La base del Imperio británico no fue el oro, sino la comida.

Trabajadoras en una plantación de té india del distrito de Sonitpur. India es el segundo productor de té mundial después de China. (Biju Boro/AFP/Getty Images)

Autor: Francis Ghilès. 30/10/2017

Fuente: esglobal.org

A través de 20 comidas, The Hungry Empire, una fascinante aportación a la historia del Imperio británico, nos narra cómo los británicos crearon una red mundial de comercio de alimentos que transportó a personas y plantas de un continente a otro y transformó los paisajes y los gustos culinarios como no ha hecho ningún otro imperio antes ni después. Permitió a Gran Bretaña controlar los recursos comestibles del planeta, desde el bacalao y la carne en salazón hasta las especias, el té y el azúcar. Al llegar al siglo XX, el pan que comía el trabajador corriente se hacía con trigo cultivado en Canadá y la pierna de cordero de los domingos procedía de animales criados en las praderas de Nueva Zelanda.

Al contrario de lo que piensan muchos, el Imperio no se construyó para obtener oro, plata ni piedras preciosas, sino comida. El impulso comercial de los primeros tiempos de la era Tudor y la necesidad de alimentar a la población empujaron a Gran Bretaña a emprender grandes exploraciones y a expandirse para descubrir alimentos cada vez más exóticos. The Hungry Empire se complementa muy bien con A Thirst for Empire. La afición al té generó nuevas normas laborales y una red económica mundial que transformó la cultura del té en China, estimuló las plantaciones en África y el sur de Asia y llevó las hojas de té hasta las mesas y las tiendas de Gran Bretaña.

Lizzie Collingham destaca que la historia de las exploraciones marinas suele centrarse en la búsqueda de las especias, pero que “los pescadores de bacalao de los condados occidentales fueron los primeros ingleses que aprendieron sobre las corrientes y los vientos del Atlántico, unos conocimientos que después ayudaron a los exploradores que salían en busca de una ruta marina hacia las islas de las especias”. La necesidad de buscar nuevos lugares en los que pescar bacalao les llevó a la costa este de Norteamérica, desde donde lo transportaban a Inglaterra, para la recién nacida Royal Navy, y más al sur, a las Islas Canarias, las Azores y España, donde se cambiaba por vino. Estos intercambios convirtieron a Bristol en el centro de una nueva ruta comercial.

Ante la perspectiva de que Amberes no lograra recuperarse de la crisis económica sufrida en la década de 1550, los mercaderes ingleses, que hasta entonces habían dependido de sus contactos europeos para tener acceso a mercancías lejanas, empezaron a buscar rutas directas con los mercados más remotos. Utilizaron la plata española obtenida de la venta de bacalao en salazón para financiar rutas comerciales al Levante, Moscovia y la India Oriental. Entre 1570 y 1689, Inglaterra multiplicó por siete el volumen de su comercio marítimo y se convirtió en una gran potencia marina europea. “Como alimento fácil de transportar y como moneda de cambio, el ‘pobre juan’ (como se denominaba al bacalao) fue uno de los cimientos del Imperio británico”. El bacalao seco y salado era una alternativa barata a la carne. Si se cocinaba mal, era imposible de masticar, pero viajaba bien y duraba mucho tiempo. Para alimentar a la armada de Enrique VIII hacían falta 200.000 bacalaos desecados al año. Al comenzar el siglo XVII, partían ya 100 barcos anuales de los condados occidentales a Terranova, cuyas aguas estaban rebosantes de peces.

Las vastas redes comerciales del primer imperio inglés, del siglo XVI al XVIII, dieron pie al desarrollo de una nueva clase: financieros, empresarios y mercaderes. Su riqueza, procedente del comercio en lugar de la tierra, les dio el poder político y económico suficiente para desafiar a la aristocracia terrateniente y preparó el terreno para la Revolución Industrial y el Imperio británico de los siglos XIX y XX.

Cada capítulo de The Hungry Empire comienza con una comida. Desde la de una familia rural en la Inglaterra del siglo XVIII, en la que los cercamientos han engendrado una masa de pobres sin tierras pero en la que hasta las pequeñas tiendas de pueblo almacenan azúcar, cacao y tejidos indios, a la de esclavos africanos que se alimentan de acederas y berros en una plantación de arroz de Carolina del Norte.

En torno a una selección de comidas notables de diversos continentes y varios siglos, compartimos una iguana al curry con los mineros de diamantes en Guyana, brindamos con ponche de ron junto a los revolucionarios de Norteamérica y compartimos el bacalao en salazón de la última comida de los marineros del Mary Rose (la nave almirante de Enrique VIII). Cada capítulo es un auténtico thriller que mezcla la historia económica y la historia política con los relatos personales y una aguda descripción de los escenarios. Ilustra maravillosamente el ascenso del azúcar, la perspectiva distinta sobre la construcción del Imperio y su papel decisivo en la configuración de la dieta moderna. Cada cosa que comemos hoy contiene una pizca de Imperio.

En el siglo XVII, prácticamente todos los pagos que se hacían en el comercio en el Atlántico tenían que ver, al final, con el azúcar. Los dueños de las plantaciones de azúcar en las Indias Occidentales acumularon grandes riquezas, que gastaban en la importación de bienes de lujo. Los campesinos del oeste de Irlanda, a los que los ingleses habían considerado siempre unos pastores primitivos, prosperaron gracias a la exportación de carne en salazón y mantequilla a las plantaciones. En Inglaterra, productos antes escasos y caros como el cacao, el azúcar y el té se abarataron y pasaron a formar parte esencial de la dieta del pobre, a menudo con consecuencias desastrosas.

Los pobres urbanos del siglo XIX comían pan de trigo cultivado en América y bebían enormes cantidades de té en vez de la tradicional cerveza, rica en calorías. Mientras tanto, las innovaciones en conservación hicieron que alimentos más exóticos como el salmón y la piña fueran habituales. Las sopas de Crosse & Blackwell y las galletas de Huntley & Palmers, con sus propiedades vitalicias, ayudaban a los oficiales en las regiones más inaccesibles. Los platos tradicionales dejaban paso a los importados, a menudo menos nutritivos.

El libro incluye un vívido relato de cómo la Compañía Británica de las Indias Orientales convertía el opio en té, que sustituyó a los productos textiles como la mercancía más valiosa de la compañía. Las importaciones de té en Inglaterra se multiplicaron por 100 entre 1700 y 1774. De nuevo, este capítulo está lleno de detalles fascinantes y conexiones sorprendentes. Desde la última parte del siglo XVIII hasta el final de la presencia británica en India, en 1947, la venta de opio fue la tercera fuente de ingresos para el Gobierno indio, por detrás de los impuestos sobre las tierras y sobre la sal. La historia del desvío de grandes riquezas de India por parte de la compañía y sus agentes a través del comercio con China se ha contado ya en otros sitios, pero en ningún lugar tan bien como en este libro.

A medida que nos acercamos a las páginas finales de este extraordinario relato, ver cómo se dio prioridad a los ciudadanos británicos mientras morían millones de bengalíes añade una nota sombría. Las reglas comerciales del Imperio “siempre habían estado manipuladas a favor de Gran Bretaña, y la guerra (la Segunda Guerra Mundial) intensificó la explotación del colonialismo y, al mismo tiempo, dejó al descubierto la vaciedad de su retórica”. La idea de que estaban rescatando territorios enteros de la negligencia de sus dueños originales siguió siendo un elemento importante de la ideología idealista británica hasta el final.

Gran Bretaña había aprendido la lección de Estados Unidos y empezó a permitir que los territorios habitados por colonos blancos tuvieran cierto grado de autogobierno y, al final, se convirtieran en naciones industrializadas por derecho propio. Pero en los países poblados por no blancos se pusieron trabas al desarrollo de la fabricación y la industria. La función de las posesiones tropicales era proporcionar materias primas a la metrópolis y, a cambio, absorber los productos fabricados en ella. La consecuencia de esta política a largo plazo fue el retraso en el desarrollo de estos países. Tras la independencia, se encontraron atrapados en ese papel de productores de materias primas, a menudo con unas economías precarias y basadas en uno o dos productos a merced de las fluctuaciones de precios en el mercado mundial.

El sector del té fue uno de los primeros y más firmes usuarios de los recursos imperiales para financiar campañas propagandísticas y de presiones políticas a escala mundial, un modelo comercial que persiste todavía hoy y que es crucial para comprender cómo influyen la política y la propaganda en la economía internacional. Con una serie de recursos que combinan el consumo con la virtud, su tema central, Erika Rappaport cuenta con gran detalle la historia del té, desde sus principios como oscura “bebida china” hasta convertirse en una bebida universal investida de propiedades civilizadoras. Además de estudiar su viaje de Oriente a Occidente, que se ha relatado muchas veces, la autora se centra en su utilización con determinados fines.

A principios del siglo XVIII, el movimiento antialcohólico empezó a propagar el consumo de té porque era un placer que no emborrachaba, y los empresarios recurrieron a ese argumento moral para defender que se comerciara libremente con él y, por consiguiente, hubiera un mercado mayor y más abierto para sus productos textiles. Los dueños de las fábricas estuvieron encantados de defender la causa y contar con una fuerza laboral compuesta por trabajadores sobrios, mientras que el té de los misioneros cristianos sirvió para “suavizar el encuentro colonial”. Durante la Segunda Guerra Mundial, servir el té se convirtió en una actividad social y patriótica que elevaba el ánimo de los soldados y tranquilizaba a los refugiados.

La publicidad de esta bebida siempre presentaba los beneficios directos para los consumidores (salud, energía, relajación), y, al mismo tiempo, se aseguraba a quienes lo bebían que estaban participando en un proyecto más amplio y más noble en defensa de la familia, la nación y la civilización. Gracias a siglos de márketing brillante, el té tiene una imagen universal de que contribuye a crear amistades, que es algo que todos los seres humanos buscan. La autora explica el milagro de los mercados pero también las partes más oscuras del capitalismo: las complejas repercusiones del colonialismo británico. Estos dos libros ofrecen una aproximación magistral a los mecanismos del mundo moderno.

La riqueza global de los residuos plásticos.

Un trabajador separa botellas de plástico en una fábrica de reciclado en Pekín, China. (Guang Niu/Getty Images)

Autor: Carlos Campillos Martínez, 20/04/2018

Fuente: esglobal.org

 

Tras la firma del Acuerdo de París para limitar el calentamiento global y los recientes avances hacia una economía circular, China amenaza con dar un vuelco al comercio de residuos plásticos por la falta de preparación de los países industrializados.

Pese a que el tratamiento de residuos hace una contribución menor a la emisión de gases de efecto invernadero, es un sector que puede convertirse en una actividad que evite emisiones de otros sectores más contaminantes a través de prevención y reutilización de residuos como en el transporte, la agricultura o la producción. Además, según anunció la Comisión Europea ya en 2012, una gestión eficiente y sostenible de los residuos podría ahorrar hasta 72.000 millones de euros, aumentar la riqueza del sector en hasta 42.000 millones y generar más de 400.000 empleos para 2020. Pese a esta oportunidad que ofrece el tratamiento de residuos para minimizar el impacto ambiental que tienen las actividades humanas, las sociedades occidentales han decidido externalizar su tratamiento de residuos a terceros países. ¿Por qué? ¿Con qué finalidad?

En 2012, el Banco Mundial publicó un informe en el que se estimaba que el tratamiento de residuos urbanos suponía entre el 20% y el 50% de los presupuestos municipales. Asimismo, este documento apuntaba que es esperable que, para 2025, la población urbana mundial alcance los 4.300 millones de personas, resultando en una generación de residuos urbanos de 2.200 toneladas por año, con las consecuencias que esto puede suponer para las finanzas municipales a lo largo y ancho del mundo. Además, según Naciones Unidas, las plantas de reciclaje actuales presentan dificultades a la hora de separar de forma automatizada los residuos plásticos para su reutilización, por lo que se suele comprimir en paquetes y se envía a otros países para que trabajadores en los lugares de destino separen los residuos a mano y se procesen en plantas de reciclaje. Así pues, se podría identificar el alto coste de un tratamiento efectivo y eficiente de los residuos como una de las principales causas que llevan a los Estados industrializados a exportar su basura a otros países. ¿Por qué los países en desarrollo importan estos residuos?

Las ciudades de los países en desarrollo están en la vanguardia del crecimiento económico y demográfico, pero también se enfrentan a los importantes retos que esto conlleva en materia de acceso a servicios básicos como la energía, el agua y el saneamiento y, por supuesto, el tratamiento de residuos. De hecho, los mayores vertederos a cielo abierto se encuentran en el mundo en desarrollo, suponiendo graves problemas para la población en materia de salubridad y seguridad pública. Sin embargo, estos residuos suponen la diferencia entre tener algo que llevarse a la boca cada día y la miseria para muchas personas en situación de pobreza y exclusión social. “Todo nuestro desarrollo se ha basado en el plástico”, decía Zheng Min, de un pequeño pueblo de la provincia china de Shandong en unas declaraciones a Financial Times. “Algunos incluso consiguieron amasar una fortuna con el reciclaje e incluso montaron grandes empresas”, afirmaba. En efecto, según la ONG neerlandesa especializada en reciclaje Waste el consumo y desecho de plásticos en las últimas décadas ha visto un repunte en el reciclaje de este material en los países en desarrollo no por cuestiones ambientales, sino por suponer una forma de supervivencia para familias que, de otro modo, no tendrían ingresos.

China es el principal receptor de residuos plásticos del mundo. Según datos del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas, importó en 2016 hasta 7.374.175 toneladas de residuos plásticos por un valor de alrededor de 3.694 millones de dólares (unos 3.000 millones de euros), principalmente de Estados Unidos, Japón y Alemania, pero también de otros vecinos asiáticos como Malasia o Indonesia. En la esfera europea, China es el destino del 87% de las exportaciones de residuos plásticos de la UE, según un informe de la Asociación Internacional de Residuos Sólidos (ISWA, por sus siglas en inglés). Sin embargo, las autoridades chinas han empezado a poner coto a este comercio de residuos, principalmente, por dos razones.

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En primer lugar, el modelo de desarrollo económico del gigante asiático en las últimas décadas ha sido el mayor experimentado por un país y ha sacado de la pobreza a alrededor de 800 millones de personas, según el Banco Mundial. Sólo en los últimos años, la tasa de pobreza ha disminuido significativamente, alcanzando sólo un 1,9% en 2013, mientras que el PIB per cápita de China ha pasado de suponer sólo 80,5 dólares en 1960 a los 8.123,2 de 2016. Este aumento de la clase media china implica también un mayor consumo por hogar y, por tanto, más cantidad de desechos disponibles sin necesidad de importar. La generación de residuos en el país no ha dejado de aumentar desde 2009, llegando a alcanzar los 203 millones de toneladas en 2016.

Por otro lado, la contaminación es uno de los grandes problemas a los que se enfrentan las autoridades chinas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de un millón de chinos murieron en 2016 por causas directamente relacionadas con la contaminación atmosférica. Además, esto no es solo un problema de las grandes ciudades como Pekín o Shanghái, sino que también las regiones menos pobladas, donde mayoritariamente se llevan a cabo las actividades de procesamiento de residuos plásticos, presentan datos alarmantes de contaminación respecto a los estándares marcados por la OMS, tanto en aire como en recursos hídricos y contaminación del suelo. Este problema es también la principal razón que ha marcado el cambio de estrategia de China respecto a la lucha global contra el cambio climático, resultando en su compromiso de firmar y poner en práctica el Acuerdo de París de 2015. La preocupación por reducir los niveles de contaminación ha protagonizado protestas en las calles, condicionadas por la falta de libertades del régimen chino, pero también el discurso oficial del presidente Xi Jinping. En el 19ª Congreso del Partido Comunista Chino, Xi hizo referencia más veces al medio ambiente que a la economía.

Así pues, la mayor disponibilidad de residuos endógenos por un mayor nivel de consumo y la creciente preocupación de las autoridades por la contaminación llevaron a China a notificar a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en julio de 2017 su plan de aprobar una prohibición de importación sobre 24 tipos de residuos, incluyendo los residuos plásticos, así como a proceder a cerrar algunas de las plantas de procesamiento de desechos más contaminantes, como la de Luwang. Esta medida china puede tener impactos globales importantes en el tratamiento de residuos, puesto que los principales exportadores occidentales deberán buscar otros países con los que comerciar sus desechos ante la falta de preparación doméstica para lidiar con la cantidad de desechos que se producen. Por ejemplo, en Estados Unidos, algunas plantas de residuos han dejado de aceptar plásticos debido a una sobrecapacidad provocada por la imposibilidad de exportar a China, recomendando a los vecinos que tiren sus plásticos a la basura convencional. En Reino Unido, el secretario para Medio Ambiente admitió que su país no había preparado un plan de contingencia ante esta situación, lo cual podría llevar a una desmesurada acumulación de residuos, con el consiguiente riesgo para la sostenibilidad y para la salubridad. Todo ello pese a que la decisión de las autoridades chinas no se implementó hasta seis meses después de su anuncio, haciéndose efectiva en enero de 2018. Esto podría afectar de forma similar a otros países como España o México, que enviaron a China el 65% y el 47% de sus exportaciones de residuos, respectivamente.

Por el momento, el Sureste Asiático y, especialmente, India presentan una alternativa para los países desarrollados. En este último, el desarrollo económico está siendo menos imponente que en China, manteniendo en 2011 una tasa de pobreza del 21,2%. India es, además, el segundo importador mundial de residuos, habiendo importado en 2016 hasta 166.859 toneladas de desechos plásticos por un valor de casi 80 millones de dólares. Para muestra un botón: tras el anuncio del gigante asiático de prohibir las importaciones de plástico, las ventas de estos residuos de Estados Unidos a India, Indonesia y Vietnam en 2017 se incrementaron en un 24%, 16% y 229% respectivamente, mientras que las exportaciones a China cayeron un 18%.

Sin embargo, tanto India como los países del Sureste Asiático tienen unas perspectivas de crecimiento positivas, aunque sufren importantes retos medioambientales. Por tanto, no es descabellado pensar que, tarde o temprano, estos países de destino de nuestras exportaciones de basura tomarán medidas similares a las de China. Su impacto real sólo se podrá analizar con el tiempo, pero los países industrializados deben abandonar la visión tradicional que han mantenido hasta ahora de que los países en desarrollo y su mano de obra barata son el mejor destino posible para lidiar con el tratamiento de residuos. Las posibles disrupciones del mercado global de residuos que provoquen las medidas puestas en marcha por Pekín pueden hacer más grave lo evidente: los países en desarrollo deben invertir de forma más eficiente y decidida en sus infraestructuras de procesamiento sostenible de residuos. Además, es necesario que se redoblen los esfuerzos por cambiar los hábitos de consumo hacia un modelo más sostenible basado en la economía circular. Sólo así el mundo industrializado podrá estar preparado para el nuevo desarrollo que se viene y que, esta vez, tiene otros protagonistas.

El Indo-Pacífico: lo que hay detrás del concepto.

El Indo-Pacífico: lo que hay detrás del concepto. Buques de la Armada de la India, Australia, Japón, Singapur y los Estados Unidos durante el Ejercicio Malabar en la bahía de Bengala (5/9/2007). Foto: U.S. Navy (Mass Communication Specialist Seaman Stephen W. Rowe) vía Wikimedia Commons (Dominio Público).

Autor:    9/05/2018

Fuente: Real Instituto Elcano.

 

En “La venganza de la geografía” Robert Kaplan advierte que la geografía no cambia. Lo que cambia es la manera en la que la concebimos. Y yo añadiría que las maneras de concebir la geografía nunca son neutras.

Hay motivos geográficos para defender el concepto de Indo-Pacífico. De alguna manera el Índico y el Pacífico son océanos complementarios. El tráfico marítimo que transita por el Estrecho de Malaca debe pasar primero por el Índico. El componente marítimo del proyecto OBOR de China requiere del Índico para su realización. En cuanto a biodiversidad marina el Índico y el Pacífico forman una unidad. Pero la introducción de nuevas concepciones geográficas no depende tanto del marco geográfico subyacente como de los intereses geopolíticos. Y hoy en día esos intereses geopolíticos existen en el contexto de la rivalidad entre EEUU y China.

Desde un punto geopolítico, hay ganadores y perdedores con la introducción del concepto.

El más obvio ganador es India. El concepto de Indo-pacífico le otorga una posición centralfrente a la marginación geográfica en que le deja la concepción habitual de Asia-Pacífico. El concepto de Indo-pacífico es un acicate para desarrollar su Armada y convertirse en una potencia naval. Precisamente la Estrategia de Seguridad Marítima que la Armada india elaboró en 2015 ya menciona el Indo-pacífico e incluye áreas del Pacífico Occidental como zonas de interés marítimo secundario para el país. Entre las zonas de interés marítimo primario incluye los cuellos de botella entre los dos océanos: los estrechos de Malaca, Sunda y Lombok.

El concepto de Indo-pacífico asimismo otorga una nueva importancia a Australia e Indonesia, dos potencias que están a caballo entre los dos océanos y que vienen a convertirse en sus nexos de unión. El Libro Blanco de la Defensa australiano de 2016 hace del Indo-pacífico el eje de su reflexión estratégica y señala que de su estabilidad dependen la seguridad y prosperidad nacionales. El Libro Blanco destaca a EEUU como a uno de los socios con quienes debe colaborar para asegurar la estabilidad del Indo-pacífico.

El Libro Blanco de la Defensa indonesio de 2015, en cambio, se atiene al concepto tradicional de Asia-Pacífico. El deseo de hacer valer su condición de potencia marítima que está a caballo entre dos océanos, que ya aparece en dicho Libro Blanco, y su protagonismo en la Asociación de la Cuenca del Océano Índico (IORA, según sus siglas en inglés) hacen previsible que en futuras ediciones Indonesia acabe abrazando el concepto de Indo-pacífico.

La perdedora es evidentemente China. El Índico tiene una importancia geoestratégica clave para China. Es por él que transita una parte importante del petróleo y gas que consume. También es la vía de comunicación más rápida hacia los mercados del África Subsahariana, cada vez más importantes para China.

La importancia que tiene el Índico para China puede apreciarse al analizar sus actividades en este océano, clave para la Iniciativa de la Franja y de la Ruta, en los últimos años. En relación con la Iniciativa señalada, aunque no exclusivamente, conectará Xinjiang con el puerto de Gwadar; la Zona Económica Especial del puerto Kyaukpyu en Myanmar, más el gasoducto que irá de esta Zona a China; la conexión viaria entre Kunming y el puerto bangladeshí de Chittagong, que atravesará Myanmar; el puerto de Hambantota en Sri Lanka. A los proyectos de conectividad, hay que sumar que en el Índico, por primera vez China ha proyectado su poder naval fuera de su vecindario más inmediato: participación de la marina china en operaciones de anti-piratería en el Golfo de Adén y la construcción de una base de apoyo naval en Yibuti.

Si hasta ahora China había podido operar en el Índico sin casi oposición, la situación cambiará probablemente en breve. El pasado noviembre, en los márgenes de la Cumbre de Asia Oriental, EEUU, Australia, India y Japón retomaron el Diálogo de Seguridad Cuatripartito(Quadrilateral Security Dialogue), que incluyó temas tales como la libertad de navegación, la seguridad marítima y el respeto al Derecho Internacional. La primera impresión es que en su aproximación al Indo-pacífico los aspectos de la seguridad y la libertad de navegación son los que van a primar.

Tal vez, para ver lo que hay detrás del concepto y lo que se persigue con él, convenga hacer referencia a la sesión informativa que el subsecretario de Estado Adjunto para Asuntos de Asia del Este y el Pacífico, Alex N. Wong, dio el pasado 2 de abril en Washington para explicar la estrategia de la Administración Trump para una región Indo-Pacífica libre y abierta.

Wong dijo que por “libre” quiere decir que los países de la región se vean libres de coerción y que puedan seguir las vías que soberanamente decidan. “Libre” también significa sociedades más libres en términos de anticorrupción, derechos fundamentales, transparencia y buen gobierno. “Abierta” alude a líneas de comunicación marítima y abierta, a logística e infraestructuras, que favorezcan realmente la integración regional y el crecimiento económico y que se desarrollen en un ambiente favorable a la inversión.

Las potencias del Diálogo de Seguridad Cuatripartito acaso sientan que las batallas de la vigencia de la Convención de NNUU sobre Derecho del Mar y de la libre navegación están perdidas en el mar del Sur de China y deseen que este escenario no se repita en el Océano Indico.

Finalmente, en lo que se refiere a la UE, la impresión es que la reflexión sobre el Indo-Pacífico y sus implicaciones geoestratégicas apenas ha comenzado. En la Estrategia Global de la UE, publicada en junio de 2016, el término “Indo-pacífico” sólo aparece una vez y de una manera muy marginal en la frase: “En todas las regiones del Indo-Pacífico y del este asiático, la UE promoverá los derechos humanos y apoyará las transiciones democráticas, como la de Myanmar/Birmania”. Irónicamente, en las líneas precedentes la Estrategia menciona varios objetivos en Asia, que habrían sido perfectamente aplicables al Indo-Pacífico: defensa de la libertad de navegación, defensa del respeto al Derecho Internacional, incluido el Derecho del Mar, apoyo a la formación de capacidades marítimas de ASEAN… Tal vez estos últimos años la UE haya estado tan preocupada por insertarse en la arquitectura de seguridad en Asia-Pacífico y por la situación en el mar del Sur de China que haya pasado por alto que el Pacífico entretanto había crecido y se había convertido en el Indo-Pacífico.

Bután, el conflicto entre dos superpotencias rivales que amenaza un paraíso “donde todo es perfecto”

Fuente:BBC, Timbu

“Es el último ‘Shangri-La’, un bello y místico lugar donde todo es perfecto”.

Así es como muchas personas definen a Bután, el pequeño reino asiático ubicado en la cordillera del Himalaya también conocido como “el país de la felicidad”.

Con sus pintorescas montañas e impresionantes monasterios budistas en las colinas, es el sueño de muchos viajeros.

Su capital, Timbu, es una refrescante delicia para aquellos cansados del tráfico y la contaminación de las grandes ciudades: aire fresco, exuberantes montañas verdes y picos nevados en la distancia.

Pero debajo de esta idílica apariencia, este país de 800.000 habitantes atraviesa una fase de tensión y nerviosismo.

Rodeado por dos gigantes asiáticos —China en el norte e India en el sur—, Bután vio cómo las dos superpotencias militares se enfrentaban en el límite de su territorio por una disputa fronteriza.

Una remota región de montaña

El estallido se produjo en una meseta estratégica llamada Doklam, situada en la triple unión entre India, Bután y China.

Tanto Bután como China reclaman que esta remota región montañosa les pertenece. India apoya a Bután en su reivindicación.

Cuando China comenzó a expandir un camino sin pavimentar en la zona en junio de 2017, las tropas indias se interpusieron y detuvieron los trabajos, provocando un enfrentamiento entre ambas partes.

Nueva Delhi argumentó que el camino implicaba cuestiones de inseguridad.

Mapa de la zona en disputa

El temor era que en cualquier conflicto futuro, las tropas chinas pudieran usarlo para apoderarse del estratégico corredor de Siliguri indio —conocido como “Cuello de Gallina”—, que conecta el continente indio con sus estados del noreste.

Algunos expertos creen que estos temores son infundados.

Lo cierto es que muchos butaneses desconocían la importancia estratégica de Doklam.

“Doklam fue insignificante hasta que se convirtió en un tema controvertido hace unos meses. La mayoría de la población ni siquiera sabe dónde está“, dice Namgay Zam, periodista en Timbu.

“Se convirtió en una cuestión de disputa y discusión después de que estallara como un tema controvertido entre China e India”, agrega.

Namgay Zam
Image captionSegún la periodista butanesa Namgay Zam, la mayoría de la población ni siquiera sabe dónde está Doklam, la zona en disputa.

El tenso enfrentamiento entre tropas chinas e indias en Doklam generó preocupación entre muchos butaneses por la posibilidad de que se desencadenara una guerraentre los gigantes asiáticos.

Pekín denunció lo que describió como un “traspaso de tropas indias”.

Tras semanas de agitada diplomacia entre líderes de ambos países, el enfrentamiento de 73 días finalizó. Las tropas indias se acabaron retirando.

La influencia de India

El gobierno de Bután se niega a hablar públicamente sobre el enfrentamiento de Doklam, pero en agosto realizó una cautelosa declaración en la que mostraba su satisfacción por lo que describió como “la desvinculación de ambas partes”.

Muchos en Bután creen que el estallido del conflicto fue una llamada de atención.

Las redes sociales fueron escenario de un encendido debate sobre si era el momento de que Bután resolviera su disputa fronteriza con China y siguiera una política exterior independiente. Algunos argumentaron que Bután debería deshacerse de la influencia india.

Soldados de China e India.Derechos de autor de la imagenAFP
Image captionVarias disputas a lo largo de la frontera entre China e India permanecen sin resolver.

Después de que el Tíbet fuera invadido y anexionado por China en los 50, Bután inmediatamente miró hacia el sur, hacia la India, en busca de amistad y seguridad. Desde entonces, ha estado bajo su esfera de influencia.

India le proporciona ayuda económica, militar y técnica. La pequeña nación del Himalaya es el mayor receptor de ayuda exterior de Nueva Delhi, que otorgó casi US$800 millones al último plan económico quinquenal de Bután.

Cientos de soldados indios están desplegados dentro de Bután. Las autoridades dicen que su misión es entrenar a las tropas butanesas. Su cuartel general militar se encuentra en la ciudad occidental de Haa, a unos 20 kilómetros de Doklam.

Si bien muchos butaneses están agradecidos a India por su ayuda a lo largo de las décadas, otros —particularmente los jóvenes— quieren que el paísdefina su propio rumbo.

Timbu, Bhutan
Image captionBután tiene una población de 800.000 personas.

La política exterior de Bután tiene en consideración las preocupaciones de seguridad de India a través de un tratado especial, firmado inicialmente en 1949. El tratado fue revisado en 2007, pero le concedió a Bután más libertad en áreas de política exterior y compras militares.

Algunos butaneses, en cambio, sienten que la influencia de India continúa siendodominante y sofocante.

“A medida que maduramos [como democracia], tenemos que salir de la sombra india. India tampoco debería pensar en Bután como lo que algunas personas llaman un ‘Estado vasallo’. Dejen que Bután decida su propio futuro político”, afirma Gopilal Acharya, un escritor y analista político.

Actitud de “hermano mayor”

Bután y China tienen disputas sobre el territorio en el norte y en el oeste. En Bután, crece la opinión de que es hora de que el país llegue a un acuerdo con China.

“Realmente, Bután necesita resolver este problema con China lo antes posible, eso es lo que siento. Después de eso podremos avanzar diplomáticamente o, de lo contrario, este problema [de Doklam] volverá a suceder, opina Karma Tenzin, un comentarista político.

“No podemos darnos el lujo de tener dos superpotencias peleando a las puertas de una nación pacífica como Bután”.

Varias personas con las que hablé en Timbu creen que India podría haber sido más moderada y evitar un enfrentamiento con China. Piensan que la postura india podría tener un impacto en los esfuerzos de Bután por resolver su histórica disputa fronteriza con Pekín.

Gopilal Acharya
Image caption El analista Gopilal Acharya cree que Bután debe dejar de estar a la sombra de India.

India no ha podido evitar que China haga incursiones en otros países del sur de Asia como Nepal, Sri Lanka, las Maldivas o Bangladesh. Bután es el único país de la región que no tiene relaciones diplomáticas formales con Pekín.

También hay resentimiento entre muchos butaneses que sienten que India los ha estado tratando injustamente explotando sus recursos naturales.

En su opinión, la actitud de “hermano mayor” de Nueva Delhi podría llevar a que la población pida tener más vínculos comerciales con China. Señalan que Nepal juega la carta de China a la hora de gestionar sus relaciones con India.

“Para nosotros, nuestro futuro es con India. Pero debemos forjar un nuevo tipo de relación que sea entre iguales. Tenemos que buscar nuevas áreas de compromisoen igualdad de condiciones, señala Acharya.

Mientras que India lidia con el desafío de una China en ascenso militar y económico, también corre el peligro de perder sus aliados si su política exterior no se basa en el respeto mutuo.

Bután puede ser una pequeña nación del Himalaya, pero tiene una carta estratégica:no quiere ser aplastado por la rivalidad entre India y China.

Lo último que quieren ver es que los ejércitos chino e indio vuelven a desplegarse de nuevo cerca de su frontera.

La presión de ser mujer en India y su lucha por la igualdad

Fotografía: Getty

Fuente: HemisferioZero, 11/03/2015

Autora: Alba Chaparro Núñez.

Desde hace décadas existe una lucha obstinada y persistente para fomentar la igualdad entre hombres y mujeres, independientemente del país e independientemente de la cultura. Es indudable que el motor de esa lucha no se mueve con la misma fuerza en todos los puntos del planeta, igual que los avances conseguidos han alcanzado cotas muy diferentes según el lugar donde centremos nuestra atención. También la problemática es diferente en función del área geográfica que estemos observando. Y la situación de la mujer en la India es desoladora.

El secuestro y violación múltiple de una mujer a manos de un conductor de autobús, el revisor y otros cinco hombres, el 16 de diciembre de 2012, conmocionó al país y otorgó visibilidad a este problema tan arraigado en la India. Por aquel entonces se debatió mucho sobre la situación de las féminas en una sociedad donde el fuerte arraigo cultural y religioso las mantiene relegadas al ámbito doméstico, y la inoperancia institucional las tiene sujetas a una situación de absoluta indefensión. Sin embargo, las violaciones son solo una de las caras visibles de la discriminación a la que están sometidas las mujeres. El bajo índice de inserción laboral, los crímenes de honor, el feticidio por cuestiones de género, el ostracismo de las viudas o los ataques con sustancias químicas motivados por la venganza son otros ejemplos de exclusión que sufre la población femenina de la India.

Discriminación enraizada

La religión hinduista tiene uno de sus pilares básicos en la reencarnación, creencia que considera la adopción de múltiples formas materiales del alma. Lo que determina el cuerpo futuro es la corrección con la que se vivió la vida anterior, por lo que pertenecer a una determinada casta, por ejemplo, supone un premio o castigo en función de la conducta precedente. La asignación del sexo es otro de los motivos de la reencarnación, y la religión hinduista concede a la mujer un papel inferior al hombre, lo que unido a una cultura históricamente patriarcal hace que ésta se vea subordinada al sexo masculino.

La inferioridad de la mujer respecto al hombre que establece la tradición cultural india fundamenta la idea de supremacía y pertenencia, lo que revierte en una posición masculina dominante que, en muchos casos, hace que la mujer sea tratada como objetos que pertenecen a la cabeza visible del sistema patriarcal, causa que explica el drama de los matrimonios concertados y de conveniencia. Es imaginable el trato que puede recibir, por parte de las autoridades, una mujer de la casta “intocable” tras sufrir, por ejemplo, una violación.

La India es un país donde el trato hacia las mujeres en la vida cotidiana contrasta con la actividad de éstas en la política, ya que, siendo una sociedad profundamente discriminatoria, puede presumir de tener gran representación femenina en los gobiernos regionales y locales. De hecho, Indira Gandhi fue elegida Primera Ministra de la India por primera vez en 1966, lo que la convirtió, junto Sirimavo Bandaranaike (elegida Primera Ministra de Sri Lanka en 1960), en una de las primera mujeres el alcanzar el cénit político de su país.

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