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Bielorrusia: veinte años de dictadura en Europa.

Fuente: elordenmundial.com

Autor:  · 6 SEP, 2014

La bautizada por occidente como ‘última dictadura de Europa’ dura ya veinte años. El pasado 20 de julio se cumplieron dos décadas desde que Alexandr Lukashenko, todavía en el poder, fuera proclamado Presidente de la República de Bielorrusia. Se trataba del primer presidente electo de una república que nació tres años antes, en 1991, resultado de la desmembración de la Unión Soviética. La cuestión de cómo se ha podido mantener un régimen de tales características en Europa, y en pleno siglo XXI, responde a una concatenación de factores interdependientes que han servido para perpetuar una dictadura y un dictador que va camino de revalidar su mandato en los comicios presidenciales de 2015, ante la falta de elecciones libres. Con el objetivo de entender mejor esta situación anómala en el Viejo Continente, en este artículo nos hemos propuesto dar las principales claves de la perduración del extraordinariamente longevo régimen bielorruso.

El presidente

Llegó al poder de forma inesperada y bajo la etiqueta de haberse criado en el seno de una familia campesina del este. Alexandr Lukashenko, entonces conocido por su defensa contra la corrupción, tenía 39 años cuando arrasó con un 80% de los votos en la segunda vuelta de las consideradas últimas elecciones democráticas de Bielorrusia. Una vez en la presidencia, el astuto líder bielorruso iba a consolidar su autoridad mediante dos referéndums que supondrían sendos golpes para las aspiraciones democráticas de la joven república bielorrusa. En el primero de ellos, celebrado en 1995, se elevó al ruso como lengua cooficial junto con el bielorruso, se instauró la antigua bandera de la era soviética, se aprobó un programa de integración económica con Rusia y, sobre todo, el líder consiguió el derecho de disolución del Parlamento. Era la carta de presentación de un Lukashenko que, a finales de 1996, mediante un segundo referéndum, iba a conseguir la aprobación de una serie de enmiendas a la Constitución de 1994 que reforzarían aún más los poderes presidenciales. En concreto, la reforma de la Constitución amplió la capacidad de nominación por parte del Presidente, al que se le permitiría designar y cesar a jueces a su antojo, decidir la composición de la Comisión Electoral, nombrar a dirigentes regionales o dictar decretos con fuerza de ley. Además, podía designar al Primer Ministro y a su gabinete y a parte del Consejo de la República, que junto con el Consejo de Representantes forman las dos cámaras legislativas. Con estas prerrogativas, el Presidente lograba suprimir la clásica separación de poderes al estilo occidental.

Captura de pantalla 2014-09-01 a la(s) 12.00.11Muchos son los que intentan encasillarlo en alguna ideología concreta. La mayoría suele coincidir en que su ideología se basa en la nostalgia del régimen soviético, lo que recuerda su pasado como antiguo dirigente agrícola en la URSS. Lo cierto es que el ‘Batka’ (padrecito), como es apodado Lukashenko, ha aprendido a ser flexible en su ideología y lo que verdaderamente caracteriza su mandato es el pragmatismo, característica propia, dicho sea de paso, de otros dictadores a lo largo de la historia. Debemos reconocer que se trata de una figura política con carisma y con extraordinaria capacidad para defender cada pulgada de su poder político. Se maneja como pez en el agua en los medios de comunicación, en los que suele aparecer con mucha frecuencia, y suele insistir en sus discursos en todas las virtudes de las que ha dotado a su patria bielorrusa. En concreto, se regodea con frecuencia de que gracias a su labor Bielorrusia es de los bielorrusos, en detrimento de las compañías extranjeras usurpadoras que, según él, vienen a “partir Bielorrusia”. De este modo, considera cualquier interferencia en los asuntos internos una amenaza externa. Desde hace unos años, el Presidente va acompañado en cada actividad pública de su hijo menor Kolya, de diez años, alimentando los rumores de que su intención es cederle el poder cuando el menor esté preparado, algo que él niega rotundamente.

Desacredita sin escrúpulos a los opositores públicamente, a los que acusa de intentar agitar al pueblo y desestabilizar el país, al tiempo que niega cualquier tipo de persecución contra ellos: “no hemos encarcelado a nadie a pesar de incitar a la revuelta”. Bien es verdad que no tiene reparos en reconocer que es una figura autoritaria, para la que el orden es una virtud esencial de cualquier régimen. Acusa a Estados Unidos y a Europa de lanzar una campaña de desprestigio hacia su persona con el objetivo de presionar para que abra la economía de su país a los mercados internacionales, algo que a él no parece incomodarle, y de hecho, siempre sonríe irónicamente cuando le recuerdan su apodo de ‘último dictador de Europa’.

INTERESANTE: Entrevista de RT a A. Lukashenko (doblada en español)

La represión

Es difícil imaginar que un régimen como el de Lukashenko haya podido subsistir sin un fuerte aparato represivo. El presidente bielorruso se ha asegurado la longevidad de su mandato mediante el control de las élites del estado, la supresión del activismo y la opresión de la oposición. La estrategia de Lukashenko, evidente con el paso del tiempo, ha resultado en el logro de una red de lealtades sobre la que se erigen los pilares de la estabilidad y el orden de un régimen aparentemente infranqueable.

En primer lugar, el apoyo incondicional de las élites queda prácticamente garantizado con los siloviki, personas de confianza del Presidente a las que éste otorga un puesto de privilegio en diferentes organismos clave del estado, como la policía, el ejército, la comisión electoral, el ministerio del interior o la KGB (la agencia de seguridad e inteligencia bielorrusa, que heredó el nombre de la antigua agencia soviética).

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