De Etiopía a Starbucks: el amargo sabor del café.

Máquina de tostado de café en la fábrica de Saltspring. Fuente: Kris Krüg (Flickr)

Fuente: elordenmundial.com

Autor: Trajan Shipley, 8/05/2018

El café es uno de los productos que más se consumen a diario en el mundo y forma parte de la rutina de millones de personas. Introducido a Occidente por los árabes, su producción siempre se localizó en el sur y llegó a formar una parte esencial en el comercio triangular. Regiones enteras de distintas partes del mundo han dependido económicamente en exclusiva de la producción de café, pero el modelo de producción y consumo se ha visto modificado, entre otros, por el fenómeno Starbucks. Entender el funcionamiento y la geopolítica del café permite hacer una aproximación y extraer conclusiones sobre el comercio mundial y los hábitos de consumo de nuestras sociedades

En su conocida obra Las venas abiertas de América Latina, Eduardo Galeano dedica un capítulo a lo que llama “los monarcas agrícolas”, una serie de productos que, según él, han dominado la estructura económica, política y social latinoamericana desde la llegada del colonialismo. Productos como el azúcar, el algodón, el caucho, el cacao y también el café son materias esenciales en la estructura del comercio mundial y cuya producción radicó originariamente casi en exclusiva en América Latina. Según Galeano, las plantaciones coloniales de estos productos son el origen directo de los grandes latifundios latinoamericanos que perviven hasta la actualidad cumpliendo su función prestablecida en el comercio mundial de producir y exportar. América Latina y sus gentes, dice, están subordinados al tratamiento económico de estos productos.

Adam Smith afirmaba en La riqueza de las naciones que el sistema mercantil se había elevado a un grado de esplendor y gloria que de otro modo no habría alcanzado jamás. La enorme cantidad de oro y plata que llegaron a Europa procedentes de América devaluaron el valor de mercado que estos productos tenían, pero la repentina inclusión en el sistema económico mundial de un vastísimo continente de cuyo monopolio disfrutaban los reinos europeos creó una ocasión irrepetible. Es por eso por lo que el historiador Kenneth Pomeranz sitúa el inicio de la industrialización no en Inglaterra, sino precisamente en las grandes plantaciones agrícolas de América. Las primeras fábricas modernas se dieron en los ingenios azucareros de las Antillas, donde la caña de azúcar se debía procesar rápidamente para que no se pudriese y prepararla para su ruta transatlántica. Asimismo, la todopoderosa industria textil en Inglaterra no era tan inglesa: los primeros textiles producidos eran imitaciones indias, que constituían el estándar de excelencia por entonces, y cuando la producción alcanzaba niveles más altos el algodón con el que se producía no era plantado en Birmingham, sino en Brasil o las colonias norteamericanas.

El comercio triangular.

La lógica comercial de los siglos XVI-XVIII, desde la llegada europea a América hasta la guerra civil estadounidense, era de carácter interdependiente y se plasmaba en una forma triangular: los esclavos africanos producían en las Américas el azúcar, algodón y café que luego se exportaba a Europa, que producía las manufacturas —armas, carros, textiles, etc.— que se utilizaban para comprar tanto los esclavos como los productos agrícolas. El café, un producto cuyos orígenes se remontan a Etiopía y que había sido introducido en Europa con la llegada de los árabes, era uno de los principales productos del comercio triangular, con sus grandes plantaciones en Centroamérica y Brasil, destinadas a abastecer el mercado europeo, que poco a poco comenzaba a abrirse más a esta bebida tras años de prohibición y temeridad.

Para ampliar: “The triangular trade and the Atlantic economy of the eighteenth centrury: a simple general-equilibrium model”, Ronald Findlay, 1990

De sur a norte: producción y consumo

La lógica de la producción y el consumo de café sigue en gran medida intacta desde hace más de 300 años: el sur produce, el norte consume. Esto tiene su explicación, en gran medida, en modelos económicos y comerciales como el del comercio triangular. Sin embargo, por hacerle justicia, lo cierto es que el café es un producto que por su origen natural cabría definir como tropical.

Las categorías robusta y arábiga no son productos distintos de café inventados por Starbucks, sino especies vegetales distintas. El coffea canephora, originario de África central, es una especie de café considerada de calidad limitada y con una cantidad de cafeína superior al coffea arabica, originario de Etiopía y el cual aglutina la mayor parte de la producción mundial de café. Lo que comparten estas especies vegetales, ambas pertenecientes a la familia Rubiaceæ, es precisamente su origen tropical. Aunque son especies que pueden crecer en muchos otros lugares del mundo —en efecto, son el origen de muchas subespecies: moca, bourbon, etc.—, Norteamérica y Europa no producen café de una forma significativa; de hecho, no aparecen en las estadísticas anuales de producción que elabora la Organización Internacional del Café.

Tradicionalmente, las plantaciones de café se han localizado en zonas montañosas, lo que implica que la recolección de los granos se siga realizando hoy en día a mano. La principal excepción es Brasil, donde las enormes plantaciones en llanuras permiten la utilización de maquinaria. Tras la recolección, los granos de café se separan del propio fruto del árbol para secarlos y luego tostarlos y triturarlos. Normalmente, los países productores solo se dedican a cultivar y procesar los granos; el resto del proceso se localiza en los países consumidores.

Principales países productores y consumidores de café.

Así, si bien los países productores aportan el producto en sí, son los países consumidores los que luego definen e introducen en el mercado lo que verdaderamente conocemos como café. Se trata de una cadena de producción radicalmente hermética en tanto que exige que se cumpla cada paso en su totalidad para obtener el producto final, sin admitir ningún intermediario ni nuevas formas de producción. Recientemente, se ha puesto de moda en los países occidentales lafabricación de cervezas artesanas, que en ocasiones se producen y consumen en una misma ciudad. En cambio, la aparición de nuevos modelos de consumo del café, si bien innovadores en algunos aspectos, no pueden seguir el modelo de estas cervezas. La cadena de producción del café es eminentemente trasnacional e interdependiente entre el norte y el sur.

Para ampliar: “The six stages of coffee production”, Ella Buchan en The Telegraph, 2017

Cafeconomía

La producción exclusiva de café en países situados en la periferia mundial ha resultado en una excesiva dependencia de algunas de sus economías. La alusión a la importancia del café en algunos países se manifiesta incluso en la cultura popular: la selección de fútbol de Colombia, el tercer país más productor de café, se conoce comúnmente como la cafetera. Apodos aparte, la dependencia de la economía colombiana de las exportaciones de café siempre ha sido notable: el expresidente Carlos Lleras Restrepo se quejaba en 1967 de que para comprar un Jeep su país necesitaba vender 57 bolsas de café. Sin embargo, hay dos ejemplos de economías aún más dependientes de la producción del café que conviene analizar: Etiopía y Guatemala.

En el mundo del café, Etiopía ocupa el lugar de tierra santa al situarse allí el origen de su consumo. Cuenta la leyenda que un pastor etíope, intrigado por la intensa actividad de sus cabras por las noches cuando se alimentaban de los frutos del arbusto que hoy conocemos como coffea arabica, decidió llevarlas a un monasterio, donde, tras considerarlos un fruto del diablo, los tiraron al fuego. El intenso aroma de los granos de café tostándose los llevó a rescatarlos y triturarlos para su conservación y, finalmente, su consumo en forma de infusión, lo que permitía a los monjes pasar noches enteras de devoción religiosa.

La producción de café en Etiopía es crucial para su economía: en 2016 constituía el 41,2% de las exportaciones etíopes, lo que supone un total de 705 millones de dólares. Además, la mayoría del café que se produce en Etiopía se hace en granjas y minifundios, lo que implica una dependencia más directa de la economía de este país respecto del café; no en vano, Etiopía ha sido de los países que más ha sufrido sus bajadas de precio. A esto se suma la amenaza que promete el calentamiento global. Un estudio reciente predecía la inutilidad de en torno al 50% de los terrenos en los que se produce el café etíope para finales de este siglo.

Para ampliar: “Etiopía y el despertar del león africano”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2016

El caso de Guatemala es algo mejor. El café producido en Centroamérica y México supone una quinta parte de toda la producción de arábica mundial. La economía guatemalteca es mucho más heterogénea y no tan dependiente del café como la etíope: supuso únicamente el 6,4% de las exportaciones en 2015, aunque el café guatemalteco es el segundo mejor del mundo por su calidad, solamente después del colombiano. Sin embargo, es necesario matizar. En primer lugar, aunque sin duda tiene una composición más heterogénea, casi la mitad de los productos que exporta Guatemala son monarcas agrícolas; el café es el tercer producto más exportado después de los plátanos y el azúcar. La United Fruit Company ejerció un enorme control durante el siglo XX en la economía y la política guatemaltecas —recreado por Gabriel García Márquez, entre otros autores, en Cien años de soledad— y llegó incluso a promover un golpe de Estado contra el presidente Jacobo Árbenz en los años cincuenta.

Para ampliar: “La CIA contra Guatemala: cuando Ernesto se convirtió en el Che Guevara”, Adrián Albiac en El Orden Mundial, 2015

En segundo lugar, las condiciones en las que se ha ejercido históricamente el cultivo del café en Guatemala son preocupantes. Las primeras grandes plantaciones y encomiendas que fundaron los españoles expulsaron a miles de mayas de sus tierras. En estas plantaciones, sin embargo, no se cultivaría café hasta mediados de siglo XIX. Es entonces cuando el dictador Justo Rufino Barrios hace del café el sustento de la economía guatemalteca y de su propio Gobierno —a finales de 1880, de acuerdo con Galeano, el café constituía el 90% de las exportaciones guatemaltecas—. Barrios expropió a la Iglesia católica y a las comunidades mayas enormes cantidades de terrenos, que fueron entregados a terratenientes para el cultivo del café, y se instauró una policía privada en las fincas. Como sentencia Galeano, en Guatemala por entonces un hombre era más barato que su tumba.

Starbucks y la revolución del café

Todo lo explicado hasta aquí ha de ser entendido partiendo de esta premisa: hasta muy recientemente —tan sólo una década—, el té ha sido la bebida caliente por excelencia, mientras que el café ha ocupado tradicionalmente el segundo puesto. Pero con el cambio de siglo la situación parece haber variado: hoy la mayoría de países se inclinan por la cafeína antes que por la teína. Incluso los países tradicionalmente teteros emiten señales de alarma: el consumo del té ha caído casi un 20% en Reino Unido desde 2010.

Evolución del precio del café en los últimos años. Fuente: tradingeconomics.com

Esta caída en el consumo de la bebida de socialización por antonomasia no se entendería sin la revolución que ha vivido el café en la última década. Si observamos los precios del café de los últimos años, vemos que la tendencia general es de un aumento del precio, con un especial énfasis entre los años 2010 y 2011. Esto se debe, en parte, más que a un nuevo modelo de producción, a un nuevo modelo de consumo que ha triunfado en el mundo en la última década, que no se entendería de ninguna forma sin la experiencia de Starbucks.

Si nos preguntamos si alguna vez alguien ha entrado en un Starbucks para pedir únicamente café, seguramente la respuesta sea negativa en muchos casos. Desde su fundación en Seattle en 1971, el principal logro de la empresa ha sido redefinir el concepto de coffee shop, un lugar donde el café es el pretexto para hacer algo —trabajar, conversar, mantener una reunión, etc.— en lugar agradable y acogedor durante una cantidad indeterminada de tiempo. En ello le han seguido muchas otras empresas: Costa Coffee, Café Nèro, Dunkin Coffee… A lo largo del siglo XX, la Historia del café se desarrollaba sobre todo en las casas de los consumidores; Starbucks no solo lo abrió a un espacio nuevo en la sociedad, sino que lo hizo a lo largo y ancho del mundo, desde Tokio en 1996 hasta las más de 24.000 tiendas fuera de Estados Unidos en la actualidad.

El modelo de negocio de Starbucks no consiste en vender sólo café. El consumidor no va a Starbucks a pedir un café, sino un mocha frappuccino, un caramel macchiato o untall cappuccino; en Estados Unidos algunos de sus consumidores pueden escoger además a través de Spotify la música que se escucha en su establecimiento. Pero otra de las cosas que ofrece Starbucks y que afecta de raíz al modelo de consumo característico del siglo XXI es la sensación de estar consumiendo con la conciencia tranquila, algo que el sociólogo Slavoj Žižek ha llamado “consumismo ético”. Starbucks hace gala en su web y en sus establecimientos de la implicación que tiene en la sociedad el consumo de sus productos —cultivo responsable, apoyo a los agricultores, etc.—. De esta forma, el consumidor está pagando no solo por el café, sino por ser éticamente responsable, algo que se inscribe, según Žižek, no ya en un modelo de capitalismo tradicional, como el que se lleva desarrollando desde las primeras plantaciones de café a mediados del siglo XIX en Guatemala, sino en un capitalismo cultural donde el valor del producto reside en la forma en la que se consume, no en su consumición.

Starbucks ha conseguido caricaturizar un nuevo modelo de consumo que se abre paso en las sociedades del siglo XXI junto con otros productos y hábitos —redes sociales, información, moda…—. El café en la sociedad actual se puede definir casi como una institución social en sí misma: no solo lleva aparejada una enorme variedad de actos cotidianos, sino de modelos de producción y consumo que trazan redes de interdependencia por todo el mundo. Entendiendo cómo funciona el café, desde que se recogen sus granos en Etiopía o Guatemala hasta que se consume en un Starbucks, es posible hacer una aproximación más detallada de cómo funciona el mundo.

La globalización de la salud y la desigualdad

Fuente: esglobal.org24 junio 2015

Autor:  Rafael Vilasanjuan.

En el momento en que la comunidad internacional evalúa si hemos cumplido los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), lo primero que podemos constatar es que, desde que éstos se definieron, la agenda de salud global ha sufrido una transformación profunda. De aquellas promesas cuya misión era evitar las muertes prevenibles en países de renta baja, el interés ha girado, en poco más de una década, hacia inquietudes mucho más cercanas. Los recortes en los sistemas de salud en los países del Estado de bienestar, la falta de investigación para dar respuesta a la creciente resistencia a antibióticos o el inaccesible precio de los medicamentos innovadores para curar enfermedades como la hepatitis C desvelan una realidad nueva. El mundo iniciaba el siglo XXI con los objetivos de desarrollo más ambiciosos hasta el momento, pero solo unos años después las prioridades han cambiado y ya no hablan únicamente de países pobres, sino de hacer frente también a los excluidos en las economías desarrolladas.

Los Objetivos del Milenio, especialmente en el terreno de la salud global y particularmente en el de las enfermedades infecciosas, no se plantearon como objetivos menores. Tomemos, por ejemplo, el capítulo de mortalidad infantil. El número de niños que no alcanzaba los cinco años de vida se ha reducido enormemente, pasando de 12 millones de muertes anuales en los 90 a la mitad en la actualidad (en 2013 la cifra se cerró en 6,3 millones). Aunque la promesa era recortar las muertes en dos tercios, un objetivo que no se ha alcanzado, considerarlo insuficiente sería injusto.

Algo similar podríamos decir de las tres grandes enfermedades infecciosas. La lucha contra el sida ha logrado estabilizar una curva ascendente de infecciones. En 2010, el número de personas viviendo con el virus del VIH era de unos 34 millones, casi un 20% más de los registrado en 2000, pero este aumento se debe a que los enfermos han dejado de morir. La mortalidad por causas relacionadas con esta enfermedad ha ido disminuyendo significativamente desde que en 2000 alcanzara su máximo en más de dos millones. La lucha contra la malaria también ha registrado un descenso de casi el 30% en el número de víctimas mortales durante la última década. El avance en casi todas las enfermedades infecciosas, incluso en aquellas que consideramos en el epígrafe de desatendidas, ha sido considerable gracias a diversos factores. La irrupción de nueva filantropía, con la Fundación Bill y Melinda Gates a la cabeza, la promoción de nuevos mecanismos de financiación, como el Fondo Mundial contra el sida, la malaria y la tuberculosis, o el desarrollo de la innovación para hacerla accesible a las poblaciones más vulnerables, junto con el compromiso político y en el marco de unos objetivos globales, han sido determinantes.

A pesar de que no hemos cumplido muchas de las promesas ni alcanzado todos los resultados esperados, podemos afirmar que los Objetivos del Milenio han funcionado. La zanahoria con la que el motor de desarrollo global arrancó, pese a no alcanzar su recorrido óptimo, ha permitido un progreso sustancial y, con todas sus limitaciones, no hay duda de que hemos asistido a la década más ambiciosa en cuanto a la mejora de la salud global. La cuestión es ahora saber si esos tiempos han pasado.

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La fiebre del Ártico.

Fuente: elordenmundial.com

Autor: Juan Pérez Ventura.

Aunque pueda parecer un lugar marginado, apartado del centro del Mundo, alejado de las zonas estratégicas donde tienen lugar las relaciones importantes a nivel internacional, lo cierto es que el Ártico se ha vuelto a descubrir como un punto geoestratégico, y en el que confluyen tantos intereses económicos como fronteras de países.

Los dos mayores beneficiados del descubrimiento de nuevos yacimientos de gas y petróleo son Rusia y Canadá, aunque son algunos más los países que se disputan los recursos naturales que esconde el Ártico. Se calcula que en la región hay 10.000 millones de toneladas de hidrocarburos.

La fiebre por el “oro negro” se ha desatado en el Océano Glacial Ártico para pesadilla de las organizaciones ecologistas. Cinco países -Rusia, EE.UU., Noruega, Dinamarca y Canadá- tienen intereses en la región, que esconde, según los rusos, 10.000 millones de toneladas de hidrocarburos.

En total, se estima que un 25% de las reservas mundiales sin descubrir de petróleo y gas se encuentran allí. “Hemos obtenido pruebas suficientes para demostrarlo”, asegura el científico ruso Víctor Poselov. Poselov basa su optimismo en el material geofísico recabado por los batiscafos “Mir-1″ y “Mir-2″.

Estos ingenios, con tres ocupantes a bordo cada uno, se posaron a principios de agosto en el fondo marino del Ártico, donde depositaron una bandera rusa. Las autoridades del país ya preparan una nueva expedición que partirá en noviembre.

Por su parte, Canadá tiene previsto construir un nuevo puerto de aguas profundas y una base de adiestramiento militar para climas fríos en Resolute Bay, un remoto asentamiento esquimal en el extremo noreste del país, según ha anunciado Stephen Harper, primer ministro canadiense.

El problema de la propiedad

Harper ha defendido además recientemente las reivindicaciones canadienses sobre el Pasaje del Noroeste, un tramo de océano helado en el Ártico que conecta el Atlántico y el Pacífico. Estados Unidos, la Unión Europea (UE) y Rusia lo consideran aguas internacionales. Dinamarca, mientras tanto, acaba de enviar una misión a la zona para demostrar que el “espinazo” de Lomonosov es, en realidad, continuación de Groenlandia, bajo soberanía danesa.

“La dificultad para establecer la propiedad estriba en que, a diferencia de la Antártida, que es un continente, el Ártico es un océano helado, sujeto al régimen de las aguas”, apunta Antonio Remiro, catedrático de Derecho Internacional de la Universidad Autónoma de Madrid. “Sin embargo, el deshielo y los avances tecnológicos están provocando un cambio en la geopolítica de la región. En este nuevo decorado, los países ribereños podrán reclamar sus derechos sobre la plataforma continental residual que está más allá de su jurisdicción”, añade Remiro.

Desde Greenpeace España, su responsable contra el cambio climático, Raquel Montón, denuncia que se aproveche el deshielo de la región -que se está produciendo tres veces más rápido de lo previsto- para conseguir más combustibles fósiles y seguir destruyendo el planeta. “El Ártico, un ecosistema frágil y vital para la salud de la Tierra, debería ser inexpugnable. Pero la legislación es muy laxa al tratarse de un océano helado”, se lamenta.

El Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA) subrayó la necesidad de fortalecer la gobernanza y la gestión para evitar que la demanda de recursos naturales dañe el frágil ecosistema del Ártico.

En su informe anual sobre el medio ambiente, el PNUMA indicó que la desaparición del hielo ártico facilita el acceso a los recursos naturales como el gas y el petróleo, lo cual provoca el aumento de la actividad humana.

En 2012, la capa de hielo ártico alcanzó un mínimo de casi tres millones y medio de kilómetros cuadrados, la mitad del promedio registrado en las décadas de los años 80 y 90.

Por su parte, el director del PNUMA, Achim Steiner, advirtió que el derretimiento del hielo ártico está causando una demanda de los propios combustibles fósiles que fueron los primeros responsables del deshielo.

Agregó que el retroceso del hielo también provoca que la ruta marina septentrional y el pasaje del noroeste se abran a la navegación en ciertas épocas del año, lo que aumentaría el impacto medioambiental.

¿Será el Ártico el escenario de una nueva “Fiebre del oro” del S.XXI?

 

 

¿Por qué China frena el comercio de ‘tierras raras’?

Autora: Eva Valera.

Fuente: www.unitedexplanations.org. 26/06/2012.

El nuevo (hasta el siguiente) conflicto que enfrenta a China con a EEUU, Europa y Japón tiene como objeto una serie de elementos químicos llamados “tierras raras” -“rare earths” en inglés-, cuya oferta internacional controla China a su antojo.

Qué son las tierras raras y por qué todos las quieren

La tabla periódica cuenta con un conjunto de 17 elementos químicos conocidos como  tierras raras. Estos componentes, sumados al molibdeno y al tungsteno, tienen unas propiedades únicas, como son el magnetismo, la resistencia térmica y la fosforescencia. La amplia gama de aplicaciones va desde imanes, cerámicas, polvos abrasivos especiales, material óptico, equipamiento médico o turbinas para energía eólica hasta bombillas más eficientes en energía, pantallas LED, lentes de cámaras y discos duros, por ejemplo. Estos sectores de producción son estratégicos para muchos países de todo el mundo que persiguen basar su economía en la producción de alto valor añadido, que son los que a su vez se pueden vender a mayor precio. Y aunque las tierras raras representan una muy pequeña fracción del producto final, son imprescindibles. Por esta razón, las industrias de estos sectores necesitan una cierta seguridad (o protección) en la oferta. Si China usa su comercio como ‘arma’, las empresas deberán operar en un entorno hostil y con más riesgo.

Por esta razón los países desarrollados, entre ellos Estados Unidos, los países fuertes de la Unión Europea (UE) y Japón, a los que últimamente se les ha sumado Canadá, se oponen a cualquier tipo de restricción a la exportación por parte de China sobre estos productos. Y es exactamente la misma razón por la que China quiere imponerlas.

La queja

El pasado 30 de enero, el Cuerpo de Resolución de Disputas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) decidió en contra de China en un caso de aranceles y cuotas a la exportación de algunos minerales industriales. China es miembro de la OMC desde septiembre de 2001. EE.UU., miembro desde 1995, había pedido la eliminación total del sistema de cuotas a la exportación y una reducción en los aranceles. Esta victoria ha dado alas a EE.UU., la UE,Japón y Canadá para, de manera separada pero coordinada, elevar una queja en relación a la restricción del comercio internacional de tierras raras, tungsteno y molibdeno.

Por su parte, China dice que estas restricciones, que se imponen en la forma de aranceles a la exportación, cuotas, licencias y requerimientos de un precio mínimo de exportación, se han “creado después de considerar la habilidad del entorno de asegurar una oferta efectiva de metales de tierras raras”, por lo que cumplen con el art. XX del GATT, según el cual se permiten medidas de restricción del comercio si su objetivo es la conservación del medio ambiente. Esta es una excepción al art. XI del GATT, que de manera general prohíbe las restricciones cuantitativas.

Lo que se debe esclarecer es si realmente la protección del medio ambiente es la principal razón por la que se imponen estas restricciones, o si es meramente una excusa. Sea como sea, China lo tiene difícil en la disputa de la OMC; si el objetivo es la conservación y protección del medio ambiente, las medidas en comercio deben ir acompañadas de medidas en materia de producción y consumo, y por ahora estas medidas todavía no se han impuesto. China se defiende diciendo que tiene planes para poder imponer estas medidas domésticas en un futuro cercano, pero que les está llevando más tiempo del previsto debido a una serie de dificultades internas. Ahora la OMC debe decidir si acepta esta explicación o no.

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El control de las aguas en el lago Malawi.

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Fuente: elordenmundial.com, 15/04/2015.

El lago Malawi, también conocido como Nyasa, es el último de los lagos que forman parte de la falla del Rift; tiene una longitud aproximada de 560 km y una anchura que alcanza los 75 km, abarcando una superficie total de 29.600 Km⊃2;. Sus aguas se encuentran rodeadas por tres países con intereses muy diversos: Tanzania, Malawi y Mozambique, que incluso han llegado a enfrentarse en el pasado por cuestiones fronterizas.

Desde hace décadas el control de sus aguas y la delimitación de las fronteras han convertido al lago en una zona caliente. Mientras que Tanzania y Malawi reconocen las fronteras de Mozambique, estos dos países llevan enzarzados en una disputa desde la época de las independencias. Malawi considera que todo el lago le pertenece, incluidas las aguas de la costa de Tanzania. Por otro lado, el país tanzano ha declarado la necesidad de reconsiderar las fronteras y mover la línea divisoria de ambos países al centro del lago con el objetivo de hacer una división equitativa del lago y el uso de sus aguas.

Este conflicto, que lleva activo varias décadas, afecta a más de dos millones de personas que dependen directamente del tercer lago más grande de África tanto para el transporte y la alimentación como para otras necesidades básicas. Estas comunidades que viven en torno al lago y que dependen del mismo llevan décadas esperando una solución al conflicto. Esta disputa se encuadra en los crecientes litigios en torno al agua que están aumentando en todo el mundo y sobre todo en el continente africano. Boutros Boutros Ghali, ex secretario general de la ONU, ya avisó del creciente peligro de estas guerras por el agua, llegando a declarar que “la próxima guerra en la región será a propósito de las aguas del Nilo y no por una cuestión política”. Sin embargo, la creencia fundada del gobierno de Malawi de que bajo el lago existen depósitos de petróleo ha hecho saltar las alarmas del gobierno de Tanzania. Parece que esta disputa no es sólo un nuevo modelo de conflicto por el agua, sino un conflicto tradicional más por el control del petróleo.

Descubrimiento y colonización del lago Malawi

El choque en el lago Malawi es producto directo de las fronteras que los europeos dejaron en el continente africano tras la invasión, partición y colonización de África. Por ello, en esta región vamos a encontrarnos con una triple frontera. Sin embargo, antes de la ocupación de facto de los territorios circundantes al lago hubo un periodo de exploración y “descubrimientos”. Tenemos que pensar que aún en el siglo XIX África era el gran desconocido de Europa: a pesar de que llevaban varios siglos en contacto directo a través del Sáhara o de los océanos, los europeos nunca habían tratado de penetrar hacia el interior, estableciéndose siempre en regiones costeras o en las islas próximas a la costa.

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Geopolítica en el entorno del Mar Negro.

Autor: · 30 ene, 2015

Fuente:  elordenmundial.com

A simple vista, la región del Mar Negro parece ocupar un área relativamente pequeña y cerrada. Este mar interior que separa Europa oriental de Asia occidental, conecta con el Mar Egeo y el Mediterráneo a través del Mar de Mármara mediante los estrechos turcos, el Bósforo y posteriormente el de los Dardanelos, además de estar conectado también al pequeño Mar de Azov en forma de apéndice por el estrecho de Kerch. En el medio terrestre se encuentra limitado por los Montes Pónticos en el sur y el Cáucaso por el este, mientras que cuenta con una amplia plataforma hacia el noroeste. 

Actualmente seis países con reconocimiento internacional bordean este mar con sus costas: Turquía, Bulgaria, Rumanía, Ucrania, Rusia y Georgia. La cercana Moldavia y las repúblicas caucásicas de Armenia y Arzebaiyán están ampliamente reconocidas como actores participantes, además de Grecia, e incluso en múltiples ocasiones se tiene en cuenta a Albania por su conexión con la región. El citado estrecho del Bósforo es la única salida de tráfico marítimo al exterior de cuatro países: Bulgaria, Rumania, Ucrania y Georgia, mientras que Rusia y Turquía tienen puertos comerciales y salida al exterior por otros mares. 

Punto de encuentro entre pueblos y civilizaciones

Es la desembocadura de grandes ríos europeos como el Danubio, y sus aguas más profundas tienen bajos niveles de oxígeno y en consecuencia, no existe apenas vida de especies marinas a partir de los 200 metros de profundidad. Si a esta cuestión se le suma además el hecho de que la industria pesquera ha sido prácticamente devastada por la contaminación llegada por vía fluvial, aumenta la importancia de otros valores que tendrán su impacto en el juego geopolítico de la región. El primero se relaciona con la energía, ya que posee una importante fuente de recursos energéticos como petróleo y gas natural, pero más importante es el hecho de ser cauce y vía de salida de los recursos energéticos del Mar Caspio como corredor de tránsito hacia Europa y otros destinos del continente. El segundo será la existencia de diversos conflictos regionales, algunos congelados desde hace décadas y otros latentes en la actualidad, con  disputas territoriales y con estados no reconocidos.

Tradicionalmente, el Mar Negro ha sido un nexo de unión que ha servido de puente en las rutas de comercio y un lugar de tránsito de recursos energéticos, pero a su vez es una zona tapón y una frontera entre Europa y Asia donde convergen cristianismo e islam, o el pueblo eslavo y el pueblo turco. Históricamente también, la región ha servido de punto de confrontación de grandes civilizaciones como Grecia, Roma o Bizancio, y un objeto de deseo de los grandes imperios que han pugnado a lo largo de la historia por convertirlo en un mar interior de sus territorios: los persas, el imperio otomano o el zarista. Estos dos últimos se enfrentaron en mitad del siglo XIX en la guerra de Crimea, con la participación de otros imperios europeos como el inglés y el francés a favor de los turcos. En la historia reciente, salvo en el sur y los estrechos dominados por Turquía, la URSS ejercía una posición dominante sobre el Mar Negro, pese a existir cierta tensión entre bloques en una confrontación entre los países del Pacto de Varsovia y OTAN.

Artículo completo: elordenmundial.com