De la geopolítica del caos a la geoteología contra-progresista.

Fuente: elmundo.cr

Autor:  Mauricio Ramírez Núñez, 22/04/2018

El nuevo escenario de Guerra Fría en el que nos encontramos plantea un ajedrez geopolítico global, donde no hay pieza que quede por fuera de los cálculos del juego de las grandes potencias protagonistas, que nuevamente son Rusia y los Estados Unidos, con una China de perfil bajo pero presencia fuerte en lo económico. La doctrina geopolítica del caos controlado implica el desarrollo de formas de lucha híbridas violentas y no violentas, incluidas psicológicas y culturales en las regiones donde existen intereses concretos. El objetivo es llevar a la desestabilización política interna y a cambios abruptos de gobiernos, procesos también llamados “primaveras”, en especial contra aquellos gobiernos considerados “hostiles” o como los mismos Estados Unidos los han llamado, “Rogue State” o Estados Canallas, para referirse a esas naciones no alineadas a su línea de política exterior. Este modelo de instaurar el caos ha sido la tónica después del año 2001 y los atentados contra las torres gemelas.

Especialistas en el tema plantean que el método de llevar desorden y mantenerlo en el tiempo es un mecanismo de administración y control geoestratégico, implica el auge de conflictos étnicos y religiosos así como disputas antiguas que producto del revisionismo histórico, vuelven a reactivarse, siguiendo la estrategia al mejor estilo de la Roma Antigua y su frase famosa “divide y vencerás”. Una vez sumidas las poblaciones en la falta de claridad, dirección, en una profunda crisis política y con gran rechazo hacia las élites gobernantes, lo que se necesita es crear nuevos fenómenos ideológicos que empiecen a recoger todo el descontento popular y malestar ante la falta de respuestas del sistema a temas como la injusticia social, la falta de oportunidades o la corrupción, que valga la acotación es el tema de moda en todo el continente.

Hoy, las ideologías clásicas y las organizaciones políticas tradicionales como partidos o sindicatos están desgastadas y sin capacidad de movilización real de las masas. Ya lo que mueve a la ciudadanía no es necesariamente un color, menos a las personas más jóvenes y con pensamiento crítico. La historia ha demostrado que el auge de movimientos alternativos, la lucha por ideas concretas y en algunas ocasiones mezclados con religión, han dado buenos frutos en la dirección de movilizar grandes grupos sin más dirección estratégica que su disgusto contra el orden imperante. La teología de la liberación fue precisamente un movimiento muy fuerte en América Latina que jugaba al lado de la izquierda en aquella época y que era una lectura ética y política del cristianismo basada más en la justicia social, económica, reconociendo la dignidad de los pueblos y las clases sociales que luchaban por ello. Los Estados Unidos por su parte, en 1961 bajo el mandato del presidente Kennedy, desarrolló programas de cooperación como la famosa Alianza Para El Progreso, con el fin de contener al comunismo y ejercer influencia ideológica. Parte del objetivo era eliminar toda causa de disidencia o insurgencia, ganando los “corazones y las mentes” de la población con una imagen de nación colaboradora a los procesos de desarrollo económico de sus socios.

Hoy, esas experiencias se han visto reflejadas en algunos movimientos estratégicos en lo que a nuevos fenómenos políticos se refiere en el caso de América Latina, mismos que se detallarán más adelante. Ante el conocido y poco exitoso Socialismo del Siglo XXI y el viraje geopolítico hacia la derecha que se inició en el sur del continente con la llegada de Mauricio Macri en Argentina, la destitución de Dilma en Brasil y el triunfo de Sebastián Piñera otra vez en Chile, la confusión vuelve a tomar a la región, pero con el agravante de que ya ni la izquierda ni la derecha son suficientes para satisfacer los grandes problemas que afectan a los países latinos y la pérdida de credibilidad por parte de la ciudadanía pone en jaque el orden político tradicional en cuanto a la forma de organizarse la sociedad y verse representada. Esto no quiere decir que los intereses económicos, las luchas por el poder, las causas sociales, ambientales y las oligarquías hayan desaparecido, por el contrario, nos encontramos ante un reacomodo de fuerzas e ideológico que no es fácil de entender ni está aún consolidado.

Lo que sí se puede vislumbrar es que aquellas fuerzas llamadas progresistas y/o de izquierdas, siguen buscando un espacio o trinchera para reagruparse y seguir con sus luchas, mientras que aquellas fuerzas conservadoras o defensoras del status quo, de una manera muy inteligente han visto en los movimientos pentecostales y protestantes un caballo de Troya perfecto para llegarle a las masas y promover desde ahí sus intereses en lo económico, social y político, ya que la ética protestante es afín a la ideología económica global dominante, circunstancias que han generado roses importantes con el catolicismo. Basta recordar el caso de Costa Rica y la polémica sobre la Virgen de los Ángeles que ocasionaron los protestantes durante la segunda ronda electoral, lo cual según analistas fue lo que hizo perder a su candidato. No obstante, en todo el continente están surgiendo con fuerza dichos movimientos religiosos y cuentan con gran apoyo popular, especialmente de las mayorías con escasos recursos y menos favorecidos por el desarrollo en los últimos años.

Analizando esta coyuntura, podríamos afirmar que nos enocontramos ante una especie de geoteología contra-progresista, un tipo de fenómeno geopolítico conservador tomado de la experiencia de la teología de la liberación, en cuanto a la fuerza política que puede brindar el utilizar la fe de los pueblos como herramienta de lucha socio-política. Esta vez se invirtió la situación, ya que son los grupos conservadores quienes dirigen, no necesariamente buscan la superación de las grandes contradiciones sociales o económicas en el fondo, sino consolidar sus intereses y que no lleguen gobiernos que quieran hacer cambios estructurales que pongan en riesgo sus inversiones. De paso, curiosamente son movimientos afines a la política exterior de una potencia en concreto, como dicen, en río revuelto, ganancia de pescadores.

Para alcanzar esos niveles de apoyo tan altos, su agenda social esta basada en el fundamentalismo religioso, disfrazado de equilibrio moderado, respeto a la familia, a la decisión de las mayorías y el rescate de valores que la sociedad ha perdido, planteando una oposición absoluta contra temas como fertilización in vitro, aborto, legalización de drogas, matrimonio gay, entre otros. De esta forma se cimentan las bases de nuevos conflictos a lo interno de los estados, en el tanto, se divide a las poblaciones por temas de este tipo y separan fuerzas políticas que puedan eventualmente unirse y representar una amenaza según su perspectiva, a la agenda económica que deseen implementar, lo que vuelve más inestable la región. Realidad que concuerda muy bien con la línea del gran juego geopolítico de mantener caos u opciones potenciales del mismo en zonas de interés concretas por parte de las potencias en disputa.

La tendencia a bajar la temperatura por un lado a unos conflictos y subírsela a otros en otras partes, con el fin de desviar la atención mundial es parte del acontecer diario de esta nueva Guerra Fría. En medio de la crisis en Siria, América Latina pasa a ser una región de profunda inestabilidad, su importancia radica no sólo por su posición geográfica, sino por la cantidad de recursos naturales considerados como estratégicos que posee. La desestabilización inicia por Centroamérica desde Honduras y las pasadas elecciones que han tenido al pueblo en la calle por el tema de lo que la OEA llamó “irregularidades” en el proceso electoral, ahora es Nicaragua y al parecer la situación tiende a empeorar, con casi treinta muertos y sumando, algo que tiene riesgos muy altos para Costa Rica. En América del Sur, el bloque regional UNASUR se empieza a desmembrar con la salida de Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Perú y Paraguay del mismo.

Los constantes atentados en la frontera entre Ecuador y Colombia, de la mano de los secuestros y asesinatos de civiles al parecer por parte de la guerrilla tensa mucho la situación interna al presidente Lenin Moreno que se encuentra implementando nuevas medidas económicas en el país. Brasil por su parte muy dividido por el tema del encarcelamiento del expresidente Lula y por el surgimientos de fuerzas políticas protestantes. Además, el colapso venezolano está acarreando grandes desplazamientos de personas hacia Colombia, Chile, Ecuador y Argentina, lo que detona una desestabilización regional que puede agudizarse si las grandes potencias deciden que el Siria latino sea Venezuela, al cual le podrían aplicar la misma receta de Afganistán, Irak, Libia o Siria. En el mundo de hoy no podemos excluir lamentablemente ninguna opción. La posible firma de paz en la península de Corea y el cese de las pruebas nucleares por parte de Corea del Norte, hace que otros focos de conflicto se activen en otras latitudes, así como fue la dinámica en aquella segunda mitad del siglo pasado. ¿Se convertirá nuestro continente en un segundo Medio Oriente? Sólo el tiempo nos puede decir.

¿Qué fue la Guerra Fría y por qué algunos dicen que puede resurgir con el enfrentamiento entre Occidente y Rusia tras el caso Sergei Skripal?

Fuente: BBC Internacional.

Autor: Gareth Evans

Artículo completo

¿Qué fue la Guerra Fría?

El término describe las tensas relaciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética entre 1945 y 1989.

Ninguno de los bandos peleó contra el otro de forma directa debido a que los temores de una guerra nuclear, pero la confrontación mantuvo bajo tensión a millones de personas en esa época: sólo contemplarla resultaba muy aterrador.

Neil ArmstrongDerechos de autor de la imagen   NASA
Image caption El astronauta estadounidense Neil Armstrong en la Luna. La exploración espacial fue el foco de una feroz competencia durante la Guerra Fría.

En lugar de ello, los historiadores consideran que fue una guerra entre dos sistemas opuestos de gobierno.

Estados Unidos y Occidente representaban al capitalismo, y la Unión Soviética al comunismo.

Ambos bandos tenían ideas muy diferentes de cómo dirigir un país y ambos pensaban que su sistema era superior. Una fuente de enorme tensión fue que ambos creían que el otro estaba tratando de propagar sus creencias alrededor del mundo.

¿Cómo ocurrió?

No hay una sola respuesta para esta pregunta, pero los historiadores por lo general apuntan al fin de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, como un momento clave.

Esto debido a que durante la contienda, Estados Unidos y la Unión Soviética habían sido aliados pero la relación se forjó frente a un enemigo común, la Alemania nazi, y no duró.

La guerra dejó a Europa dividida y ambos bandos emergieron como las superpotencias más dominantes del planeta.

Debido a sus sistemas de creencias opuestas, hubo desacuerdos sobre cómo debía ordenarse el mundo de la postguerra y cómo Europa debía ser dividida.

Esto provocó una feroz rivalidad y congelamiento en las relaciones a medida que ambas potencias competían por la dominación.

Guerra FríaDerechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionDurante la Guerra Fría, EE.UU. y la Unión Soviética participaron en “guerras subsidiarias” en todo el mundo.

¿Qué pasó después?

Los dos bandos se organizaron en grandes alianzas. Estados Unidos y Occidente formaron la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y la Unión Soviética formó el Pacto de Varsovia con países de Europa oriental, como Polonia y Hungría.

Crucialmente, un lado temía al otro y por ello comenzaron rápidamente a almacenar armamentos.

Para los 1960, Estados Unidos y la Unión Soviética ya eran capaces de lanzar misiles nucleares intercontinentales a altas velocidades.

Para el fin de la década ambos desarrollaron sistemas de misiles antibalísticospara defenderse.

Faltó poco para que estallara una guerra nuclear después de la Crisis de Misiles de Cuba en 1962.

Las “guerras subsidiarias” o “por terceros”, en las que Estados Unidos y la Unión Soviética apoyaban a un bando sin participar directamente, eran comunes.

La Guerra Fría nunca fue realmente tan fría“, dice Malcolm Craig, profesor de historia de Estados Unidos de la Universidad John Moores en Liverpool, Inglaterra.

“Millones de personas murieron en conflictos de apoderados o en conflictos en los que la superpotencias trataron de imponerse sin ningún reconocimiento de la naturaleza local y fundamental de los conflictos. Para los camboyanos, congoleses, coreanos, etíopes, somalíes y muchos muchos más, la Guerra Fría fue una guerra muy caliente”.

Ronald ReaganDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image caption El presidente estadounidense Ronald Reagan expulsó a decenas de diplomáticos rusos en 1986.

¿Cómo se compara la Guerra Fría con las tensiones actuales?

Hay ciertamente ecos de la Guerra Fría en las recientes expulsiones de diplomáticos rusos.

En 1986, por ejemplo, Estados Unidos y la Unión Soviética llevaron a cabo expulsiones de ojo por ojo durante un período de varias semanas.

El entonces presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, obligó a dejar el país a 80 diplomáticos rusos, cinco de ellos sospechosos de espionaje.

Sergei SkripalDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image caption El envenenamiento del exespía ruso Sergei Skripal en Reino Unido volvió a encender las tensiones.

También ha habido comparaciones del envenenamiento de un exespía ruso y el comportamiento soviético durante la Guerra Fría.

“La Unión Soviética claramente intentó y mató a personas que no le gustaban en el extranjero”, dice Michael Cox, profesor emérito de Relaciones Internacionales de la London School of Economics.

“Así que no es que Rusia esté haciendo algo novedoso en ese sentido”.

Pero la historia de este tipo de comportamiento de Moscú va mucho más lejos que la Guerra Fría.

“Las tácticas que están ahora en las noticias, como asesinatos, tienen una historia que trasciende a esa confrontación”, dice Malcolm Craig. “La sensación de que enfrentamos una nueva Guerra Fría debido a esas tácticas es ligeramente falsa”.

Entonces, ¿cuánto deberíamos preocuparnos?

“Todavía tenemos armas nucleares y esto sigue siendo una gran poder disuasivo. Hay relaciones económicas importantes entre Rusia y la Unión Europea, las cuales no son insignificantes. También hay muchos rusos que viven en Occidente”, afirma Michael Cox.

El KremlinDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image caption. Rusia tiene lazos económicos importantes con la Unión Europea, lo cual puede hacer que las sanciones sean más efectivas.

También hay diferencias fundamentales entre la Unión Soviética y la Rusia de hoy, lo cual hace que las tensiones actuales sean menos preocupantes.

“Rusia no es la Unión Soviética, y su posición internacional es bastante, bastante diferente”, afirma Malcolm Craig. “Está mucho más firmemente integrada en el sistema económico global que lo que estaba la Unión Soviética, lo cual la hace más susceptible a la presión económica”.

“No puedo imaginar que Putin desee un congelamiento de relaciones a largo plazo o más y más sanciones”, agrega Michael Cox.

Pero advierte que las tensiones presentes son impredecibles.

“Lo único que la Guerra Fría logró, al menos hasta 1989, fue mantener a los dos bandos bastante distanciados uno del otro. Hubo una especia de aceptación de las esferas de influencia”, afirma.

“Las zonas de demarcación parecen haberse roto completamente”.

¿Por qué la Unión Soviética desplegó misiles en Cuba? La crisis de 1962 desde la óptica soviética.

Fuente: elordenmundial.com

Autor:  · 25 ABR, 2015

La crisis de los misiles en Cuba durante octubre de 1962 fue, sin duda alguna, el momento de mayor tensión durante la Guerra Fría y, seguramente también, el que más interés ha despertado. Cincuenta años después, y encontrándonos en el inicio de la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, sigue habiendo infinidad de preguntas que resolver sobre el suceso que marcó un antes y después en el transcurso de la carrera de hegemonía bipolar entre las dos potencias.

Aunque el episodio de escalada de tensión nuclear ha sido ampliamente estudiado, el análisis de la política exterior se ha centrado en el papel de los Estados Unidos, dejando de lado el estudio de las motivaciones y la acción del bando soviético. Así pues, la pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿qué llevó a la Unión Soviética a desplegar misiles en Cuba?

Antecedentes de la crisis

El análisis histórico de la crisis de los misiles en Cuba debe iniciarse dando cuenta del cambio de doctrina de Jrushchov tras la guerra de Corea de 1953, la cual suponía un acercamiento más pacífico entre las dos potencias. A la carrera armamentística se le añade la carrera espacial, que acrecentó las tensiones en la medida en la que la tecnología aérea avanzaba a pasos agigantados y situaciones como el conflicto U-2 sobre el espionaje americano en territorio soviético empezaron a ser habituales, lo cual terminó pisando aquello conseguido mediante la diplomacia y el soft-power. Además de esto, también fue fundamental la victoria de Kennedy, con un programa de apertura hacia América pero con una política efectiva distinta en el desembarco de Bahía de Cochinos, además del creciente interés soviético en la zona. En la tercera semana de octubre del 62 se inició el bloqueo estadounidense a la isla, justificado en base a la vulneración de la seguridad americana que suponía el traslado de misiles a la isla por parte de la URSS, del cual fueron informados por la inteligencia aérea desplegada. Como dijo John Reed, esos trece días estremecieron al mundo al tiempo que se ponía en juego la estabilidad del sistema bipolar y la seguridad mundial.

En este ‘huracán cubano’, quedan muchas preguntas por resolver. Una de esas dudas tiene que ver con los motivos que llevarían a la Unión Soviética, y en concreto a Jrushchov, a enviar misiles tan lejos del país. Una explicación sería la intención de romper la resistencia occidental en el Berlín oriental; otra se entiende en términos de equilibrios de poder y de afianzamiento de Jrushchov dentro de su propio partido. Incluso algunas explicaciones han seguido la narrativa de los modelos de actor individual y las aproximaciones psicológicas, mediante el análisis de las biografías de los líderes y entienden que las capacidades personales de estos mandatarios generan un modo de actuar específico que van a influir en sus decisiones de política exterior.

Leer artículo completo.

Una nueva guerra fría se cierne sobre el Ártico

Autor:

Fuente: El País, 5/04/2015.

Desde 2008, las compañías Rosneft y Gazprom, controladas por el Estado ruso, tienen el monopolio de la explotación de hidrocarburos en el Ártico y son socios obligados para todo proyecto en la zona. El 9 de agosto de 2014, Igor Sechin, jefe de la petrolera rusa Rosneft, y Glenn Waller, director de la norteamericana ExxonMobil en Rusia, eran optimistas sobre los planes comunes que forjaron en 2011. Aquel día, en el mar de Kara, Sechin y Waller inauguraban la perforación petrolera submarina más septentrional de Rusia. Desde Sochi, en el mar Negro, el presidente Vladímir Putin dio la señal de inicio y elogió la cooperación internacional como motor del “éxito comercial”. Se trataba del “acontecimiento más importante del año para la industria del petróleo y el gas”, en palabras de Sechin, y el pozo recién perforado se bautizó con el nombre de Pobeda (victoria) por ser una “victoria común” de Rusia con un grupo de “amigos y socios” internacionales. Pobeda dio su primer crudo, pero a fines de septiembre, debido a las sanciones norteamericanas, ExxonMobil tuvo que sellar el pozo y abandonar sus proyectos en Rusia.

Rosneft se propuso seguir sola, pero las sanciones occidentales obstaculizan los proyectos rusos en el Ártico, al restringir la venta de tecnología para la perforación submarina y limitar el acceso al capital. Los políticos y analistas rusos están divididos entre quienes creen que hay que forzar la explotación del Ártico para cuando los precios del petróleo suban, y los que recomiendan concentrarse en Siberia Occidental, donde existe ya infraestructura de explotación y transporte.

Leer artículo completo

La geopolítica de la región

  • La geografía: El área delimitada por el Círculo polar Ártico —el paralelo de latitud 66º 33′ 46— no tiene una extensión definida al no tratarse de un continente propiamente dicho. Forman parte de ella las extremas regiones septentrionales de Europa, Asia y América del Norte. La capa de hielo que cubre el océano Ártico alcanzó los 14,54 millones de kilómetros cuadrados, su máxima amplitud en 2015, el pasado 25 de febrero. Se trata de la menor extensión desde que se monitorea ese dato.
  • Reservas energéticas: El US Geological Survey calcula que el Ártico alberga un cuarto de las reservas de petróleo y gas mundiales aún sin descubrir.
  • Consejo Ártico: El organismo que coordina las políticas regionales fue fundado en 1996 por los ocho países árticos: Noruega, Suecia, Finlandia, Rusia, EE UU (Alaska), Canadá, Dinamarca (Groenlandia) e Islandia. De él forman parte también seis países miembros observadores —como China— y seis países observadores, que incluyen también a España.
  • Regulación: La Organización de las Naciones Unidas (ONU) creó un marco normativo en 1982 y estableció que los países ribereños tienen derechos económicos sobre 200 millas náuticas (370 kilómetros) a partir de sus costas.
  • Población: Los habitantes del Ártico ascienden a cerca de cuatro millones. Un 10% de ellos son indígenas que viven en la región desde hace milenios. Su economía se basa principalmente en antiguas técnicas de caza y pesca. A este grupo se han ido uniendo en tiempos más recientes migrantes procedentes de otras regiones.