Las amistades peligrosas del Cuerno de África.

El vicepresidente de Emiratos Árabes Unidos en un foro económico sobre África en Dubai. Karim Sahib/AFP/Getty Images

Autor: Victoria Silva Sánchez. 8/05/2018

Fuente: esglobal.org.

Tener una base militar está de moda. Somalia, Yibuti o Eritrea pueden dar fe de ello. A las ya tradicionales instalaciones militares francesas y estadounidenses presentes en la región desde hace décadas, se unen ahora las de países como India y China, pero también Turquía, Arabia Saudí o Emiratos Árabes Unidos (EAU), contribuyendo a la rampante militarización del continente.

Como apuntaba hace poco Roberto Mansilla en un artículo, el área del Mar Rojo está viviendo una creciente militarización que podría desembocar en un conflicto regional cuyos principales protagonistas son Egipto, Sudán, Turquía y Eritrea. Esta militarización se ha reflejado desde hace algunos años en el establecimiento de bases militares por parte de Estados hasta entonces extraños a la región como EAU o Arabia Saudí. EAU cuenta desde 2015 con una base en Assab, Eritrea, a la que está intentando sumar una nueva en Somalilandia y cuyo resultado es el incremento de las tensiones con Somalia y Etiopía.

Pero la presencia militar del Golfo en el Cuerno de África no se limita a la construcción de infraestructuras o a otorgar facilidades logísticas, sino que amenaza con trasladar las tensiones regionales de los países del Consejo de Cooperación del Golfo con Irán y, recientemente, con Qatar, uno de sus miembros, a una región ya de por sí desestabilizada y cuyas perspectivas de mejora pueden verse truncadas por las políticas exteriores faltas de miras de Arabia Saudí y EAU.

 

Cruzando el Mar Rojo

La presencia de los países del Golfo en el Cuerno de África respondía, al menos en un inicio, a consideraciones estratégicas estrechamente relacionadas con el conflicto que se libra en Yemen desde 2014. Las instalaciones militares de EAU en Eritrea han permitido al emirato llevar a cabo ataques contra los hutíes, así como hacer posible el bloqueo marítimo.

También existen consideraciones económicas. La compañía Dubai Ports World Ltd., con base en Dubai, gestionó el puerto de Yibuti, por el que transitan la mayor parte de las mercancías procedentes de Etiopía, durante 10 años. Pero una disputa entre el jefe de la Fuerza Aérea de Yibuti y diplomáticos emiratíes derivó en la ruptura de relaciones entre ambos países en 2015. En 2016, la misma compañía firmó un contrato por valor de 442 millones de dólares para operar por un periodo de 30 años el puerto de Berbería en Somalilandia, lo que ha desatado la furia del Gobierno Federal de Somalia. Para más inri, el Gobierno etíope adquirió una participación del 19% en el proyecto, dando así su apoyo tácito a Somalilandia, cuya independencia declarada en 1991 no es reconocida internacionalmente.

Pero la presencia del Golfo en el este de África no se limita a consideraciones logísticas y económicas. Arabia Saudí y EAU buscan que dichos Estados se posicionen claramente en los conflictos regionales. En 2015, todos los países de la región excepto Etiopía, se sumaron a la coalición contra los hutíes en Yemen, que lidera Arabia Saudí. Asimismo, cuando Riad rompió relaciones diplomáticas con Irán a comienzos de 2016, Sudán, Yibuti y Somalia hicieron lo propio. Este apoyo incondicional es premiado con asistencia financiera. A modo de ejemplo, el día en que Somalia cortó sus lazos diplomáticos con el país persa, recibió de Arabia Saudí 50 millones de dólares en concepto de ayuda.

 

Una estrategia peligrosa

Golfo
Un hombre pasa junto a las banderas de los países del Golfo en la cumbre de Consejo de Cooperación del Golfo en Kuwait, diciembre 2017. Giuseppe Cacade/AFP/Getty Images

Era de esperar que el reciente bloqueo a Qatar también influyera en los países del Cuerno de África. Sin embargo, posicionarse en este caso se ha mostrado mucho más difícil. Eritrea y Yibuti tomaron el lado saudí, mientras que Somalia, Etiopía y Sudán se declararon neutrales, pero ninguno se ha librado de las consecuencias de su decisión.

Desde 2010 Qatar era mediador en el conflicto por la isla de Doumeira, en el Mar Rojo, que enfrenta a Eritrea y Yibuti, pero al declararse ambos en favor del bando saudí, los observadores qataríes fueron inmediatamente retirados, contribuyendo a la reavivación del conflicto. Eritrea aprovechó la situación para ocupar de facto la isla, un paso que amenaza con desatar el conflicto armado entre Eritrea, Yibuti y Etiopía, principal aliado de este último y enemigo del primero, según advierte Rashid Abdi, analista de International Crisis Group.

En el caso de Somalia, el Gobierno Federal decidió declararse neutral pese a las presiones ejercidas especialmente por EAU. Como consecuencia, el estado de Puntland se declaró favorable a la alianza saudí, ignorando así la competencia exclusiva del gobierno de Mogadiscio en política exterior. Esta decisión es una muestra de cómo la diplomacia emiratí soslaya al Ejecutivo somalí en favor de los gobiernos estatales al negociar directamente con Puntland y Somalilandia, boicoteando el débil proceso de paz y contribuyendo al resurgimiento del conflicto.

Esta difícil relación se ha complicado aún más en las últimas semanas, tras el supuesto “robo” de 9,6 millones de dólares de un avión militar de EAU por parte de las fuerzas de seguridad de Somalia. El gobierno de Mogadiscio alegó que el dinero sin marcar fue hallado en una inspección rutinaria y se abrió una investigación para determinar si el mismo había sido introducido en el país de forma ilegal. Como consecuencia, las autoridades somalíes han puesto fin a la financiación por parte de Emiratos del Ejército de Somalia, declarando que las tropas obedecían órdenes de UAE en lugar de al Gobierno Federal.

El analista Mehari Taddele describe la política emiratí hacia el Cuerno de África como cortoplacista y fragmentada. “Emiratos Árabes Unidos no ve el Cuerno como una entidad estratégicamente integrada y elige socios al azar, siendo estos los países más pequeños y vulnerables de la región. En otras palabras, EAU ha adoptado un enfoque de alto riesgo desde el inicio”.

La política del Golfo hacia el Cuerno de África también tiene un impacto en conflictos de largo recorrido. Es el caso del conflicto entre Etiopía y Eritrea, en el que Addis Abeba considera una amenaza el establecimiento de bases militares de EAU en la vecina Eritrea y las relaciones con Arabia Saudí, que podrían contribuir a la salida del ostracismo internacional del pequeño Estado africano.

El conflicto entre Etiopía y Egipto por la construcción de la presa del Renacimiento en el Nilo también se ve afectado por las dinámicas regionales del Golfo. Mientras que tanto Egipto como Sudán son grandes aliados de Riad, en la cuestión de la presa, Sudán se alía con Etiopía, lo que complica aún más el difícil juego de alianzas en la región. Ante esta situación, Addis Abeba ha buscado fortalecer sus lazos con Doha como contrapeso al fuerte apoyo saudí a Egipto, que a su vez ha estrechado la cooperación militar con Eritrea, eterno enemigo de Etiopía. Algunas fuentes sugieren que el país de los faraones ha desplegado tropas, aunque las autoridades egipcias lo niegan.

En conclusión, el despliegue financiero y de tropas de los países del Golfo en el Cuerno de África amenaza con hacer estallar una situación de por sí volátil. La falta de miras de estos Estados en la persecución de sus intereses nacionales pone en peligro la seguridad regional, contribuyendo al resurgimiento de conflictos y al fracaso de procesos de paz y estabilización. Tanto si se posicionan en un bando como si no, los países africanos se ven arrastrados a una tensión regional en la que sus intereses a menudo no importan, pero por la que pagan un elevado precio.

De Etiopía a Starbucks: el amargo sabor del café.

Máquina de tostado de café en la fábrica de Saltspring. Fuente: Kris Krüg (Flickr)

Fuente: elordenmundial.com

Autor: Trajan Shipley, 8/05/2018

El café es uno de los productos que más se consumen a diario en el mundo y forma parte de la rutina de millones de personas. Introducido a Occidente por los árabes, su producción siempre se localizó en el sur y llegó a formar una parte esencial en el comercio triangular. Regiones enteras de distintas partes del mundo han dependido económicamente en exclusiva de la producción de café, pero el modelo de producción y consumo se ha visto modificado, entre otros, por el fenómeno Starbucks. Entender el funcionamiento y la geopolítica del café permite hacer una aproximación y extraer conclusiones sobre el comercio mundial y los hábitos de consumo de nuestras sociedades

En su conocida obra Las venas abiertas de América Latina, Eduardo Galeano dedica un capítulo a lo que llama “los monarcas agrícolas”, una serie de productos que, según él, han dominado la estructura económica, política y social latinoamericana desde la llegada del colonialismo. Productos como el azúcar, el algodón, el caucho, el cacao y también el café son materias esenciales en la estructura del comercio mundial y cuya producción radicó originariamente casi en exclusiva en América Latina. Según Galeano, las plantaciones coloniales de estos productos son el origen directo de los grandes latifundios latinoamericanos que perviven hasta la actualidad cumpliendo su función prestablecida en el comercio mundial de producir y exportar. América Latina y sus gentes, dice, están subordinados al tratamiento económico de estos productos.

Adam Smith afirmaba en La riqueza de las naciones que el sistema mercantil se había elevado a un grado de esplendor y gloria que de otro modo no habría alcanzado jamás. La enorme cantidad de oro y plata que llegaron a Europa procedentes de América devaluaron el valor de mercado que estos productos tenían, pero la repentina inclusión en el sistema económico mundial de un vastísimo continente de cuyo monopolio disfrutaban los reinos europeos creó una ocasión irrepetible. Es por eso por lo que el historiador Kenneth Pomeranz sitúa el inicio de la industrialización no en Inglaterra, sino precisamente en las grandes plantaciones agrícolas de América. Las primeras fábricas modernas se dieron en los ingenios azucareros de las Antillas, donde la caña de azúcar se debía procesar rápidamente para que no se pudriese y prepararla para su ruta transatlántica. Asimismo, la todopoderosa industria textil en Inglaterra no era tan inglesa: los primeros textiles producidos eran imitaciones indias, que constituían el estándar de excelencia por entonces, y cuando la producción alcanzaba niveles más altos el algodón con el que se producía no era plantado en Birmingham, sino en Brasil o las colonias norteamericanas.

El comercio triangular.

La lógica comercial de los siglos XVI-XVIII, desde la llegada europea a América hasta la guerra civil estadounidense, era de carácter interdependiente y se plasmaba en una forma triangular: los esclavos africanos producían en las Américas el azúcar, algodón y café que luego se exportaba a Europa, que producía las manufacturas —armas, carros, textiles, etc.— que se utilizaban para comprar tanto los esclavos como los productos agrícolas. El café, un producto cuyos orígenes se remontan a Etiopía y que había sido introducido en Europa con la llegada de los árabes, era uno de los principales productos del comercio triangular, con sus grandes plantaciones en Centroamérica y Brasil, destinadas a abastecer el mercado europeo, que poco a poco comenzaba a abrirse más a esta bebida tras años de prohibición y temeridad.

Para ampliar: “The triangular trade and the Atlantic economy of the eighteenth centrury: a simple general-equilibrium model”, Ronald Findlay, 1990

De sur a norte: producción y consumo

La lógica de la producción y el consumo de café sigue en gran medida intacta desde hace más de 300 años: el sur produce, el norte consume. Esto tiene su explicación, en gran medida, en modelos económicos y comerciales como el del comercio triangular. Sin embargo, por hacerle justicia, lo cierto es que el café es un producto que por su origen natural cabría definir como tropical.

Las categorías robusta y arábiga no son productos distintos de café inventados por Starbucks, sino especies vegetales distintas. El coffea canephora, originario de África central, es una especie de café considerada de calidad limitada y con una cantidad de cafeína superior al coffea arabica, originario de Etiopía y el cual aglutina la mayor parte de la producción mundial de café. Lo que comparten estas especies vegetales, ambas pertenecientes a la familia Rubiaceæ, es precisamente su origen tropical. Aunque son especies que pueden crecer en muchos otros lugares del mundo —en efecto, son el origen de muchas subespecies: moca, bourbon, etc.—, Norteamérica y Europa no producen café de una forma significativa; de hecho, no aparecen en las estadísticas anuales de producción que elabora la Organización Internacional del Café.

Tradicionalmente, las plantaciones de café se han localizado en zonas montañosas, lo que implica que la recolección de los granos se siga realizando hoy en día a mano. La principal excepción es Brasil, donde las enormes plantaciones en llanuras permiten la utilización de maquinaria. Tras la recolección, los granos de café se separan del propio fruto del árbol para secarlos y luego tostarlos y triturarlos. Normalmente, los países productores solo se dedican a cultivar y procesar los granos; el resto del proceso se localiza en los países consumidores.

Principales países productores y consumidores de café.

Así, si bien los países productores aportan el producto en sí, son los países consumidores los que luego definen e introducen en el mercado lo que verdaderamente conocemos como café. Se trata de una cadena de producción radicalmente hermética en tanto que exige que se cumpla cada paso en su totalidad para obtener el producto final, sin admitir ningún intermediario ni nuevas formas de producción. Recientemente, se ha puesto de moda en los países occidentales lafabricación de cervezas artesanas, que en ocasiones se producen y consumen en una misma ciudad. En cambio, la aparición de nuevos modelos de consumo del café, si bien innovadores en algunos aspectos, no pueden seguir el modelo de estas cervezas. La cadena de producción del café es eminentemente trasnacional e interdependiente entre el norte y el sur.

Para ampliar: “The six stages of coffee production”, Ella Buchan en The Telegraph, 2017

Cafeconomía

La producción exclusiva de café en países situados en la periferia mundial ha resultado en una excesiva dependencia de algunas de sus economías. La alusión a la importancia del café en algunos países se manifiesta incluso en la cultura popular: la selección de fútbol de Colombia, el tercer país más productor de café, se conoce comúnmente como la cafetera. Apodos aparte, la dependencia de la economía colombiana de las exportaciones de café siempre ha sido notable: el expresidente Carlos Lleras Restrepo se quejaba en 1967 de que para comprar un Jeep su país necesitaba vender 57 bolsas de café. Sin embargo, hay dos ejemplos de economías aún más dependientes de la producción del café que conviene analizar: Etiopía y Guatemala.

En el mundo del café, Etiopía ocupa el lugar de tierra santa al situarse allí el origen de su consumo. Cuenta la leyenda que un pastor etíope, intrigado por la intensa actividad de sus cabras por las noches cuando se alimentaban de los frutos del arbusto que hoy conocemos como coffea arabica, decidió llevarlas a un monasterio, donde, tras considerarlos un fruto del diablo, los tiraron al fuego. El intenso aroma de los granos de café tostándose los llevó a rescatarlos y triturarlos para su conservación y, finalmente, su consumo en forma de infusión, lo que permitía a los monjes pasar noches enteras de devoción religiosa.

La producción de café en Etiopía es crucial para su economía: en 2016 constituía el 41,2% de las exportaciones etíopes, lo que supone un total de 705 millones de dólares. Además, la mayoría del café que se produce en Etiopía se hace en granjas y minifundios, lo que implica una dependencia más directa de la economía de este país respecto del café; no en vano, Etiopía ha sido de los países que más ha sufrido sus bajadas de precio. A esto se suma la amenaza que promete el calentamiento global. Un estudio reciente predecía la inutilidad de en torno al 50% de los terrenos en los que se produce el café etíope para finales de este siglo.

Para ampliar: “Etiopía y el despertar del león africano”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2016

El caso de Guatemala es algo mejor. El café producido en Centroamérica y México supone una quinta parte de toda la producción de arábica mundial. La economía guatemalteca es mucho más heterogénea y no tan dependiente del café como la etíope: supuso únicamente el 6,4% de las exportaciones en 2015, aunque el café guatemalteco es el segundo mejor del mundo por su calidad, solamente después del colombiano. Sin embargo, es necesario matizar. En primer lugar, aunque sin duda tiene una composición más heterogénea, casi la mitad de los productos que exporta Guatemala son monarcas agrícolas; el café es el tercer producto más exportado después de los plátanos y el azúcar. La United Fruit Company ejerció un enorme control durante el siglo XX en la economía y la política guatemaltecas —recreado por Gabriel García Márquez, entre otros autores, en Cien años de soledad— y llegó incluso a promover un golpe de Estado contra el presidente Jacobo Árbenz en los años cincuenta.

Para ampliar: “La CIA contra Guatemala: cuando Ernesto se convirtió en el Che Guevara”, Adrián Albiac en El Orden Mundial, 2015

En segundo lugar, las condiciones en las que se ha ejercido históricamente el cultivo del café en Guatemala son preocupantes. Las primeras grandes plantaciones y encomiendas que fundaron los españoles expulsaron a miles de mayas de sus tierras. En estas plantaciones, sin embargo, no se cultivaría café hasta mediados de siglo XIX. Es entonces cuando el dictador Justo Rufino Barrios hace del café el sustento de la economía guatemalteca y de su propio Gobierno —a finales de 1880, de acuerdo con Galeano, el café constituía el 90% de las exportaciones guatemaltecas—. Barrios expropió a la Iglesia católica y a las comunidades mayas enormes cantidades de terrenos, que fueron entregados a terratenientes para el cultivo del café, y se instauró una policía privada en las fincas. Como sentencia Galeano, en Guatemala por entonces un hombre era más barato que su tumba.

Starbucks y la revolución del café

Todo lo explicado hasta aquí ha de ser entendido partiendo de esta premisa: hasta muy recientemente —tan sólo una década—, el té ha sido la bebida caliente por excelencia, mientras que el café ha ocupado tradicionalmente el segundo puesto. Pero con el cambio de siglo la situación parece haber variado: hoy la mayoría de países se inclinan por la cafeína antes que por la teína. Incluso los países tradicionalmente teteros emiten señales de alarma: el consumo del té ha caído casi un 20% en Reino Unido desde 2010.

Evolución del precio del café en los últimos años. Fuente: tradingeconomics.com

Esta caída en el consumo de la bebida de socialización por antonomasia no se entendería sin la revolución que ha vivido el café en la última década. Si observamos los precios del café de los últimos años, vemos que la tendencia general es de un aumento del precio, con un especial énfasis entre los años 2010 y 2011. Esto se debe, en parte, más que a un nuevo modelo de producción, a un nuevo modelo de consumo que ha triunfado en el mundo en la última década, que no se entendería de ninguna forma sin la experiencia de Starbucks.

Si nos preguntamos si alguna vez alguien ha entrado en un Starbucks para pedir únicamente café, seguramente la respuesta sea negativa en muchos casos. Desde su fundación en Seattle en 1971, el principal logro de la empresa ha sido redefinir el concepto de coffee shop, un lugar donde el café es el pretexto para hacer algo —trabajar, conversar, mantener una reunión, etc.— en lugar agradable y acogedor durante una cantidad indeterminada de tiempo. En ello le han seguido muchas otras empresas: Costa Coffee, Café Nèro, Dunkin Coffee… A lo largo del siglo XX, la Historia del café se desarrollaba sobre todo en las casas de los consumidores; Starbucks no solo lo abrió a un espacio nuevo en la sociedad, sino que lo hizo a lo largo y ancho del mundo, desde Tokio en 1996 hasta las más de 24.000 tiendas fuera de Estados Unidos en la actualidad.

El modelo de negocio de Starbucks no consiste en vender sólo café. El consumidor no va a Starbucks a pedir un café, sino un mocha frappuccino, un caramel macchiato o untall cappuccino; en Estados Unidos algunos de sus consumidores pueden escoger además a través de Spotify la música que se escucha en su establecimiento. Pero otra de las cosas que ofrece Starbucks y que afecta de raíz al modelo de consumo característico del siglo XXI es la sensación de estar consumiendo con la conciencia tranquila, algo que el sociólogo Slavoj Žižek ha llamado “consumismo ético”. Starbucks hace gala en su web y en sus establecimientos de la implicación que tiene en la sociedad el consumo de sus productos —cultivo responsable, apoyo a los agricultores, etc.—. De esta forma, el consumidor está pagando no solo por el café, sino por ser éticamente responsable, algo que se inscribe, según Žižek, no ya en un modelo de capitalismo tradicional, como el que se lleva desarrollando desde las primeras plantaciones de café a mediados del siglo XIX en Guatemala, sino en un capitalismo cultural donde el valor del producto reside en la forma en la que se consume, no en su consumición.

Starbucks ha conseguido caricaturizar un nuevo modelo de consumo que se abre paso en las sociedades del siglo XXI junto con otros productos y hábitos —redes sociales, información, moda…—. El café en la sociedad actual se puede definir casi como una institución social en sí misma: no solo lleva aparejada una enorme variedad de actos cotidianos, sino de modelos de producción y consumo que trazan redes de interdependencia por todo el mundo. Entendiendo cómo funciona el café, desde que se recogen sus granos en Etiopía o Guatemala hasta que se consume en un Starbucks, es posible hacer una aproximación más detallada de cómo funciona el mundo.

Los Reinos Combatientes de Somalia.

Fuente:  elordenmundial.com

Autor: David González, 25/06/2015.

El periodo de los reinos combatientes, que abarca desde el siglo V a.C. hasta el 221 a.C., es una de las etapas más oscuras de la historia de China. Durante trescientos años siete reinos lucharon por la hegemonía del Imperio del Medio, terminando con la supremacía del reino de Qin, que acabó absorbiendo a todos los demás feudos e iniciando así una de las más famosas dinastías chinas. Su líder, Qin Shi Huang, fue enterrado en el famoso mausoleo de Xi’an, donde 8000 soldados de terracota flanquean su tumba por los siglos de los siglos.

En Somalia llevan ya 20 años de continuos combates entre múltiples facciones, de ahí el paralelismo. Por un lado el gobierno federal, apoyado por la Unión Africana y las Naciones Unidas. Por el otro una amalgama de grupos islamistas, entre los cuales destaca Al-Shaabab. Además, en el noroeste del país se halla Somalilandia, una región independentista y que lo es de facto puesto que Mogadiscio apenas ejerce influencia alguna en esa parte de su territorio a día de hoy. Pero, ¿cómo surgieron todas estas disputas? ¿Desde cuándo Somalia es considerado un Estado fallido?

Siad Barre y el “síndrome Gadafi”

Siad Barre junto con el Emperador Haile Selassie de Etiopía

Mohammed Siad Barre gobernó la República de Somalia desde 1969 hasta 1991 con mano de hierro. Tomando de modelo los países socialistas de la época, en especial la China de Mao, comenzó una serie de reformas destinadas a crear una Somalia unida y a minimizar el poder de los clanes y reforzar así al gobierno central y al partido único. Su enfrentamiento con Etiopía por el territorio de Ogadén (considerado parte de la Gran Somalia de Barre) provocó la ruptura con Moscú, quedando así como otro verso suelto más dentro del bloque socialista junto con Yugoslavia, Albania o China. Ya en la década de los ochenta, su salud se deterioró y el gobierno central comenzó a combatir cédulas rebeldes que iban surgiendo como esporas en los vastos territorios desérticos del interior.

La Junta Revolucionaria fue depuesta por el Congreso Somalí Unido, alentado por el clan Hawiye, uno de los mayores del país y cuyo epicentro se encuentra en la capital. Con la caída de Barre aparecía el “síndrome de Gadafi”, término que nos permitimos la licencia de acuñar, basado en la atomización de grandes estados tras la desaparición del nexo de unión, normalmente de corte marcial y dictatorial. Ocurrió en Yugoslavia, ocurrió en Libia, está ocurriendo en Siria y ocurrió en China con el final de la dinastía Jin. Sin Barre no había gobierno central, y sin gobierno central las diferentes facciones comenzaron a organizarse para intentar tomar el poder.

Facciones al inicio de la guerra civil en 1992

Aquellos que consiguieron acabar con más deveinte años de dictadura no consiguieron unir bajo su mismo pabellón a los demás grupos, iniciándose así uno de los peores episodios de la historia de Somalia. Al norte de la capital, el Frente para la Salvación Democrática de Somalia (SSDF por sus siglas en inglés) y el Movimiento Nacional Somalí (SNM) se negaban a aceptar a la nueva autoridad mientras que en el sur el Movimiento Patriótico Somalí (SPM) también la rechazaba. Pese a los intentos de negociar una alternancia de poder entre los distintos grupos, los nuevos señores de Mogadiscio se negaban a cederlo a nadie. El SNM utilizó este pretexto para declarar su independencia, de la cual hablaremos más tarde. Mientras, en el resto del país, se lograba un acuerdo en Djibouti cediendo el gobierno interino a Ali Mahdi Muhammad, cabeza visible del Congreso Somalí Unido (CSU), el cual debería encabezar una transición hacia la democracia. Pero si ya había sido difícil obtener un pacto entre los clanes y las facciones, Mohammed Farrah Aidid, señor de la guerra y persona de gran poder en el CSU, se alzó contra el nuevo presidente y lanzó una serie de durísimos ataques contra el recién estrenado gobierno en el sur de Mogadiscio. Entre 1991 y 1994 se calcula que murieron más de 250.000 personas ya fuesen víctimas del hambre o de la guerra.

Las Naciones Unidas enviaron un primer contingente bajo el nombre de UNISOM con el objetivo de mantener la paz, pero tanto Aidid como Muhammad no estaban por la labor. Los combates continuaban y las facciones se iban uniendo y desuniendo según se decantaba la balanza de poder hacia uno u otro bando. La UNISOM era incapaz de mantener la paz y los señores de la guerra se hacían con el control de todo aquello que los organismos internacionales enviaban a la zona – tal y como se puede ver en la película de Ridley Scott “Black Hawk Down”, basada en el libro del mismo título escrito por Mark Bowden –.

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