcial en la obra La vida y media de Sony Labou Tansi, pasando por el anticolonialismo furibundo de Frantz Fannon o el feminismo radical de la nigeriana Funmilayo Ransome-Kuti, madre del artista Fela Kuti.

De todos ellos un poco, pero también de su enorme capacidad para olfatear el ambiente, procede la inspiración que llevó al intuitivo economista senegalés Felwine Sarr a escribir Afrotopia, un libro que se ha convertido en el espejo de este continente en búsqueda, que necesita replantearse conceptos como los de democracia o desarrollo. “África no tiene que alcanzar a nadie. Ya no debe recorrer los senderos que se le indican, sino caminar con paso firme por el camino que ha elegido”, asegura Sarr. Mirando al frente sin olvidar la historia.

En el corazón de todos los cambios está el incremento de la conciencia ciudadana

De ahí la indignación a finales de 2017 al constatar la existencia de mercados de esclavos en Libia. Los dirigentes africanos, presionados por sus opiniones públicas, se apresuraron a facilitar vuelos de repatriación humanitaria a los migrantes que estaban en los centros de detención de Trípoli. O la inauguración este mismo mes de las obras de remodelación de una plaza con el nombre de Europa en la isla senegalesa de Gorée, auténtico símbolo de ese pasado difícil de digerir, que generó un gran malestar en buena parte de la sociedad civil africana. Cuando se dio el nombre a la plaza en 2003 nadie protestó, pero ahora el momento es otro. Al igual que la estatua del general francés Faidherbe que preside la plaza central de la ciudad de Saint Louis: se inauguró en 1887 pero solo en los últimos años han surgido iniciativas para retirarla.

Viejas heridas y problemas nuevos. Mientras el cambio climático se deja notar en la erosión costera desde Mauritania hasta Angola o la sequía se hace crónica en el castigado Sahel, amenazado este año de nuevo por una crisis alimentaria, los países africanos adoptan medidas. El proyecto de la Gran Muralla Verde se extiende con desesperante lentitud y el continente ha declarado la guerra al plástico: Kenia acaba de unirse a la veintena de países que han prohibido en los últimos años las bolsas de este material, una auténtica plaga bíblica que inunda todos los rincones. Hasta ahora Ruanda, conocida como la Suiza africana por la limpieza de sus calles, ha sido quien más éxito ha tenido en la aplicación de la ley.

El continente es tan grande, tan diverso, que hay que acercar la lupa. Mientras unos 300 millones de africanos no tienen acceso al agua potable o deben recorrer varios kilómetros al día para extraerla, países como Ghana, Marruecos o Kenia ya cuentan con sus primeros satélites orbitando la Tierra en una suerte de afrocarrera espacial. Si la electrificación rural sigue siendo una necesidad urgente en Etiopía o Burkina Faso, en las ciudades de medio continente el consumo de series made in Africa se dispara. Ya no es solo la famosa Nollywood, muchos otros países emiten ya sus propias producciones.

El escritor nigeriano, Premio Nobel de Literatura, Wole Soyinka aseguraba en una entrevista del documental Negritude del maliense Manthia Diawara que, frente a la arrogancia de culturas fundadas en las grandes religiones, que se creen en posesión de la verdad revelada y han tratado de imponerla a los otros, “uno de los grandes legados africanos al mundo son sus religiones no estructuradas, en constante búsqueda y cuestionamiento”. Quizás de esta raíz también se nutra esta “hora roja”, quizás de ahí venga este momento de indefinición y búsqueda en que el continente quiere mirar al futuro, desarrollar su propio modelo, sin traicionar su pasado ni “convertirse en un museo”, como decía el poeta y primer presidente senegalés, Léopold Sédar Senghor.

De Etiopía a Starbucks: el amargo sabor del café.

Máquina de tostado de café en la fábrica de Saltspring. Fuente: Kris Krüg (Flickr)

Fuente: elordenmundial.com

Autor: Trajan Shipley, 8/05/2018

El café es uno de los productos que más se consumen a diario en el mundo y forma parte de la rutina de millones de personas. Introducido a Occidente por los árabes, su producción siempre se localizó en el sur y llegó a formar una parte esencial en el comercio triangular. Regiones enteras de distintas partes del mundo han dependido económicamente en exclusiva de la producción de café, pero el modelo de producción y consumo se ha visto modificado, entre otros, por el fenómeno Starbucks. Entender el funcionamiento y la geopolítica del café permite hacer una aproximación y extraer conclusiones sobre el comercio mundial y los hábitos de consumo de nuestras sociedades

En su conocida obra Las venas abiertas de América Latina, Eduardo Galeano dedica un capítulo a lo que llama “los monarcas agrícolas”, una serie de productos que, según él, han dominado la estructura económica, política y social latinoamericana desde la llegada del colonialismo. Productos como el azúcar, el algodón, el caucho, el cacao y también el café son materias esenciales en la estructura del comercio mundial y cuya producción radicó originariamente casi en exclusiva en América Latina. Según Galeano, las plantaciones coloniales de estos productos son el origen directo de los grandes latifundios latinoamericanos que perviven hasta la actualidad cumpliendo su función prestablecida en el comercio mundial de producir y exportar. América Latina y sus gentes, dice, están subordinados al tratamiento económico de estos productos.

Adam Smith afirmaba en La riqueza de las naciones que el sistema mercantil se había elevado a un grado de esplendor y gloria que de otro modo no habría alcanzado jamás. La enorme cantidad de oro y plata que llegaron a Europa procedentes de América devaluaron el valor de mercado que estos productos tenían, pero la repentina inclusión en el sistema económico mundial de un vastísimo continente de cuyo monopolio disfrutaban los reinos europeos creó una ocasión irrepetible. Es por eso por lo que el historiador Kenneth Pomeranz sitúa el inicio de la industrialización no en Inglaterra, sino precisamente en las grandes plantaciones agrícolas de América. Las primeras fábricas modernas se dieron en los ingenios azucareros de las Antillas, donde la caña de azúcar se debía procesar rápidamente para que no se pudriese y prepararla para su ruta transatlántica. Asimismo, la todopoderosa industria textil en Inglaterra no era tan inglesa: los primeros textiles producidos eran imitaciones indias, que constituían el estándar de excelencia por entonces, y cuando la producción alcanzaba niveles más altos el algodón con el que se producía no era plantado en Birmingham, sino en Brasil o las colonias norteamericanas.

El comercio triangular.

La lógica comercial de los siglos XVI-XVIII, desde la llegada europea a América hasta la guerra civil estadounidense, era de carácter interdependiente y se plasmaba en una forma triangular: los esclavos africanos producían en las Américas el azúcar, algodón y café que luego se exportaba a Europa, que producía las manufacturas —armas, carros, textiles, etc.— que se utilizaban para comprar tanto los esclavos como los productos agrícolas. El café, un producto cuyos orígenes se remontan a Etiopía y que había sido introducido en Europa con la llegada de los árabes, era uno de los principales productos del comercio triangular, con sus grandes plantaciones en Centroamérica y Brasil, destinadas a abastecer el mercado europeo, que poco a poco comenzaba a abrirse más a esta bebida tras años de prohibición y temeridad.

Para ampliar: “The triangular trade and the Atlantic economy of the eighteenth centrury: a simple general-equilibrium model”, Ronald Findlay, 1990

De sur a norte: producción y consumo

La lógica de la producción y el consumo de café sigue en gran medida intacta desde hace más de 300 años: el sur produce, el norte consume. Esto tiene su explicación, en gran medida, en modelos económicos y comerciales como el del comercio triangular. Sin embargo, por hacerle justicia, lo cierto es que el café es un producto que por su origen natural cabría definir como tropical.

Las categorías robusta y arábiga no son productos distintos de café inventados por Starbucks, sino especies vegetales distintas. El coffea canephora, originario de África central, es una especie de café considerada de calidad limitada y con una cantidad de cafeína superior al coffea arabica, originario de Etiopía y el cual aglutina la mayor parte de la producción mundial de café. Lo que comparten estas especies vegetales, ambas pertenecientes a la familia Rubiaceæ, es precisamente su origen tropical. Aunque son especies que pueden crecer en muchos otros lugares del mundo —en efecto, son el origen de muchas subespecies: moca, bourbon, etc.—, Norteamérica y Europa no producen café de una forma significativa; de hecho, no aparecen en las estadísticas anuales de producción que elabora la Organización Internacional del Café.

Tradicionalmente, las plantaciones de café se han localizado en zonas montañosas, lo que implica que la recolección de los granos se siga realizando hoy en día a mano. La principal excepción es Brasil, donde las enormes plantaciones en llanuras permiten la utilización de maquinaria. Tras la recolección, los granos de café se separan del propio fruto del árbol para secarlos y luego tostarlos y triturarlos. Normalmente, los países productores solo se dedican a cultivar y procesar los granos; el resto del proceso se localiza en los países consumidores.

Principales países productores y consumidores de café.

Así, si bien los países productores aportan el producto en sí, son los países consumidores los que luego definen e introducen en el mercado lo que verdaderamente conocemos como café. Se trata de una cadena de producción radicalmente hermética en tanto que exige que se cumpla cada paso en su totalidad para obtener el producto final, sin admitir ningún intermediario ni nuevas formas de producción. Recientemente, se ha puesto de moda en los países occidentales lafabricación de cervezas artesanas, que en ocasiones se producen y consumen en una misma ciudad. En cambio, la aparición de nuevos modelos de consumo del café, si bien innovadores en algunos aspectos, no pueden seguir el modelo de estas cervezas. La cadena de producción del café es eminentemente trasnacional e interdependiente entre el norte y el sur.

Para ampliar: “The six stages of coffee production”, Ella Buchan en The Telegraph, 2017

Cafeconomía

La producción exclusiva de café en países situados en la periferia mundial ha resultado en una excesiva dependencia de algunas de sus economías. La alusión a la importancia del café en algunos países se manifiesta incluso en la cultura popular: la selección de fútbol de Colombia, el tercer país más productor de café, se conoce comúnmente como la cafetera. Apodos aparte, la dependencia de la economía colombiana de las exportaciones de café siempre ha sido notable: el expresidente Carlos Lleras Restrepo se quejaba en 1967 de que para comprar un Jeep su país necesitaba vender 57 bolsas de café. Sin embargo, hay dos ejemplos de economías aún más dependientes de la producción del café que conviene analizar: Etiopía y Guatemala.

En el mundo del café, Etiopía ocupa el lugar de tierra santa al situarse allí el origen de su consumo. Cuenta la leyenda que un pastor etíope, intrigado por la intensa actividad de sus cabras por las noches cuando se alimentaban de los frutos del arbusto que hoy conocemos como coffea arabica, decidió llevarlas a un monasterio, donde, tras considerarlos un fruto del diablo, los tiraron al fuego. El intenso aroma de los granos de café tostándose los llevó a rescatarlos y triturarlos para su conservación y, finalmente, su consumo en forma de infusión, lo que permitía a los monjes pasar noches enteras de devoción religiosa.

La producción de café en Etiopía es crucial para su economía: en 2016 constituía el 41,2% de las exportaciones etíopes, lo que supone un total de 705 millones de dólares. Además, la mayoría del café que se produce en Etiopía se hace en granjas y minifundios, lo que implica una dependencia más directa de la economía de este país respecto del café; no en vano, Etiopía ha sido de los países que más ha sufrido sus bajadas de precio. A esto se suma la amenaza que promete el calentamiento global. Un estudio reciente predecía la inutilidad de en torno al 50% de los terrenos en los que se produce el café etíope para finales de este siglo.

Para ampliar: “Etiopía y el despertar del león africano”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2016

El caso de Guatemala es algo mejor. El café producido en Centroamérica y México supone una quinta parte de toda la producción de arábica mundial. La economía guatemalteca es mucho más heterogénea y no tan dependiente del café como la etíope: supuso únicamente el 6,4% de las exportaciones en 2015, aunque el café guatemalteco es el segundo mejor del mundo por su calidad, solamente después del colombiano. Sin embargo, es necesario matizar. En primer lugar, aunque sin duda tiene una composición más heterogénea, casi la mitad de los productos que exporta Guatemala son monarcas agrícolas; el café es el tercer producto más exportado después de los plátanos y el azúcar. La United Fruit Company ejerció un enorme control durante el siglo XX en la economía y la política guatemaltecas —recreado por Gabriel García Márquez, entre otros autores, en Cien años de soledad— y llegó incluso a promover un golpe de Estado contra el presidente Jacobo Árbenz en los años cincuenta.

Para ampliar: “La CIA contra Guatemala: cuando Ernesto se convirtió en el Che Guevara”, Adrián Albiac en El Orden Mundial, 2015

En segundo lugar, las condiciones en las que se ha ejercido históricamente el cultivo del café en Guatemala son preocupantes. Las primeras grandes plantaciones y encomiendas que fundaron los españoles expulsaron a miles de mayas de sus tierras. En estas plantaciones, sin embargo, no se cultivaría café hasta mediados de siglo XIX. Es entonces cuando el dictador Justo Rufino Barrios hace del café el sustento de la economía guatemalteca y de su propio Gobierno —a finales de 1880, de acuerdo con Galeano, el café constituía el 90% de las exportaciones guatemaltecas—. Barrios expropió a la Iglesia católica y a las comunidades mayas enormes cantidades de terrenos, que fueron entregados a terratenientes para el cultivo del café, y se instauró una policía privada en las fincas. Como sentencia Galeano, en Guatemala por entonces un hombre era más barato que su tumba.

Starbucks y la revolución del café

Todo lo explicado hasta aquí ha de ser entendido partiendo de esta premisa: hasta muy recientemente —tan sólo una década—, el té ha sido la bebida caliente por excelencia, mientras que el café ha ocupado tradicionalmente el segundo puesto. Pero con el cambio de siglo la situación parece haber variado: hoy la mayoría de países se inclinan por la cafeína antes que por la teína. Incluso los países tradicionalmente teteros emiten señales de alarma: el consumo del té ha caído casi un 20% en Reino Unido desde 2010.

Evolución del precio del café en los últimos años. Fuente: tradingeconomics.com

Esta caída en el consumo de la bebida de socialización por antonomasia no se entendería sin la revolución que ha vivido el café en la última década. Si observamos los precios del café de los últimos años, vemos que la tendencia general es de un aumento del precio, con un especial énfasis entre los años 2010 y 2011. Esto se debe, en parte, más que a un nuevo modelo de producción, a un nuevo modelo de consumo que ha triunfado en el mundo en la última década, que no se entendería de ninguna forma sin la experiencia de Starbucks.

Si nos preguntamos si alguna vez alguien ha entrado en un Starbucks para pedir únicamente café, seguramente la respuesta sea negativa en muchos casos. Desde su fundación en Seattle en 1971, el principal logro de la empresa ha sido redefinir el concepto de coffee shop, un lugar donde el café es el pretexto para hacer algo —trabajar, conversar, mantener una reunión, etc.— en lugar agradable y acogedor durante una cantidad indeterminada de tiempo. En ello le han seguido muchas otras empresas: Costa Coffee, Café Nèro, Dunkin Coffee… A lo largo del siglo XX, la Historia del café se desarrollaba sobre todo en las casas de los consumidores; Starbucks no solo lo abrió a un espacio nuevo en la sociedad, sino que lo hizo a lo largo y ancho del mundo, desde Tokio en 1996 hasta las más de 24.000 tiendas fuera de Estados Unidos en la actualidad.

El modelo de negocio de Starbucks no consiste en vender sólo café. El consumidor no va a Starbucks a pedir un café, sino un mocha frappuccino, un caramel macchiato o untall cappuccino; en Estados Unidos algunos de sus consumidores pueden escoger además a través de Spotify la música que se escucha en su establecimiento. Pero otra de las cosas que ofrece Starbucks y que afecta de raíz al modelo de consumo característico del siglo XXI es la sensación de estar consumiendo con la conciencia tranquila, algo que el sociólogo Slavoj Žižek ha llamado “consumismo ético”. Starbucks hace gala en su web y en sus establecimientos de la implicación que tiene en la sociedad el consumo de sus productos —cultivo responsable, apoyo a los agricultores, etc.—. De esta forma, el consumidor está pagando no solo por el café, sino por ser éticamente responsable, algo que se inscribe, según Žižek, no ya en un modelo de capitalismo tradicional, como el que se lleva desarrollando desde las primeras plantaciones de café a mediados del siglo XIX en Guatemala, sino en un capitalismo cultural donde el valor del producto reside en la forma en la que se consume, no en su consumición.

Starbucks ha conseguido caricaturizar un nuevo modelo de consumo que se abre paso en las sociedades del siglo XXI junto con otros productos y hábitos —redes sociales, información, moda…—. El café en la sociedad actual se puede definir casi como una institución social en sí misma: no solo lleva aparejada una enorme variedad de actos cotidianos, sino de modelos de producción y consumo que trazan redes de interdependencia por todo el mundo. Entendiendo cómo funciona el café, desde que se recogen sus granos en Etiopía o Guatemala hasta que se consume en un Starbucks, es posible hacer una aproximación más detallada de cómo funciona el mundo.