Geografía Política. Espacio y Poder

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¿Existe una relación entre el conocimiento de geografía y la actitud bélica?

Autor: Lluis Torrent, 04/11/2014.

Fuente: www.unitedexplanations.org

¿Dónde está Ucrania? Esta es la pregunta realizada a un total de 2,066 estadounidenses entre el 28 y el 31 de marzo de 2014. Las respuestas se representaron en el mapa superior en forma de puntos (aquí en grande). Estas son las localizaciones dónde los encuestados creen que está Ucrania. Los puntos se han coloreado en rojo para representar las respuestas más precisas, y en azul las más alejadas de la realidad.

Tal y como se puede apreciar el 84% de los estadounidenses encuestados fue incapaz de localizar adecuadamente Ucrania en el mapamundi (¡un buen puñado la localizaron en Groenlandia!), justo en un momento en el que los medios de comunicación no dejaban de hablar del conflicto en el país. En el gráfico inferior se puede observar el número de búsquedas en Google de la palabra “Ukraine” (Ucrania) procedentes de los Estados Unidos durante el período en el que se realizó la encuesta. Tal y como se puede observar el pico de búsquedas coincide con la entrada de las tropas rusas en la península de Crimea, a principios del mes de marzo, momento en el que laatención mediática sobre el conflicto tuvo su momento álgido.

Pero, ¿realmente importa si los estadounidenses saben situar o no a Ucrania en un mapa? Lainvestigación realizada por Survey Sampling International Inc. (SSI) sugiere que sí: la información, o la ausencia de la misma, puede influir en las actitudes de los estadounidenses sobre el tipo de políticas que quieren que su gobierno lleve a cabo y la capacidad de las elites para dar forma a esa agenda. Los investigadores vieron que la mayoría de las personas que respondieron a la encuesta se mostraba indecisa acerca de qué acción debía hacer su gobierno en relación al conflicto ucraniano. Los encuestados se mostraban poco propensos a realizar acciones con alto coste económico (sólo el 13% estaba a favor de una intervención militar mientras que el 45% era favorable a un boicot sobre Rusia en la cumbre del G-8, algo que terminó ocurriendo).

Pero, y aquí viene la parte desconcertante, cuánto más lejos localizaban los encuestados a Ucrania respecto a su ubicación real más proclives eran a una intervención militar de los Estados Unidos en el conflicto. Así pues cuánto menos precisos eran los participantes en su respuesta mayor era su percepción de amenaza de Rusia hacia los intereses estadounidenses y, en consecuencia, mayor era su interés de que los EE.UU. hicieran uso de la fuerza en el conflicto. Todos estos efectos son estadísticamente significativos a un nivel del 95 por ciento de confianza. Evidentemente la política exterior de un país no viene definida por las habilidades de geografía de su población sino por muchos otros factores de tipo geoestratégico, entre otros. Aún así, no deja de sorprender como la formulación de la opinión pública puede venir condicionada, aunque sea levemente, por la capacidad de situar a un país en el mapa.

Foto de portada: Localización de Ucrania según una encuesta a 2,066 estadounidenses, fuente: Thomas Zeitzoff / The Monkey Cage

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EE.UU. en Latinoamérica.

Fuente: elordenmundial.com

Autor: FERNANDO ARANCÓN · 29 JUL, 2013

No es ninguna novedad decir que durante muchos años Estados Unidos ha sido una potencia a nivel global, tanto militar como económicamente. Este alcance global de su poder ha hecho que a menudo quisiese influir en países o regiones que ellos consideraban claves para mantener su presencia a lo largo del planeta. América Latina fue, casi desde el primer momento, uno de los primeros territorios donde exportar esa influencia. Así, como veremos, la presencia histórica de Estados Unidos en Latinoamérica es una colección de oligopolios empresariales, intervenciones armadas, golpes de estado, avalanchas de dólares y bombardeos propagandísticos.

Monroe pone la primera piedra

Doctrina MonroeEn el año 1823, el presidente de los EEUU James Monroe enunció la frase “América para los americanos”. Esta frase, muy lejos del significado xenófobo que alguna vez se le ha dado, era el pistoletazo de salida de la llamada Doctrina Monroe y del panamericanismo. Las cuatro palabras de Monroe venían a decir que los estados europeos no tenían derecho a intervenir en los asuntos americanos ni en los países que se estaban independizando en aquellos años o que se acababan de independizar, como todos los surgidos en Latinoamérica en los primeros veinticinco años del siglo XIX independizados de España. Sin embargo, durante muchos años, la frase de Monroe se convirtió más bien en un “América para los norteamericanos”.

Estas intenciones de aislamiento estadounidense se mantuvieron hasta 1941, cuando su entrada en la Segunda Guerra Mundial les hizo ver el inmenso poder que podían desarrollar e imponer tras el término de esta. Pero entonces, en 1823, Estados Unidos era una potencia de segunda con un ejército de tercera. Por aquellos años el panamericanismo era todavía más una idea que una realidad.

Sin duda, el potencial de Estados Unidos fue aumentando conforme su expansión al oeste fue sucediendo, ya que como podemos ver, los Estados Unidos de principios del siglo XIX eran un 30% de lo que son hoy en día a nivel territorial, además de estar concentrada la mayoría de la población y de la actividad económica en la costa este. No pasó igual con los países latinoamericanos, herederos de una estructura social colonial elitista, con gobiernos inestables y con un distanciamiento entre la sociedad rural y la urbana considerable. Poco a poco se fue creando más espacio entre el poder creciente de los Estados Unidos y el cada vez más débil poder de los países latinoamericanos.

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¿Por qué la Unión Soviética desplegó misiles en Cuba? La crisis de 1962 desde la óptica soviética.

Fuente: elordenmundial.com

Autor:  · 25 ABR, 2015

La crisis de los misiles en Cuba durante octubre de 1962 fue, sin duda alguna, el momento de mayor tensión durante la Guerra Fría y, seguramente también, el que más interés ha despertado. Cincuenta años después, y encontrándonos en el inicio de la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, sigue habiendo infinidad de preguntas que resolver sobre el suceso que marcó un antes y después en el transcurso de la carrera de hegemonía bipolar entre las dos potencias.

Aunque el episodio de escalada de tensión nuclear ha sido ampliamente estudiado, el análisis de la política exterior se ha centrado en el papel de los Estados Unidos, dejando de lado el estudio de las motivaciones y la acción del bando soviético. Así pues, la pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿qué llevó a la Unión Soviética a desplegar misiles en Cuba?

Antecedentes de la crisis

El análisis histórico de la crisis de los misiles en Cuba debe iniciarse dando cuenta del cambio de doctrina de Jrushchov tras la guerra de Corea de 1953, la cual suponía un acercamiento más pacífico entre las dos potencias. A la carrera armamentística se le añade la carrera espacial, que acrecentó las tensiones en la medida en la que la tecnología aérea avanzaba a pasos agigantados y situaciones como el conflicto U-2 sobre el espionaje americano en territorio soviético empezaron a ser habituales, lo cual terminó pisando aquello conseguido mediante la diplomacia y el soft-power. Además de esto, también fue fundamental la victoria de Kennedy, con un programa de apertura hacia América pero con una política efectiva distinta en el desembarco de Bahía de Cochinos, además del creciente interés soviético en la zona. En la tercera semana de octubre del 62 se inició el bloqueo estadounidense a la isla, justificado en base a la vulneración de la seguridad americana que suponía el traslado de misiles a la isla por parte de la URSS, del cual fueron informados por la inteligencia aérea desplegada. Como dijo John Reed, esos trece días estremecieron al mundo al tiempo que se ponía en juego la estabilidad del sistema bipolar y la seguridad mundial.

En este ‘huracán cubano’, quedan muchas preguntas por resolver. Una de esas dudas tiene que ver con los motivos que llevarían a la Unión Soviética, y en concreto a Jrushchov, a enviar misiles tan lejos del país. Una explicación sería la intención de romper la resistencia occidental en el Berlín oriental; otra se entiende en términos de equilibrios de poder y de afianzamiento de Jrushchov dentro de su propio partido. Incluso algunas explicaciones han seguido la narrativa de los modelos de actor individual y las aproximaciones psicológicas, mediante el análisis de las biografías de los líderes y entienden que las capacidades personales de estos mandatarios generan un modo de actuar específico que van a influir en sus decisiones de política exterior.

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Una nueva guerra fría se cierne sobre el Ártico

Autor:

Fuente: El País, 5/04/2015.

Desde 2008, las compañías Rosneft y Gazprom, controladas por el Estado ruso, tienen el monopolio de la explotación de hidrocarburos en el Ártico y son socios obligados para todo proyecto en la zona. El 9 de agosto de 2014, Igor Sechin, jefe de la petrolera rusa Rosneft, y Glenn Waller, director de la norteamericana ExxonMobil en Rusia, eran optimistas sobre los planes comunes que forjaron en 2011. Aquel día, en el mar de Kara, Sechin y Waller inauguraban la perforación petrolera submarina más septentrional de Rusia. Desde Sochi, en el mar Negro, el presidente Vladímir Putin dio la señal de inicio y elogió la cooperación internacional como motor del “éxito comercial”. Se trataba del “acontecimiento más importante del año para la industria del petróleo y el gas”, en palabras de Sechin, y el pozo recién perforado se bautizó con el nombre de Pobeda (victoria) por ser una “victoria común” de Rusia con un grupo de “amigos y socios” internacionales. Pobeda dio su primer crudo, pero a fines de septiembre, debido a las sanciones norteamericanas, ExxonMobil tuvo que sellar el pozo y abandonar sus proyectos en Rusia.

Rosneft se propuso seguir sola, pero las sanciones occidentales obstaculizan los proyectos rusos en el Ártico, al restringir la venta de tecnología para la perforación submarina y limitar el acceso al capital. Los políticos y analistas rusos están divididos entre quienes creen que hay que forzar la explotación del Ártico para cuando los precios del petróleo suban, y los que recomiendan concentrarse en Siberia Occidental, donde existe ya infraestructura de explotación y transporte.

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La geopolítica de la región

  • La geografía: El área delimitada por el Círculo polar Ártico —el paralelo de latitud 66º 33′ 46— no tiene una extensión definida al no tratarse de un continente propiamente dicho. Forman parte de ella las extremas regiones septentrionales de Europa, Asia y América del Norte. La capa de hielo que cubre el océano Ártico alcanzó los 14,54 millones de kilómetros cuadrados, su máxima amplitud en 2015, el pasado 25 de febrero. Se trata de la menor extensión desde que se monitorea ese dato.
  • Reservas energéticas: El US Geological Survey calcula que el Ártico alberga un cuarto de las reservas de petróleo y gas mundiales aún sin descubrir.
  • Consejo Ártico: El organismo que coordina las políticas regionales fue fundado en 1996 por los ocho países árticos: Noruega, Suecia, Finlandia, Rusia, EE UU (Alaska), Canadá, Dinamarca (Groenlandia) e Islandia. De él forman parte también seis países miembros observadores —como China— y seis países observadores, que incluyen también a España.
  • Regulación: La Organización de las Naciones Unidas (ONU) creó un marco normativo en 1982 y estableció que los países ribereños tienen derechos económicos sobre 200 millas náuticas (370 kilómetros) a partir de sus costas.
  • Población: Los habitantes del Ártico ascienden a cerca de cuatro millones. Un 10% de ellos son indígenas que viven en la región desde hace milenios. Su economía se basa principalmente en antiguas técnicas de caza y pesca. A este grupo se han ido uniendo en tiempos más recientes migrantes procedentes de otras regiones.

 

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