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La globalización de la salud y la desigualdad

Fuente: esglobal.org24 junio 2015

Autor:  Rafael Vilasanjuan.

En el momento en que la comunidad internacional evalúa si hemos cumplido los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), lo primero que podemos constatar es que, desde que éstos se definieron, la agenda de salud global ha sufrido una transformación profunda. De aquellas promesas cuya misión era evitar las muertes prevenibles en países de renta baja, el interés ha girado, en poco más de una década, hacia inquietudes mucho más cercanas. Los recortes en los sistemas de salud en los países del Estado de bienestar, la falta de investigación para dar respuesta a la creciente resistencia a antibióticos o el inaccesible precio de los medicamentos innovadores para curar enfermedades como la hepatitis C desvelan una realidad nueva. El mundo iniciaba el siglo XXI con los objetivos de desarrollo más ambiciosos hasta el momento, pero solo unos años después las prioridades han cambiado y ya no hablan únicamente de países pobres, sino de hacer frente también a los excluidos en las economías desarrolladas.

Los Objetivos del Milenio, especialmente en el terreno de la salud global y particularmente en el de las enfermedades infecciosas, no se plantearon como objetivos menores. Tomemos, por ejemplo, el capítulo de mortalidad infantil. El número de niños que no alcanzaba los cinco años de vida se ha reducido enormemente, pasando de 12 millones de muertes anuales en los 90 a la mitad en la actualidad (en 2013 la cifra se cerró en 6,3 millones). Aunque la promesa era recortar las muertes en dos tercios, un objetivo que no se ha alcanzado, considerarlo insuficiente sería injusto.

Algo similar podríamos decir de las tres grandes enfermedades infecciosas. La lucha contra el sida ha logrado estabilizar una curva ascendente de infecciones. En 2010, el número de personas viviendo con el virus del VIH era de unos 34 millones, casi un 20% más de los registrado en 2000, pero este aumento se debe a que los enfermos han dejado de morir. La mortalidad por causas relacionadas con esta enfermedad ha ido disminuyendo significativamente desde que en 2000 alcanzara su máximo en más de dos millones. La lucha contra la malaria también ha registrado un descenso de casi el 30% en el número de víctimas mortales durante la última década. El avance en casi todas las enfermedades infecciosas, incluso en aquellas que consideramos en el epígrafe de desatendidas, ha sido considerable gracias a diversos factores. La irrupción de nueva filantropía, con la Fundación Bill y Melinda Gates a la cabeza, la promoción de nuevos mecanismos de financiación, como el Fondo Mundial contra el sida, la malaria y la tuberculosis, o el desarrollo de la innovación para hacerla accesible a las poblaciones más vulnerables, junto con el compromiso político y en el marco de unos objetivos globales, han sido determinantes.

A pesar de que no hemos cumplido muchas de las promesas ni alcanzado todos los resultados esperados, podemos afirmar que los Objetivos del Milenio han funcionado. La zanahoria con la que el motor de desarrollo global arrancó, pese a no alcanzar su recorrido óptimo, ha permitido un progreso sustancial y, con todas sus limitaciones, no hay duda de que hemos asistido a la década más ambiciosa en cuanto a la mejora de la salud global. La cuestión es ahora saber si esos tiempos han pasado.

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La fiebre del Ártico.

Fuente: elordenmundial.com

Autor: Juan Pérez Ventura.

Aunque pueda parecer un lugar marginado, apartado del centro del Mundo, alejado de las zonas estratégicas donde tienen lugar las relaciones importantes a nivel internacional, lo cierto es que el Ártico se ha vuelto a descubrir como un punto geoestratégico, y en el que confluyen tantos intereses económicos como fronteras de países.

Los dos mayores beneficiados del descubrimiento de nuevos yacimientos de gas y petróleo son Rusia y Canadá, aunque son algunos más los países que se disputan los recursos naturales que esconde el Ártico. Se calcula que en la región hay 10.000 millones de toneladas de hidrocarburos.

La fiebre por el “oro negro” se ha desatado en el Océano Glacial Ártico para pesadilla de las organizaciones ecologistas. Cinco países -Rusia, EE.UU., Noruega, Dinamarca y Canadá- tienen intereses en la región, que esconde, según los rusos, 10.000 millones de toneladas de hidrocarburos.

En total, se estima que un 25% de las reservas mundiales sin descubrir de petróleo y gas se encuentran allí. “Hemos obtenido pruebas suficientes para demostrarlo”, asegura el científico ruso Víctor Poselov. Poselov basa su optimismo en el material geofísico recabado por los batiscafos “Mir-1″ y “Mir-2″.

Estos ingenios, con tres ocupantes a bordo cada uno, se posaron a principios de agosto en el fondo marino del Ártico, donde depositaron una bandera rusa. Las autoridades del país ya preparan una nueva expedición que partirá en noviembre.

Por su parte, Canadá tiene previsto construir un nuevo puerto de aguas profundas y una base de adiestramiento militar para climas fríos en Resolute Bay, un remoto asentamiento esquimal en el extremo noreste del país, según ha anunciado Stephen Harper, primer ministro canadiense.

El problema de la propiedad

Harper ha defendido además recientemente las reivindicaciones canadienses sobre el Pasaje del Noroeste, un tramo de océano helado en el Ártico que conecta el Atlántico y el Pacífico. Estados Unidos, la Unión Europea (UE) y Rusia lo consideran aguas internacionales. Dinamarca, mientras tanto, acaba de enviar una misión a la zona para demostrar que el “espinazo” de Lomonosov es, en realidad, continuación de Groenlandia, bajo soberanía danesa.

“La dificultad para establecer la propiedad estriba en que, a diferencia de la Antártida, que es un continente, el Ártico es un océano helado, sujeto al régimen de las aguas”, apunta Antonio Remiro, catedrático de Derecho Internacional de la Universidad Autónoma de Madrid. “Sin embargo, el deshielo y los avances tecnológicos están provocando un cambio en la geopolítica de la región. En este nuevo decorado, los países ribereños podrán reclamar sus derechos sobre la plataforma continental residual que está más allá de su jurisdicción”, añade Remiro.

Desde Greenpeace España, su responsable contra el cambio climático, Raquel Montón, denuncia que se aproveche el deshielo de la región -que se está produciendo tres veces más rápido de lo previsto- para conseguir más combustibles fósiles y seguir destruyendo el planeta. “El Ártico, un ecosistema frágil y vital para la salud de la Tierra, debería ser inexpugnable. Pero la legislación es muy laxa al tratarse de un océano helado”, se lamenta.

El Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA) subrayó la necesidad de fortalecer la gobernanza y la gestión para evitar que la demanda de recursos naturales dañe el frágil ecosistema del Ártico.

En su informe anual sobre el medio ambiente, el PNUMA indicó que la desaparición del hielo ártico facilita el acceso a los recursos naturales como el gas y el petróleo, lo cual provoca el aumento de la actividad humana.

En 2012, la capa de hielo ártico alcanzó un mínimo de casi tres millones y medio de kilómetros cuadrados, la mitad del promedio registrado en las décadas de los años 80 y 90.

Por su parte, el director del PNUMA, Achim Steiner, advirtió que el derretimiento del hielo ártico está causando una demanda de los propios combustibles fósiles que fueron los primeros responsables del deshielo.

Agregó que el retroceso del hielo también provoca que la ruta marina septentrional y el pasaje del noroeste se abran a la navegación en ciertas épocas del año, lo que aumentaría el impacto medioambiental.

¿Será el Ártico el escenario de una nueva “Fiebre del oro” del S.XXI?

 

 

¿Por qué China frena el comercio de ‘tierras raras’?

Autora: Eva Valera.

Fuente: www.unitedexplanations.org. 26/06/2012.

El nuevo (hasta el siguiente) conflicto que enfrenta a China con a EEUU, Europa y Japón tiene como objeto una serie de elementos químicos llamados “tierras raras” -“rare earths” en inglés-, cuya oferta internacional controla China a su antojo.

Qué son las tierras raras y por qué todos las quieren

La tabla periódica cuenta con un conjunto de 17 elementos químicos conocidos como  tierras raras. Estos componentes, sumados al molibdeno y al tungsteno, tienen unas propiedades únicas, como son el magnetismo, la resistencia térmica y la fosforescencia. La amplia gama de aplicaciones va desde imanes, cerámicas, polvos abrasivos especiales, material óptico, equipamiento médico o turbinas para energía eólica hasta bombillas más eficientes en energía, pantallas LED, lentes de cámaras y discos duros, por ejemplo. Estos sectores de producción son estratégicos para muchos países de todo el mundo que persiguen basar su economía en la producción de alto valor añadido, que son los que a su vez se pueden vender a mayor precio. Y aunque las tierras raras representan una muy pequeña fracción del producto final, son imprescindibles. Por esta razón, las industrias de estos sectores necesitan una cierta seguridad (o protección) en la oferta. Si China usa su comercio como ‘arma’, las empresas deberán operar en un entorno hostil y con más riesgo.

Por esta razón los países desarrollados, entre ellos Estados Unidos, los países fuertes de la Unión Europea (UE) y Japón, a los que últimamente se les ha sumado Canadá, se oponen a cualquier tipo de restricción a la exportación por parte de China sobre estos productos. Y es exactamente la misma razón por la que China quiere imponerlas.

La queja

El pasado 30 de enero, el Cuerpo de Resolución de Disputas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) decidió en contra de China en un caso de aranceles y cuotas a la exportación de algunos minerales industriales. China es miembro de la OMC desde septiembre de 2001. EE.UU., miembro desde 1995, había pedido la eliminación total del sistema de cuotas a la exportación y una reducción en los aranceles. Esta victoria ha dado alas a EE.UU., la UE,Japón y Canadá para, de manera separada pero coordinada, elevar una queja en relación a la restricción del comercio internacional de tierras raras, tungsteno y molibdeno.

Por su parte, China dice que estas restricciones, que se imponen en la forma de aranceles a la exportación, cuotas, licencias y requerimientos de un precio mínimo de exportación, se han “creado después de considerar la habilidad del entorno de asegurar una oferta efectiva de metales de tierras raras”, por lo que cumplen con el art. XX del GATT, según el cual se permiten medidas de restricción del comercio si su objetivo es la conservación del medio ambiente. Esta es una excepción al art. XI del GATT, que de manera general prohíbe las restricciones cuantitativas.

Lo que se debe esclarecer es si realmente la protección del medio ambiente es la principal razón por la que se imponen estas restricciones, o si es meramente una excusa. Sea como sea, China lo tiene difícil en la disputa de la OMC; si el objetivo es la conservación y protección del medio ambiente, las medidas en comercio deben ir acompañadas de medidas en materia de producción y consumo, y por ahora estas medidas todavía no se han impuesto. China se defiende diciendo que tiene planes para poder imponer estas medidas domésticas en un futuro cercano, pero que les está llevando más tiempo del previsto debido a una serie de dificultades internas. Ahora la OMC debe decidir si acepta esta explicación o no.

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El control de las aguas en el lago Malawi.

Autor: 

Fuente: elordenmundial.com, 15/04/2015.

El lago Malawi, también conocido como Nyasa, es el último de los lagos que forman parte de la falla del Rift; tiene una longitud aproximada de 560 km y una anchura que alcanza los 75 km, abarcando una superficie total de 29.600 Km⊃2;. Sus aguas se encuentran rodeadas por tres países con intereses muy diversos: Tanzania, Malawi y Mozambique, que incluso han llegado a enfrentarse en el pasado por cuestiones fronterizas.

Desde hace décadas el control de sus aguas y la delimitación de las fronteras han convertido al lago en una zona caliente. Mientras que Tanzania y Malawi reconocen las fronteras de Mozambique, estos dos países llevan enzarzados en una disputa desde la época de las independencias. Malawi considera que todo el lago le pertenece, incluidas las aguas de la costa de Tanzania. Por otro lado, el país tanzano ha declarado la necesidad de reconsiderar las fronteras y mover la línea divisoria de ambos países al centro del lago con el objetivo de hacer una división equitativa del lago y el uso de sus aguas.

Este conflicto, que lleva activo varias décadas, afecta a más de dos millones de personas que dependen directamente del tercer lago más grande de África tanto para el transporte y la alimentación como para otras necesidades básicas. Estas comunidades que viven en torno al lago y que dependen del mismo llevan décadas esperando una solución al conflicto. Esta disputa se encuadra en los crecientes litigios en torno al agua que están aumentando en todo el mundo y sobre todo en el continente africano. Boutros Boutros Ghali, ex secretario general de la ONU, ya avisó del creciente peligro de estas guerras por el agua, llegando a declarar que “la próxima guerra en la región será a propósito de las aguas del Nilo y no por una cuestión política”. Sin embargo, la creencia fundada del gobierno de Malawi de que bajo el lago existen depósitos de petróleo ha hecho saltar las alarmas del gobierno de Tanzania. Parece que esta disputa no es sólo un nuevo modelo de conflicto por el agua, sino un conflicto tradicional más por el control del petróleo.

Descubrimiento y colonización del lago Malawi

El choque en el lago Malawi es producto directo de las fronteras que los europeos dejaron en el continente africano tras la invasión, partición y colonización de África. Por ello, en esta región vamos a encontrarnos con una triple frontera. Sin embargo, antes de la ocupación de facto de los territorios circundantes al lago hubo un periodo de exploración y “descubrimientos”. Tenemos que pensar que aún en el siglo XIX África era el gran desconocido de Europa: a pesar de que llevaban varios siglos en contacto directo a través del Sáhara o de los océanos, los europeos nunca habían tratado de penetrar hacia el interior, estableciéndose siempre en regiones costeras o en las islas próximas a la costa.

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Geopolítica en el entorno del Mar Negro.

Autor: · 30 ene, 2015

Fuente:  elordenmundial.com

A simple vista, la región del Mar Negro parece ocupar un área relativamente pequeña y cerrada. Este mar interior que separa Europa oriental de Asia occidental, conecta con el Mar Egeo y el Mediterráneo a través del Mar de Mármara mediante los estrechos turcos, el Bósforo y posteriormente el de los Dardanelos, además de estar conectado también al pequeño Mar de Azov en forma de apéndice por el estrecho de Kerch. En el medio terrestre se encuentra limitado por los Montes Pónticos en el sur y el Cáucaso por el este, mientras que cuenta con una amplia plataforma hacia el noroeste. 

Actualmente seis países con reconocimiento internacional bordean este mar con sus costas: Turquía, Bulgaria, Rumanía, Ucrania, Rusia y Georgia. La cercana Moldavia y las repúblicas caucásicas de Armenia y Arzebaiyán están ampliamente reconocidas como actores participantes, además de Grecia, e incluso en múltiples ocasiones se tiene en cuenta a Albania por su conexión con la región. El citado estrecho del Bósforo es la única salida de tráfico marítimo al exterior de cuatro países: Bulgaria, Rumania, Ucrania y Georgia, mientras que Rusia y Turquía tienen puertos comerciales y salida al exterior por otros mares. 

Punto de encuentro entre pueblos y civilizaciones

Es la desembocadura de grandes ríos europeos como el Danubio, y sus aguas más profundas tienen bajos niveles de oxígeno y en consecuencia, no existe apenas vida de especies marinas a partir de los 200 metros de profundidad. Si a esta cuestión se le suma además el hecho de que la industria pesquera ha sido prácticamente devastada por la contaminación llegada por vía fluvial, aumenta la importancia de otros valores que tendrán su impacto en el juego geopolítico de la región. El primero se relaciona con la energía, ya que posee una importante fuente de recursos energéticos como petróleo y gas natural, pero más importante es el hecho de ser cauce y vía de salida de los recursos energéticos del Mar Caspio como corredor de tránsito hacia Europa y otros destinos del continente. El segundo será la existencia de diversos conflictos regionales, algunos congelados desde hace décadas y otros latentes en la actualidad, con  disputas territoriales y con estados no reconocidos.

Tradicionalmente, el Mar Negro ha sido un nexo de unión que ha servido de puente en las rutas de comercio y un lugar de tránsito de recursos energéticos, pero a su vez es una zona tapón y una frontera entre Europa y Asia donde convergen cristianismo e islam, o el pueblo eslavo y el pueblo turco. Históricamente también, la región ha servido de punto de confrontación de grandes civilizaciones como Grecia, Roma o Bizancio, y un objeto de deseo de los grandes imperios que han pugnado a lo largo de la historia por convertirlo en un mar interior de sus territorios: los persas, el imperio otomano o el zarista. Estos dos últimos se enfrentaron en mitad del siglo XIX en la guerra de Crimea, con la participación de otros imperios europeos como el inglés y el francés a favor de los turcos. En la historia reciente, salvo en el sur y los estrechos dominados por Turquía, la URSS ejercía una posición dominante sobre el Mar Negro, pese a existir cierta tensión entre bloques en una confrontación entre los países del Pacto de Varsovia y OTAN.

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Los recursos naturales como financiación de conflictos

Minero en el distrito de Kono, Sierra Leona, buscando diamantes [Foto: USAID Guinea vía Wikipedia]

Autor: Victoria Silva, 11/03/2015.

Fuente: www.unitedexplanations.org

En las últimas décadas se ha dado un aumento constante de la importancia del medio ambiente en los conflictos. Es más, la utilización económica de los recursos naturales de los que disponen algunos países ha contribuido a la prolongación de los mismos, prolongando de la misma manera el sufrimiento de las poblaciones.

Diamantes, oro, uranio, petróleo, maderas preciosas, minerales e, incluso, el tráfico de narcóticos son algunas de las materias que ayudan a la financiación de estos conflictos. El Día Internacional para la Prevención de la Explotación del Medio Ambiente en la Guerra y los Conflictos Armados (6 de noviembre) proclamado por Naciones Unidas nos recuerda la necesidad de considerar esta dimensión en las estrategias de prevención, transformación y resolución de conflictos.

Los conflictos en la Posguerra Fría y los recursos naturales

Con la caída de la Unión Soviética y el fin del conflicto bipolar la ayuda militar que existía por parte de los bloques hacia sus aliados se desvaneció. Muchos movimientos y grupos rebeldes así como los gobiernos existentes (legítimos o no) en ese momento en cada país tuvieron que ingeniárselas para conseguir los recursos económicos que les permitieran proseguir los enfrentamientos. En este momento de incertidumbre, en muchos de estos conflictos se llegó a treguas y acuerdos de alto el fuego, como sucedió en Angola, cuando la UNITA consiguió hacerse con los yacimientos de diamantes y explotarlos de forma beneficiosa. Estas situaciones fueron aprovechadas por los distintos grupos armados para reorganizarse y buscar nuevas fuentes de financiación. Las hallaron en sus propias tierras: los recursos naturales que esconde bajo su suelo el continente africano y también el asiático, si bien no son las causas inmediatas de las guerras, sí contribuyen de forma fundamental a la perpetuación de estos conflictos.

En esta prolongación de la duración de los conflictos hay ganadores y perdedores. La población civil continúa sufriendo las calamidades, violaciones de derechos humanos, emergencias humanitarias y desplazamientos mientras que los señores de la guerra y sus secuaces se lucran de esta extensión de los enfrentamientos. Los señores de la guerra se vuelven los verdaderos protagonistas de esta economía de guerra, acaparando fortunas personales. Sin embargo, el fin de la violencia no es posible porque acabaría con sus recién creados imperios ya que, tal y como señala Mats Berdal en How “New” are “New Wars”? Global Economic Change and the Study of Civil War (2003), “no se trata de ganar, sino de legitimar acciones que en tiempos de paz serían castigadas como delito”.

La teoría del ‘Greed & grievance’

Existe un enfoque para aproximarse al estudio de las causas de los conflictos que se ha denominado ‘greed & grievance‘ (codicia y agravio). Este debate académico responde a la diferencia entre aquellos que consideran que lo principal en el día de hoy al explicar las causas de los conflictos es estudiar los aspectos económicos, mientras que otros señalan que no es posible ceñirse a este sólo aspecto y que no tener en cuenta los agravios políticos, étnicos, religiosos, etc. puede tener consecuencias desastrosas a la hora de planificar estrategias de resolución de conflictos.

Source: www.unitedexplanations.org

 

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