La riqueza global de los residuos plásticos.

Un trabajador separa botellas de plástico en una fábrica de reciclado en Pekín, China. (Guang Niu/Getty Images)

Autor: Carlos Campillos Martínez, 20/04/2018

Fuente: esglobal.org

 

Tras la firma del Acuerdo de París para limitar el calentamiento global y los recientes avances hacia una economía circular, China amenaza con dar un vuelco al comercio de residuos plásticos por la falta de preparación de los países industrializados.

Pese a que el tratamiento de residuos hace una contribución menor a la emisión de gases de efecto invernadero, es un sector que puede convertirse en una actividad que evite emisiones de otros sectores más contaminantes a través de prevención y reutilización de residuos como en el transporte, la agricultura o la producción. Además, según anunció la Comisión Europea ya en 2012, una gestión eficiente y sostenible de los residuos podría ahorrar hasta 72.000 millones de euros, aumentar la riqueza del sector en hasta 42.000 millones y generar más de 400.000 empleos para 2020. Pese a esta oportunidad que ofrece el tratamiento de residuos para minimizar el impacto ambiental que tienen las actividades humanas, las sociedades occidentales han decidido externalizar su tratamiento de residuos a terceros países. ¿Por qué? ¿Con qué finalidad?

En 2012, el Banco Mundial publicó un informe en el que se estimaba que el tratamiento de residuos urbanos suponía entre el 20% y el 50% de los presupuestos municipales. Asimismo, este documento apuntaba que es esperable que, para 2025, la población urbana mundial alcance los 4.300 millones de personas, resultando en una generación de residuos urbanos de 2.200 toneladas por año, con las consecuencias que esto puede suponer para las finanzas municipales a lo largo y ancho del mundo. Además, según Naciones Unidas, las plantas de reciclaje actuales presentan dificultades a la hora de separar de forma automatizada los residuos plásticos para su reutilización, por lo que se suele comprimir en paquetes y se envía a otros países para que trabajadores en los lugares de destino separen los residuos a mano y se procesen en plantas de reciclaje. Así pues, se podría identificar el alto coste de un tratamiento efectivo y eficiente de los residuos como una de las principales causas que llevan a los Estados industrializados a exportar su basura a otros países. ¿Por qué los países en desarrollo importan estos residuos?

Las ciudades de los países en desarrollo están en la vanguardia del crecimiento económico y demográfico, pero también se enfrentan a los importantes retos que esto conlleva en materia de acceso a servicios básicos como la energía, el agua y el saneamiento y, por supuesto, el tratamiento de residuos. De hecho, los mayores vertederos a cielo abierto se encuentran en el mundo en desarrollo, suponiendo graves problemas para la población en materia de salubridad y seguridad pública. Sin embargo, estos residuos suponen la diferencia entre tener algo que llevarse a la boca cada día y la miseria para muchas personas en situación de pobreza y exclusión social. “Todo nuestro desarrollo se ha basado en el plástico”, decía Zheng Min, de un pequeño pueblo de la provincia china de Shandong en unas declaraciones a Financial Times. “Algunos incluso consiguieron amasar una fortuna con el reciclaje e incluso montaron grandes empresas”, afirmaba. En efecto, según la ONG neerlandesa especializada en reciclaje Waste el consumo y desecho de plásticos en las últimas décadas ha visto un repunte en el reciclaje de este material en los países en desarrollo no por cuestiones ambientales, sino por suponer una forma de supervivencia para familias que, de otro modo, no tendrían ingresos.

China es el principal receptor de residuos plásticos del mundo. Según datos del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas, importó en 2016 hasta 7.374.175 toneladas de residuos plásticos por un valor de alrededor de 3.694 millones de dólares (unos 3.000 millones de euros), principalmente de Estados Unidos, Japón y Alemania, pero también de otros vecinos asiáticos como Malasia o Indonesia. En la esfera europea, China es el destino del 87% de las exportaciones de residuos plásticos de la UE, según un informe de la Asociación Internacional de Residuos Sólidos (ISWA, por sus siglas en inglés). Sin embargo, las autoridades chinas han empezado a poner coto a este comercio de residuos, principalmente, por dos razones.

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En primer lugar, el modelo de desarrollo económico del gigante asiático en las últimas décadas ha sido el mayor experimentado por un país y ha sacado de la pobreza a alrededor de 800 millones de personas, según el Banco Mundial. Sólo en los últimos años, la tasa de pobreza ha disminuido significativamente, alcanzando sólo un 1,9% en 2013, mientras que el PIB per cápita de China ha pasado de suponer sólo 80,5 dólares en 1960 a los 8.123,2 de 2016. Este aumento de la clase media china implica también un mayor consumo por hogar y, por tanto, más cantidad de desechos disponibles sin necesidad de importar. La generación de residuos en el país no ha dejado de aumentar desde 2009, llegando a alcanzar los 203 millones de toneladas en 2016.

Por otro lado, la contaminación es uno de los grandes problemas a los que se enfrentan las autoridades chinas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de un millón de chinos murieron en 2016 por causas directamente relacionadas con la contaminación atmosférica. Además, esto no es solo un problema de las grandes ciudades como Pekín o Shanghái, sino que también las regiones menos pobladas, donde mayoritariamente se llevan a cabo las actividades de procesamiento de residuos plásticos, presentan datos alarmantes de contaminación respecto a los estándares marcados por la OMS, tanto en aire como en recursos hídricos y contaminación del suelo. Este problema es también la principal razón que ha marcado el cambio de estrategia de China respecto a la lucha global contra el cambio climático, resultando en su compromiso de firmar y poner en práctica el Acuerdo de París de 2015. La preocupación por reducir los niveles de contaminación ha protagonizado protestas en las calles, condicionadas por la falta de libertades del régimen chino, pero también el discurso oficial del presidente Xi Jinping. En el 19ª Congreso del Partido Comunista Chino, Xi hizo referencia más veces al medio ambiente que a la economía.

Así pues, la mayor disponibilidad de residuos endógenos por un mayor nivel de consumo y la creciente preocupación de las autoridades por la contaminación llevaron a China a notificar a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en julio de 2017 su plan de aprobar una prohibición de importación sobre 24 tipos de residuos, incluyendo los residuos plásticos, así como a proceder a cerrar algunas de las plantas de procesamiento de desechos más contaminantes, como la de Luwang. Esta medida china puede tener impactos globales importantes en el tratamiento de residuos, puesto que los principales exportadores occidentales deberán buscar otros países con los que comerciar sus desechos ante la falta de preparación doméstica para lidiar con la cantidad de desechos que se producen. Por ejemplo, en Estados Unidos, algunas plantas de residuos han dejado de aceptar plásticos debido a una sobrecapacidad provocada por la imposibilidad de exportar a China, recomendando a los vecinos que tiren sus plásticos a la basura convencional. En Reino Unido, el secretario para Medio Ambiente admitió que su país no había preparado un plan de contingencia ante esta situación, lo cual podría llevar a una desmesurada acumulación de residuos, con el consiguiente riesgo para la sostenibilidad y para la salubridad. Todo ello pese a que la decisión de las autoridades chinas no se implementó hasta seis meses después de su anuncio, haciéndose efectiva en enero de 2018. Esto podría afectar de forma similar a otros países como España o México, que enviaron a China el 65% y el 47% de sus exportaciones de residuos, respectivamente.

Por el momento, el Sureste Asiático y, especialmente, India presentan una alternativa para los países desarrollados. En este último, el desarrollo económico está siendo menos imponente que en China, manteniendo en 2011 una tasa de pobreza del 21,2%. India es, además, el segundo importador mundial de residuos, habiendo importado en 2016 hasta 166.859 toneladas de desechos plásticos por un valor de casi 80 millones de dólares. Para muestra un botón: tras el anuncio del gigante asiático de prohibir las importaciones de plástico, las ventas de estos residuos de Estados Unidos a India, Indonesia y Vietnam en 2017 se incrementaron en un 24%, 16% y 229% respectivamente, mientras que las exportaciones a China cayeron un 18%.

Sin embargo, tanto India como los países del Sureste Asiático tienen unas perspectivas de crecimiento positivas, aunque sufren importantes retos medioambientales. Por tanto, no es descabellado pensar que, tarde o temprano, estos países de destino de nuestras exportaciones de basura tomarán medidas similares a las de China. Su impacto real sólo se podrá analizar con el tiempo, pero los países industrializados deben abandonar la visión tradicional que han mantenido hasta ahora de que los países en desarrollo y su mano de obra barata son el mejor destino posible para lidiar con el tratamiento de residuos. Las posibles disrupciones del mercado global de residuos que provoquen las medidas puestas en marcha por Pekín pueden hacer más grave lo evidente: los países en desarrollo deben invertir de forma más eficiente y decidida en sus infraestructuras de procesamiento sostenible de residuos. Además, es necesario que se redoblen los esfuerzos por cambiar los hábitos de consumo hacia un modelo más sostenible basado en la economía circular. Sólo así el mundo industrializado podrá estar preparado para el nuevo desarrollo que se viene y que, esta vez, tiene otros protagonistas.

El plan naval de China para superar a la Armada de Estados Unidos y controlar el Pacífico en 2030.

Hasta el 001A, China solo tenía un portaaviones, el “Liaoning”, que comenzó a construirse en la Unión Soviética en 1985 y vendido por Ucrania a China en 1998.

Fuente: BBC Mundo.

Un océano separa a Estados Unidos y a China. Su dominio es ahora también un motivo de disputa.

Desde finales de la Segunda Guerra Mundial, el control del Pacífico y los mares del mundo ha estado en el radar de la Armada estadounidense.

Grandes marinas de guerra, como la de Rusia o India, no han podido superarla en número o capacidad.

Pero desde hace un par años, los expertos navales de Washington temen por un “nuevo peligro” para la potencia naval más fuerte del mundo: el creciente poderío marítimo de China.

James Fanell, quien fuera director de inteligencia de la Sexta Flota de Estados Unidos, presentó en mayo ante el Congreso un informe de 64 páginas en el que asegura que China desarrolla actualmente una Armada dos veces más grande que la de Estados Unidos y podría reemplazarla como la principal potencia marítima mundial.

“La Armada china está en un proceso de rápido desarrollo y expansión de sus capacidades, y eso está lógicamente generando preocupación en Estados Unidos”, explica a BBC Mundo Lyle Goldstein, profesor del Instituto de Estudios Marítimos de China del Colegio Naval de EE.UU.

“En los últimos tiempos, hemos visto que incluso desarrollaron un portaaviones propio, diseñado por ellos mismos. También se habla de que están construyendo un tercero, con capacidad nuclear, lo que debe ser motivo de orgullo para ellos, pero que genera inquietud de este lado”, añade.

La botadura a finales de abril del 001A, como se conoce al nuevo portaaviones, fue una más de las múltiples señales de poderío naval que Pekín envío en los últimos meses al mundo, entre ellas:

  • Este mes de mayo, la Armada de China lanzó al mar e inició los entrenamientos a bordo de su segundo destructor de la clase 055, el mayor y más avanzado buque de este tipo en las fuerzas navales de toda Asia.
  • Sus buques de guerra y aviones de combate formaron parte de una ostentosa exhibición militar en el polémico Mar de China Meridional, cuya soberanía es motivo de disputa con Estados Unidos y otros países de la región.
  • Las fuerzas navales chinas enviaron bombarderos H-6K con capacidad nuclear a varias de las islas en disputa en ese mar.

“Son hechos que tienen obviamente una importante connotación militar y es por eso que Estados Unidos retiró la invitación a China para participar en el RIMPAC (el mayor ejercicio naval del mundo que tendrá lugar en el verano)”, explica a BBC Mundo Christopher Yung, profesor de la Universidad del Cuerpo de Marines.

En Washington, por lo pronto, ya se dispararon las alarmas.

¿Una Armada invencible?

Bryan McGrath, investigador del Centro de Poder Naval de Estados Unidos en el Instituto Hudson, explica a BBC Mundo que la Armada china ha estado rezagada por más de una generación, lo que ha hecho que el desarrollo en estos últimos tiempos sea más impresionante.

A su llegada al poder, el presidente Xi Jinping impulsó una profunda reforma del Ejército para cambiar sus prioridades: un recorte de 300.000 soldados a cambio de invertir más en innovación y tecnología para modernizar sus fuerzas armadas, sobre todo las navales, aéreas o de misiles.

Según el informe presentado por James Fanell ante el Congreso, la Armada de China ya supera a la de Estados Unidos en algunos aspectos:

  • Tiene desplegados 330 buques y 66 submarinos (396 en total).
  • Estados Unidos, en cambio, tiene desplegados actualmente un total de 283: 211 buques y 72 submarinos.

Según los cálculos del informe presentado por Fanell, China tendrá 450 buques y 99 submarinos operativos y Estados Unidos unos 355 para el año 2030.

Y la gran incertidumbre, en su opinión, es si Washington podrá financiar suficientes construcciones navales para flotar tal cantidad de buques y submarinos para entonces.

Cazabombarderos J15 a bordo del portaviones chino Liaoning.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES Image captionCazabombarderos J15 a bordo del portaaviones chino Liaoning.

El ex director de inteligencia de la Sexta Flota advirtió además que, mientras que Estados Unidos busca contar con la mejor tecnología militar tanto por mar como por aire, China ha cerrado la brecha tecnológica.

“La calidad de los buques de guerra (de Pekín) ya presenta hoy una amenaza creíble en la región de Asia-Pacífico”, afirmó.

No obstante, para el profesor Yung ello no implica necesariamente que Pekín sobrepase el poder militar de la primera potencia mundial en este momento.

“En estos casos debe analizarse en tamaño, es decir, número de barcos; y en capacidad militar. Yo diría que tenemos poco tiempo para que China nos alcance en la primera, pero creo que faltaría todavía al menos una o dos décadas antes de que China alcance a Estados Unidos en capacidad en poder de combate”, explica a BBC Mundo.

Goldstein, por su parte, señala que si bien Estados Unidos tiene 11 grandes portaaviones nucleares, China solo tiene dos que son significativamente más pequeños y sin poder atómico.

“La fuerza submarina la están desarrollando pero la nuestra sigue siendo superior y además contamos con mayor experiencia”, asegura el profesor del Instituto de Estudios Marítimos de China del Colegio Naval de EE.UU.

China ha logrado cerrar la brecha tecnológica con Estados Unidos en sus nuevos buques de guerra.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES Image captionChina ha logrado cerrar la brecha tecnológica con Estados Unidos en sus nuevos buques de guerra.

Mar abierto, Mar de China Meridional

De acuerdo con el investigador Bryan McGrath, el desarrollo marítimo de China ha llevado a que el balance de poder haya variado “significativamente” en los últimos años.

Goldstein, por su parte, señala en ese sentido que en algunas de las áreas de tensión, como lo son ahora Taiwán y el Mar de China Meridional, ya la marina de guerra de Pekín supera a la estadounidense.

“Es una región que está más cerca del terreno continental de China, por lo que geográficamente ellos tienen una mayor ventaja. Pero en mar abierto, la Armada de Estados Unidos seguirá siendo la más poderosa por un largo tiempo“, señala.

Soldados de Filipinas participan en maniobras militares con fuerzas de Estados Unidos en el mar Meridional de China.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES Image captionSoldados de Filipinas participan en maniobras militares con fuerzas de Estados Unidos en el mar Meridional de China.

De hecho, según Yung, una de las cuestiones a tener en cuenta es si Pekín está reforzando su Armada regional únicamente para el control estratégico del Mar de China Meridional, o quiere desarrollar una fuerza marítima global para competir con otras potencias como Estados Unidos.

Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz con sede en Estocolmo, Suecia, aunque Washington se mantuvo durante 2017 como el país que registra los mayores gastos de defensa a nivel global, China realizó el mayor incremento absoluto en esos costes (US$ 12 mil millones).

Es por eso que, en opinión de Macgrath, el hecho de que China busque ahora ser la potencia líder en la región de Asia-Pacífico hace que el desafío para Estados Unidos en unas décadas pueda ser mayor en caso de que quiera expandir su control.

“El problema es que mantener ese dominio que ahora tiene la Armada de Estados Unidos conlleva una serie de gastos que me parecen que no cuenta con el necesario apoyo. Y lo que veo en un periodo de 15 años es que dejaremos de ser la fuerza naval más poderosa del mundo”, sostiene.

Geopolítica en el Indo-Pacífico: el factor militar en la nueva China.

Autora: Laura Paíno Peña.

Fuente: I.E.E.E. , 18/05/2018.

El notable incremento del presupuesto de defensa chino en la última década y su expansión comercial imparable, sumados a la ocupación china de territorios marítimos disputados y a la creación de nuevos grupos aeronavales, denotan la intención china de ejercer la supremacía en el Indo-Pacífico. Tal política ofensiva ha puesto en alerta a Estados Unidos, que ha visto dañada su influencia en la zona. China, la nueva potencia emergente, está desafiando el poder estadounidense en la región, poder al que Estados Unidos no está dispuesto a renunciar. La lucha por la hegemonía en el área conduce a ambos países a un enfrentamiento. Se trata de un nuevo ejemplo en el que la «Trampa de Tucídides» marcará el futuro no solo de una región, sino de todo el mundo.

Documento completo en pdf.

 

De la geopolítica del caos a la geoteología contra-progresista.

Fuente: elmundo.cr

Autor:  Mauricio Ramírez Núñez, 22/04/2018

El nuevo escenario de Guerra Fría en el que nos encontramos plantea un ajedrez geopolítico global, donde no hay pieza que quede por fuera de los cálculos del juego de las grandes potencias protagonistas, que nuevamente son Rusia y los Estados Unidos, con una China de perfil bajo pero presencia fuerte en lo económico. La doctrina geopolítica del caos controlado implica el desarrollo de formas de lucha híbridas violentas y no violentas, incluidas psicológicas y culturales en las regiones donde existen intereses concretos. El objetivo es llevar a la desestabilización política interna y a cambios abruptos de gobiernos, procesos también llamados “primaveras”, en especial contra aquellos gobiernos considerados “hostiles” o como los mismos Estados Unidos los han llamado, “Rogue State” o Estados Canallas, para referirse a esas naciones no alineadas a su línea de política exterior. Este modelo de instaurar el caos ha sido la tónica después del año 2001 y los atentados contra las torres gemelas.

Especialistas en el tema plantean que el método de llevar desorden y mantenerlo en el tiempo es un mecanismo de administración y control geoestratégico, implica el auge de conflictos étnicos y religiosos así como disputas antiguas que producto del revisionismo histórico, vuelven a reactivarse, siguiendo la estrategia al mejor estilo de la Roma Antigua y su frase famosa “divide y vencerás”. Una vez sumidas las poblaciones en la falta de claridad, dirección, en una profunda crisis política y con gran rechazo hacia las élites gobernantes, lo que se necesita es crear nuevos fenómenos ideológicos que empiecen a recoger todo el descontento popular y malestar ante la falta de respuestas del sistema a temas como la injusticia social, la falta de oportunidades o la corrupción, que valga la acotación es el tema de moda en todo el continente.

Hoy, las ideologías clásicas y las organizaciones políticas tradicionales como partidos o sindicatos están desgastadas y sin capacidad de movilización real de las masas. Ya lo que mueve a la ciudadanía no es necesariamente un color, menos a las personas más jóvenes y con pensamiento crítico. La historia ha demostrado que el auge de movimientos alternativos, la lucha por ideas concretas y en algunas ocasiones mezclados con religión, han dado buenos frutos en la dirección de movilizar grandes grupos sin más dirección estratégica que su disgusto contra el orden imperante. La teología de la liberación fue precisamente un movimiento muy fuerte en América Latina que jugaba al lado de la izquierda en aquella época y que era una lectura ética y política del cristianismo basada más en la justicia social, económica, reconociendo la dignidad de los pueblos y las clases sociales que luchaban por ello. Los Estados Unidos por su parte, en 1961 bajo el mandato del presidente Kennedy, desarrolló programas de cooperación como la famosa Alianza Para El Progreso, con el fin de contener al comunismo y ejercer influencia ideológica. Parte del objetivo era eliminar toda causa de disidencia o insurgencia, ganando los “corazones y las mentes” de la población con una imagen de nación colaboradora a los procesos de desarrollo económico de sus socios.

Hoy, esas experiencias se han visto reflejadas en algunos movimientos estratégicos en lo que a nuevos fenómenos políticos se refiere en el caso de América Latina, mismos que se detallarán más adelante. Ante el conocido y poco exitoso Socialismo del Siglo XXI y el viraje geopolítico hacia la derecha que se inició en el sur del continente con la llegada de Mauricio Macri en Argentina, la destitución de Dilma en Brasil y el triunfo de Sebastián Piñera otra vez en Chile, la confusión vuelve a tomar a la región, pero con el agravante de que ya ni la izquierda ni la derecha son suficientes para satisfacer los grandes problemas que afectan a los países latinos y la pérdida de credibilidad por parte de la ciudadanía pone en jaque el orden político tradicional en cuanto a la forma de organizarse la sociedad y verse representada. Esto no quiere decir que los intereses económicos, las luchas por el poder, las causas sociales, ambientales y las oligarquías hayan desaparecido, por el contrario, nos encontramos ante un reacomodo de fuerzas e ideológico que no es fácil de entender ni está aún consolidado.

Lo que sí se puede vislumbrar es que aquellas fuerzas llamadas progresistas y/o de izquierdas, siguen buscando un espacio o trinchera para reagruparse y seguir con sus luchas, mientras que aquellas fuerzas conservadoras o defensoras del status quo, de una manera muy inteligente han visto en los movimientos pentecostales y protestantes un caballo de Troya perfecto para llegarle a las masas y promover desde ahí sus intereses en lo económico, social y político, ya que la ética protestante es afín a la ideología económica global dominante, circunstancias que han generado roses importantes con el catolicismo. Basta recordar el caso de Costa Rica y la polémica sobre la Virgen de los Ángeles que ocasionaron los protestantes durante la segunda ronda electoral, lo cual según analistas fue lo que hizo perder a su candidato. No obstante, en todo el continente están surgiendo con fuerza dichos movimientos religiosos y cuentan con gran apoyo popular, especialmente de las mayorías con escasos recursos y menos favorecidos por el desarrollo en los últimos años.

Analizando esta coyuntura, podríamos afirmar que nos enocontramos ante una especie de geoteología contra-progresista, un tipo de fenómeno geopolítico conservador tomado de la experiencia de la teología de la liberación, en cuanto a la fuerza política que puede brindar el utilizar la fe de los pueblos como herramienta de lucha socio-política. Esta vez se invirtió la situación, ya que son los grupos conservadores quienes dirigen, no necesariamente buscan la superación de las grandes contradiciones sociales o económicas en el fondo, sino consolidar sus intereses y que no lleguen gobiernos que quieran hacer cambios estructurales que pongan en riesgo sus inversiones. De paso, curiosamente son movimientos afines a la política exterior de una potencia en concreto, como dicen, en río revuelto, ganancia de pescadores.

Para alcanzar esos niveles de apoyo tan altos, su agenda social esta basada en el fundamentalismo religioso, disfrazado de equilibrio moderado, respeto a la familia, a la decisión de las mayorías y el rescate de valores que la sociedad ha perdido, planteando una oposición absoluta contra temas como fertilización in vitro, aborto, legalización de drogas, matrimonio gay, entre otros. De esta forma se cimentan las bases de nuevos conflictos a lo interno de los estados, en el tanto, se divide a las poblaciones por temas de este tipo y separan fuerzas políticas que puedan eventualmente unirse y representar una amenaza según su perspectiva, a la agenda económica que deseen implementar, lo que vuelve más inestable la región. Realidad que concuerda muy bien con la línea del gran juego geopolítico de mantener caos u opciones potenciales del mismo en zonas de interés concretas por parte de las potencias en disputa.

La tendencia a bajar la temperatura por un lado a unos conflictos y subírsela a otros en otras partes, con el fin de desviar la atención mundial es parte del acontecer diario de esta nueva Guerra Fría. En medio de la crisis en Siria, América Latina pasa a ser una región de profunda inestabilidad, su importancia radica no sólo por su posición geográfica, sino por la cantidad de recursos naturales considerados como estratégicos que posee. La desestabilización inicia por Centroamérica desde Honduras y las pasadas elecciones que han tenido al pueblo en la calle por el tema de lo que la OEA llamó “irregularidades” en el proceso electoral, ahora es Nicaragua y al parecer la situación tiende a empeorar, con casi treinta muertos y sumando, algo que tiene riesgos muy altos para Costa Rica. En América del Sur, el bloque regional UNASUR se empieza a desmembrar con la salida de Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Perú y Paraguay del mismo.

Los constantes atentados en la frontera entre Ecuador y Colombia, de la mano de los secuestros y asesinatos de civiles al parecer por parte de la guerrilla tensa mucho la situación interna al presidente Lenin Moreno que se encuentra implementando nuevas medidas económicas en el país. Brasil por su parte muy dividido por el tema del encarcelamiento del expresidente Lula y por el surgimientos de fuerzas políticas protestantes. Además, el colapso venezolano está acarreando grandes desplazamientos de personas hacia Colombia, Chile, Ecuador y Argentina, lo que detona una desestabilización regional que puede agudizarse si las grandes potencias deciden que el Siria latino sea Venezuela, al cual le podrían aplicar la misma receta de Afganistán, Irak, Libia o Siria. En el mundo de hoy no podemos excluir lamentablemente ninguna opción. La posible firma de paz en la península de Corea y el cese de las pruebas nucleares por parte de Corea del Norte, hace que otros focos de conflicto se activen en otras latitudes, así como fue la dinámica en aquella segunda mitad del siglo pasado. ¿Se convertirá nuestro continente en un segundo Medio Oriente? Sólo el tiempo nos puede decir.

Bután, el conflicto entre dos superpotencias rivales que amenaza un paraíso “donde todo es perfecto”

Fuente:BBC, Timbu

“Es el último ‘Shangri-La’, un bello y místico lugar donde todo es perfecto”.

Así es como muchas personas definen a Bután, el pequeño reino asiático ubicado en la cordillera del Himalaya también conocido como “el país de la felicidad”.

Con sus pintorescas montañas e impresionantes monasterios budistas en las colinas, es el sueño de muchos viajeros.

Su capital, Timbu, es una refrescante delicia para aquellos cansados del tráfico y la contaminación de las grandes ciudades: aire fresco, exuberantes montañas verdes y picos nevados en la distancia.

Pero debajo de esta idílica apariencia, este país de 800.000 habitantes atraviesa una fase de tensión y nerviosismo.

Rodeado por dos gigantes asiáticos —China en el norte e India en el sur—, Bután vio cómo las dos superpotencias militares se enfrentaban en el límite de su territorio por una disputa fronteriza.

Una remota región de montaña

El estallido se produjo en una meseta estratégica llamada Doklam, situada en la triple unión entre India, Bután y China.

Tanto Bután como China reclaman que esta remota región montañosa les pertenece. India apoya a Bután en su reivindicación.

Cuando China comenzó a expandir un camino sin pavimentar en la zona en junio de 2017, las tropas indias se interpusieron y detuvieron los trabajos, provocando un enfrentamiento entre ambas partes.

Nueva Delhi argumentó que el camino implicaba cuestiones de inseguridad.

Mapa de la zona en disputa

El temor era que en cualquier conflicto futuro, las tropas chinas pudieran usarlo para apoderarse del estratégico corredor de Siliguri indio —conocido como “Cuello de Gallina”—, que conecta el continente indio con sus estados del noreste.

Algunos expertos creen que estos temores son infundados.

Lo cierto es que muchos butaneses desconocían la importancia estratégica de Doklam.

“Doklam fue insignificante hasta que se convirtió en un tema controvertido hace unos meses. La mayoría de la población ni siquiera sabe dónde está“, dice Namgay Zam, periodista en Timbu.

“Se convirtió en una cuestión de disputa y discusión después de que estallara como un tema controvertido entre China e India”, agrega.

Namgay Zam
Image captionSegún la periodista butanesa Namgay Zam, la mayoría de la población ni siquiera sabe dónde está Doklam, la zona en disputa.

El tenso enfrentamiento entre tropas chinas e indias en Doklam generó preocupación entre muchos butaneses por la posibilidad de que se desencadenara una guerraentre los gigantes asiáticos.

Pekín denunció lo que describió como un “traspaso de tropas indias”.

Tras semanas de agitada diplomacia entre líderes de ambos países, el enfrentamiento de 73 días finalizó. Las tropas indias se acabaron retirando.

La influencia de India

El gobierno de Bután se niega a hablar públicamente sobre el enfrentamiento de Doklam, pero en agosto realizó una cautelosa declaración en la que mostraba su satisfacción por lo que describió como “la desvinculación de ambas partes”.

Muchos en Bután creen que el estallido del conflicto fue una llamada de atención.

Las redes sociales fueron escenario de un encendido debate sobre si era el momento de que Bután resolviera su disputa fronteriza con China y siguiera una política exterior independiente. Algunos argumentaron que Bután debería deshacerse de la influencia india.

Soldados de China e India.Derechos de autor de la imagenAFP
Image captionVarias disputas a lo largo de la frontera entre China e India permanecen sin resolver.

Después de que el Tíbet fuera invadido y anexionado por China en los 50, Bután inmediatamente miró hacia el sur, hacia la India, en busca de amistad y seguridad. Desde entonces, ha estado bajo su esfera de influencia.

India le proporciona ayuda económica, militar y técnica. La pequeña nación del Himalaya es el mayor receptor de ayuda exterior de Nueva Delhi, que otorgó casi US$800 millones al último plan económico quinquenal de Bután.

Cientos de soldados indios están desplegados dentro de Bután. Las autoridades dicen que su misión es entrenar a las tropas butanesas. Su cuartel general militar se encuentra en la ciudad occidental de Haa, a unos 20 kilómetros de Doklam.

Si bien muchos butaneses están agradecidos a India por su ayuda a lo largo de las décadas, otros —particularmente los jóvenes— quieren que el paísdefina su propio rumbo.

Timbu, Bhutan
Image captionBután tiene una población de 800.000 personas.

La política exterior de Bután tiene en consideración las preocupaciones de seguridad de India a través de un tratado especial, firmado inicialmente en 1949. El tratado fue revisado en 2007, pero le concedió a Bután más libertad en áreas de política exterior y compras militares.

Algunos butaneses, en cambio, sienten que la influencia de India continúa siendodominante y sofocante.

“A medida que maduramos [como democracia], tenemos que salir de la sombra india. India tampoco debería pensar en Bután como lo que algunas personas llaman un ‘Estado vasallo’. Dejen que Bután decida su propio futuro político”, afirma Gopilal Acharya, un escritor y analista político.

Actitud de “hermano mayor”

Bután y China tienen disputas sobre el territorio en el norte y en el oeste. En Bután, crece la opinión de que es hora de que el país llegue a un acuerdo con China.

“Realmente, Bután necesita resolver este problema con China lo antes posible, eso es lo que siento. Después de eso podremos avanzar diplomáticamente o, de lo contrario, este problema [de Doklam] volverá a suceder, opina Karma Tenzin, un comentarista político.

“No podemos darnos el lujo de tener dos superpotencias peleando a las puertas de una nación pacífica como Bután”.

Varias personas con las que hablé en Timbu creen que India podría haber sido más moderada y evitar un enfrentamiento con China. Piensan que la postura india podría tener un impacto en los esfuerzos de Bután por resolver su histórica disputa fronteriza con Pekín.

Gopilal Acharya
Image caption El analista Gopilal Acharya cree que Bután debe dejar de estar a la sombra de India.

India no ha podido evitar que China haga incursiones en otros países del sur de Asia como Nepal, Sri Lanka, las Maldivas o Bangladesh. Bután es el único país de la región que no tiene relaciones diplomáticas formales con Pekín.

También hay resentimiento entre muchos butaneses que sienten que India los ha estado tratando injustamente explotando sus recursos naturales.

En su opinión, la actitud de “hermano mayor” de Nueva Delhi podría llevar a que la población pida tener más vínculos comerciales con China. Señalan que Nepal juega la carta de China a la hora de gestionar sus relaciones con India.

“Para nosotros, nuestro futuro es con India. Pero debemos forjar un nuevo tipo de relación que sea entre iguales. Tenemos que buscar nuevas áreas de compromisoen igualdad de condiciones, señala Acharya.

Mientras que India lidia con el desafío de una China en ascenso militar y económico, también corre el peligro de perder sus aliados si su política exterior no se basa en el respeto mutuo.

Bután puede ser una pequeña nación del Himalaya, pero tiene una carta estratégica:no quiere ser aplastado por la rivalidad entre India y China.

Lo último que quieren ver es que los ejércitos chino e indio vuelven a desplegarse de nuevo cerca de su frontera.

Revista Geopolítica, vol 8. nº 2 , 2017.

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Marco Pellizzon 303-306
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Eguzki Urteaga 307-313