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La fiebre del Ártico.

Fuente: elordenmundial.com

Autor: Juan Pérez Ventura.

Aunque pueda parecer un lugar marginado, apartado del centro del Mundo, alejado de las zonas estratégicas donde tienen lugar las relaciones importantes a nivel internacional, lo cierto es que el Ártico se ha vuelto a descubrir como un punto geoestratégico, y en el que confluyen tantos intereses económicos como fronteras de países.

Los dos mayores beneficiados del descubrimiento de nuevos yacimientos de gas y petróleo son Rusia y Canadá, aunque son algunos más los países que se disputan los recursos naturales que esconde el Ártico. Se calcula que en la región hay 10.000 millones de toneladas de hidrocarburos.

La fiebre por el “oro negro” se ha desatado en el Océano Glacial Ártico para pesadilla de las organizaciones ecologistas. Cinco países -Rusia, EE.UU., Noruega, Dinamarca y Canadá- tienen intereses en la región, que esconde, según los rusos, 10.000 millones de toneladas de hidrocarburos.

En total, se estima que un 25% de las reservas mundiales sin descubrir de petróleo y gas se encuentran allí. “Hemos obtenido pruebas suficientes para demostrarlo”, asegura el científico ruso Víctor Poselov. Poselov basa su optimismo en el material geofísico recabado por los batiscafos “Mir-1″ y “Mir-2″.

Estos ingenios, con tres ocupantes a bordo cada uno, se posaron a principios de agosto en el fondo marino del Ártico, donde depositaron una bandera rusa. Las autoridades del país ya preparan una nueva expedición que partirá en noviembre.

Por su parte, Canadá tiene previsto construir un nuevo puerto de aguas profundas y una base de adiestramiento militar para climas fríos en Resolute Bay, un remoto asentamiento esquimal en el extremo noreste del país, según ha anunciado Stephen Harper, primer ministro canadiense.

El problema de la propiedad

Harper ha defendido además recientemente las reivindicaciones canadienses sobre el Pasaje del Noroeste, un tramo de océano helado en el Ártico que conecta el Atlántico y el Pacífico. Estados Unidos, la Unión Europea (UE) y Rusia lo consideran aguas internacionales. Dinamarca, mientras tanto, acaba de enviar una misión a la zona para demostrar que el “espinazo” de Lomonosov es, en realidad, continuación de Groenlandia, bajo soberanía danesa.

“La dificultad para establecer la propiedad estriba en que, a diferencia de la Antártida, que es un continente, el Ártico es un océano helado, sujeto al régimen de las aguas”, apunta Antonio Remiro, catedrático de Derecho Internacional de la Universidad Autónoma de Madrid. “Sin embargo, el deshielo y los avances tecnológicos están provocando un cambio en la geopolítica de la región. En este nuevo decorado, los países ribereños podrán reclamar sus derechos sobre la plataforma continental residual que está más allá de su jurisdicción”, añade Remiro.

Desde Greenpeace España, su responsable contra el cambio climático, Raquel Montón, denuncia que se aproveche el deshielo de la región -que se está produciendo tres veces más rápido de lo previsto- para conseguir más combustibles fósiles y seguir destruyendo el planeta. “El Ártico, un ecosistema frágil y vital para la salud de la Tierra, debería ser inexpugnable. Pero la legislación es muy laxa al tratarse de un océano helado”, se lamenta.

El Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA) subrayó la necesidad de fortalecer la gobernanza y la gestión para evitar que la demanda de recursos naturales dañe el frágil ecosistema del Ártico.

En su informe anual sobre el medio ambiente, el PNUMA indicó que la desaparición del hielo ártico facilita el acceso a los recursos naturales como el gas y el petróleo, lo cual provoca el aumento de la actividad humana.

En 2012, la capa de hielo ártico alcanzó un mínimo de casi tres millones y medio de kilómetros cuadrados, la mitad del promedio registrado en las décadas de los años 80 y 90.

Por su parte, el director del PNUMA, Achim Steiner, advirtió que el derretimiento del hielo ártico está causando una demanda de los propios combustibles fósiles que fueron los primeros responsables del deshielo.

Agregó que el retroceso del hielo también provoca que la ruta marina septentrional y el pasaje del noroeste se abran a la navegación en ciertas épocas del año, lo que aumentaría el impacto medioambiental.

¿Será el Ártico el escenario de una nueva “Fiebre del oro” del S.XXI?

 

 

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Una nueva guerra fría se cierne sobre el Ártico

Autor:

Fuente: El País, 5/04/2015.

Desde 2008, las compañías Rosneft y Gazprom, controladas por el Estado ruso, tienen el monopolio de la explotación de hidrocarburos en el Ártico y son socios obligados para todo proyecto en la zona. El 9 de agosto de 2014, Igor Sechin, jefe de la petrolera rusa Rosneft, y Glenn Waller, director de la norteamericana ExxonMobil en Rusia, eran optimistas sobre los planes comunes que forjaron en 2011. Aquel día, en el mar de Kara, Sechin y Waller inauguraban la perforación petrolera submarina más septentrional de Rusia. Desde Sochi, en el mar Negro, el presidente Vladímir Putin dio la señal de inicio y elogió la cooperación internacional como motor del “éxito comercial”. Se trataba del “acontecimiento más importante del año para la industria del petróleo y el gas”, en palabras de Sechin, y el pozo recién perforado se bautizó con el nombre de Pobeda (victoria) por ser una “victoria común” de Rusia con un grupo de “amigos y socios” internacionales. Pobeda dio su primer crudo, pero a fines de septiembre, debido a las sanciones norteamericanas, ExxonMobil tuvo que sellar el pozo y abandonar sus proyectos en Rusia.

Rosneft se propuso seguir sola, pero las sanciones occidentales obstaculizan los proyectos rusos en el Ártico, al restringir la venta de tecnología para la perforación submarina y limitar el acceso al capital. Los políticos y analistas rusos están divididos entre quienes creen que hay que forzar la explotación del Ártico para cuando los precios del petróleo suban, y los que recomiendan concentrarse en Siberia Occidental, donde existe ya infraestructura de explotación y transporte.

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La geopolítica de la región

  • La geografía: El área delimitada por el Círculo polar Ártico —el paralelo de latitud 66º 33′ 46— no tiene una extensión definida al no tratarse de un continente propiamente dicho. Forman parte de ella las extremas regiones septentrionales de Europa, Asia y América del Norte. La capa de hielo que cubre el océano Ártico alcanzó los 14,54 millones de kilómetros cuadrados, su máxima amplitud en 2015, el pasado 25 de febrero. Se trata de la menor extensión desde que se monitorea ese dato.
  • Reservas energéticas: El US Geological Survey calcula que el Ártico alberga un cuarto de las reservas de petróleo y gas mundiales aún sin descubrir.
  • Consejo Ártico: El organismo que coordina las políticas regionales fue fundado en 1996 por los ocho países árticos: Noruega, Suecia, Finlandia, Rusia, EE UU (Alaska), Canadá, Dinamarca (Groenlandia) e Islandia. De él forman parte también seis países miembros observadores —como China— y seis países observadores, que incluyen también a España.
  • Regulación: La Organización de las Naciones Unidas (ONU) creó un marco normativo en 1982 y estableció que los países ribereños tienen derechos económicos sobre 200 millas náuticas (370 kilómetros) a partir de sus costas.
  • Población: Los habitantes del Ártico ascienden a cerca de cuatro millones. Un 10% de ellos son indígenas que viven en la región desde hace milenios. Su economía se basa principalmente en antiguas técnicas de caza y pesca. A este grupo se han ido uniendo en tiempos más recientes migrantes procedentes de otras regiones.

 

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